CAMINO DE
EMAUS:
Hoy, el Evangelio nos narra, con todo detalle lo que
aconteció en el camino hacia Emaús. Ahí se nos manifiesta en estos dos jóvenes
las frustraciones de muchísimos judíos. No pasó lo que esperaban, no resultó
ser aquello que ellos tanto anhelaban, todo terminó, para ellos, en una CRUZ.
Avergonzados, escandalizados, tristes, derrotados regresan a su casa. Todo ha
fracasado, la muerte ha sido el fin de la aventura.
Pero esos corazones tenían algo, ese algo tenemos que
identificarlo nosotros, ese “algo” para mí no necesariamente tiene que ser el “algo”
tuyo, es necesario pensar, meditar, caminar a la escucha para saber.
Desde luego que para El Resucitado ese algo merecía la pena
pues decide caminar con ellos y en su corazón quiere quedarse con ellos, quiere
estar con ellos, aunque manifieste la idea de seguir hacia adelante en su
caminar. También ellos quieren permanecer con él amigo desconocido, que ha
logrado despertar en su corazón amores viejos, recuerdos de antaño, esperanzas
perdidas. Les ha obligado, desde la sencillez de sus palabras a recordar las
Escrituras y desde esa luz comprender a los Profetas de la Antigua Alianza que
su misión no era otra que dejar un pueblo preparado para el Mesías que habría
de redimir a la humanidad.
Entonces como ahora la clave del reconocimiento está en el
repartir el PAN. La COMUNION, la fracción del Pan, el darse a nosotros, su
permanencia, para siempre, en el Sacramento del amor, la unidad, la vida del
creyente, del que aguarda, espera la promesa eterna del Padre generoso que no
vacila en entregar a su propio Hijo para ser sacrificado como el Cordero Inocente
que quita, más que quitar, arranca, de cuajo, el pecado del mundo.
Así como tenemos que buscar, hacia adentro, que queda en
nosotros de ese “algo” que está en los corazones de los dos jóvenes de Emaús,
también tenemos que buscar en nosotros que produce en nuestro encuentro regular
con la comunión del Cuerpo y Sangre del Señor, pues creo que ahí radica nuestra
valía como auténticos cristianos.
Estos dos jóvenes, cuando reconocen que el hombre misterioso
que hacía arder sus corazones con el recorrido de las Sagradas Escrituras en
todo lo que se refería a Jesús, deciden, aunque ya están en casa, regresar a la
COMUNIDAD. Esta Comunidad no está en Emaús, está junto a los Apóstoles, y ahí
deciden ir, a contar su experiencia, a vivir la experiencia de ellos, a
compartir sus gozos, sus alegrías, a quitar miedos y deshacer encierros, se han
liberado, desde la Cruz estuvieron encerrados “con las puertas cerradas, por
miedo a los judíos” nos dice el Evangelio del domingo pasado, ya no más miedos,
ya no más encierros, ya no más esconderse, lo que ellos habían interpretado
como un final, un fracaso, una sensación de vacío se ha llenado de luz, de
esperanza, de fuerza viva, de palabras dichas y que ahora son recordadas,
revividas, reinterpretadas, PALABRAS para ser repetidas a los cuatro vientos,
PALABRAS que no pueden quedar ocultas, PALABRAS que a pesar de haber transcurrido
tantos siglos siguen vigentes, vivas, actuales para nosotros en nuestro siglo
XXI.
Los dos jóvenes de Emaús nos están apremiando, a nosotros, a
nuestra Iglesia, a los Pastores, al Rebaño para ser más fieles en la misión de
la ESCUCHA de la Palabra, tan necesaria en estos tiempos donde la escucha no es
para muchos nada más que las tonterías que se dicen en muchas de las redes
sociales, sin fundamento, sin profundidad, sin comprobar y ahora más, que con
la IA se puede hacer pasar lo falso por lo verdadero con tanta facilidad.
Pero profundizar también en el SEGUIMIENTO del MAESTRO que
sigue iluminándonos a través del Evangelio y a través de la Iglesia. Las palabras
del Papa son alentadoras, sin buscar protagonismo, sin entrar en polémica, simplemente
señalando la actitud que tenemos que tomar para vivir con el Resucitado, viéndonos
envueltos en una vida activa, caminando con tantos hombres y mujeres, que por
las distintas situaciones nefastas de nuestra historia, regresan desalentados y
sin fuerzas a su yo creyéndose que todo se ha terminado, a ellos, con ellos
tiene que dirigirse nuestro camino para ser otros CRISTOS capaces de alentar
corazones, iluminar con sus palabras, acreditar éstas con nuestros gestos
capaces de ser comprendidos y leídos por la gente de nuestros días, como gestos
eternos de salvación, predicados de palabra y de obra por Jesús en su tiempo de
Anuncio del Reino.
Felices días de la PASCUA.