PRESENCIAS
DOMINICANAS EN CANTABRIA
Convento
de Nuestra Señora de las Caldas de Besaya:
En la jurisdicción del pueblo de
Barros, hoy Barrio de los Corrales de Buelna se encuentra esta montaña que
alberga en su loma el Santuario y Convento de la Virgen de las Caldas,
anteriormente había, abajo, junto al río, donde sale el manantial de agua
caliente (por eso el nombre de Caldas) una ermita pequeña, que desde finales
del s. XIII o principios del XIV guardó la imagen que hoy se conserva, gracias
a la Divina Providencia, pues este Santuario, como tantos otros corrió graves
peligros e incertidumbres al transcurso de los tiempos como pudo ser la
Desamortización de Mendizabal, la toma del lugar por los franceses, el desalojo
del estudiantado de niños apostólicos y matanza de los 9 frailes que habitaban
el recinto en el 36 del s. XX, y por último, y no menos doloroso, a cruel falta
de vocaciones que va obligando poco a poco a cerrar conventos y monasterios de
todas las órdenes religiosas, amenazando con la desaparición de algunas de
ellas, caso no visto anteriormente, a pesar de las dificultades de los tiempos
pasados.
Esa primera ermita donde se
encontraba humildemente la imagen de la Virgen, era custodiada por fervientes
hijos de esta tierra, de estos pueblos, que situada en la Calzada que abría
entre montañas Castilla al mar, muy difícil de transitar, formada por distintas
hoces que da forma el caprichoso transcurrir del Río Besaya hasta su
desembocadura.
Este estilo de imagenería, de
poca altura y además sentadas para facilitar más esa altura, en muchos casos
proceden de imágenes que acompañaban a los ejércitos cristianos que luchaban
principalmente contra los musulmanes. Estos ejércitos solían disponer de una
carreta, con lo necesario para que desde ella el capellán celebrara la Misa,
por su estructura esas imágenes de la Virgen y Cristo solían ser de tamaño
apropiado a la carreta, que al retirar un lateral del toldo quedaba visible el
altar para la celebración.
Coando corrían el riesgo de
perder la batalla, las carretas se retiraban, y en cualquier lugar escondido
depositaban las imágenes para ser salvadas del exterminio. Por esta razón,
aparecieron posteriormente muchas imágenes, algunas de forma tenida como
milagrosa, en rincones poco frecuentados o en cuevas y otros escondites.
Ante la falta de atención
religiosa de esta comarca, los vecinos pidieron a los Dominicos de Santillana
del Mar que se hicieran cargo de la ermita de las Caldas, además de encargarse
de la predicación en la comarca vecina para afianzar la fe de los lugareños.
Estos vinieron y junto a la capilla levantaron una sencilla casa de dos plantas
y formaron una pequeña Comunidad, pero por la cercanía del Río, las
inundaciones dificultaban la presencia de los dominicos en ese lugar.
A fines del s. XVII Dos
personajes hicieron posible lo imposible, cortar la montaña y en su ladera construir
un hermoso Santuario para la Virgen y un majestuoso convento para los frailes
predicadores, estos personales fueron: viniendo del Convento de San Gregorio de
Valladolid el P. Fr. Juan Malfáz, y de estas tierras la Señora Dña. María Ana
Velarde de la Sierra, en aquel tiempo Terciaria de la Orden de Predicadores
junto a sus dos hijas. Artífices de la construcción y que están enterrados en
el Santuario, presidiendo este sepulcro en la actualidad dos imágenes: Nuestra
Señora del Rosario y Nuestro Padre Santo Domingo, obra del escultor madrileño
D. Ramón Lapayese de mediados del s. XX (concretamente en el año 1961).
Imagen de la Virgen
de las Caldas: Preciosa imagen, una maravilla que además de lucir esplendorosa
en su Santuario, en el mes de mayo, el 21, el año 1966 se inauguró el Camarín, construido
en la parte de atrás del altar mayor, que desde entonces ha albergado múltiples
celebraciones íntimas de gran devoción.
Fuente del patio del Convento de las Caldas,
con el escudo que representa a los 9 mártires del 36 y que lleva su nombre.
Junto a la M que significa la Virgen María, la Estrella de arriba a Santo
Domingo hay 9 nuevas estrellas, representando cada una de ellas a los nueve
frailes de este Convento martirizados en el 1936.
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