domingo, 19 de abril de 2026

 

CAMINO DE EMAUS:

Emaús - Parroquia Nuestra Señora del Buen Suceso

Hoy, el Evangelio nos narra, con todo detalle lo que aconteció en el camino hacia Emaús. Ahí se nos manifiesta en estos dos jóvenes las frustraciones de muchísimos judíos. No pasó lo que esperaban, no resultó ser aquello que ellos tanto anhelaban, todo terminó, para ellos, en una CRUZ. Avergonzados, escandalizados, tristes, derrotados regresan a su casa. Todo ha fracasado, la muerte ha sido el fin de la aventura.

Pero esos corazones tenían algo, ese algo tenemos que identificarlo nosotros, ese “algo” para mí no necesariamente tiene que ser el “algo” tuyo, es necesario pensar, meditar, caminar a la escucha para saber.

Desde luego que para El Resucitado ese algo merecía la pena pues decide caminar con ellos y en su corazón quiere quedarse con ellos, quiere estar con ellos, aunque manifieste la idea de seguir hacia adelante en su caminar. También ellos quieren permanecer con él amigo desconocido, que ha logrado despertar en su corazón amores viejos, recuerdos de antaño, esperanzas perdidas. Les ha obligado, desde la sencillez de sus palabras a recordar las Escrituras y desde esa luz comprender a los Profetas de la Antigua Alianza que su misión no era otra que dejar un pueblo preparado para el Mesías que habría de redimir a la humanidad.

Entonces como ahora la clave del reconocimiento está en el repartir el PAN. La COMUNION, la fracción del Pan, el darse a nosotros, su permanencia, para siempre, en el Sacramento del amor, la unidad, la vida del creyente, del que aguarda, espera la promesa eterna del Padre generoso que no vacila en entregar a su propio Hijo para ser sacrificado como el Cordero Inocente que quita, más que quitar, arranca, de cuajo, el pecado del mundo.

Así como tenemos que buscar, hacia adentro, que queda en nosotros de ese “algo” que está en los corazones de los dos jóvenes de Emaús, también tenemos que buscar en nosotros que produce en nuestro encuentro regular con la comunión del Cuerpo y Sangre del Señor, pues creo que ahí radica nuestra valía como auténticos cristianos.

Estos dos jóvenes, cuando reconocen que el hombre misterioso que hacía arder sus corazones con el recorrido de las Sagradas Escrituras en todo lo que se refería a Jesús, deciden, aunque ya están en casa, regresar a la COMUNIDAD. Esta Comunidad no está en Emaús, está junto a los Apóstoles, y ahí deciden ir, a contar su experiencia, a vivir la experiencia de ellos, a compartir sus gozos, sus alegrías, a quitar miedos y deshacer encierros, se han liberado, desde la Cruz estuvieron encerrados “con las puertas cerradas, por miedo a los judíos” nos dice el Evangelio del domingo pasado, ya no más miedos, ya no más encierros, ya no más esconderse, lo que ellos habían interpretado como un final, un fracaso, una sensación de vacío se ha llenado de luz, de esperanza, de fuerza viva, de palabras dichas y que ahora son recordadas, revividas, reinterpretadas, PALABRAS para ser repetidas a los cuatro vientos, PALABRAS que no pueden quedar ocultas, PALABRAS que a pesar de haber transcurrido tantos siglos siguen vigentes, vivas, actuales para nosotros en nuestro siglo XXI.

Los dos jóvenes de Emaús nos están apremiando, a nosotros, a nuestra Iglesia, a los Pastores, al Rebaño para ser más fieles en la misión de la ESCUCHA de la Palabra, tan necesaria en estos tiempos donde la escucha no es para muchos nada más que las tonterías que se dicen en muchas de las redes sociales, sin fundamento, sin profundidad, sin comprobar y ahora más, que con la IA se puede hacer pasar lo falso por lo verdadero con tanta facilidad.

Pero profundizar también en el SEGUIMIENTO del MAESTRO que sigue iluminándonos a través del Evangelio y a través de la Iglesia. Las palabras del Papa son alentadoras, sin buscar protagonismo, sin entrar en polémica, simplemente señalando la actitud que tenemos que tomar para vivir con el Resucitado, viéndonos envueltos en una vida activa, caminando con tantos hombres y mujeres, que por las distintas situaciones nefastas de nuestra historia, regresan desalentados y sin fuerzas a su yo creyéndose que todo se ha terminado, a ellos, con ellos tiene que dirigirse nuestro camino para ser otros CRISTOS capaces de alentar corazones, iluminar con sus palabras, acreditar éstas con nuestros gestos capaces de ser comprendidos y leídos por la gente de nuestros días, como gestos eternos de salvación, predicados de palabra y de obra por Jesús en su tiempo de Anuncio del Reino.

Felices días de la PASCUA.

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