viernes, 1 de junio de 2018

DOMINGO DEL CORPUES CHRISTI.


MI CUERPO QUE LO ENTREGO POR VOSOTROS. MI SANGRE QUE ES DERRAMADA PARA VUESTRA SALVACIÓN. OH SAGRADO BANQUETE QUE NOS DEJASTE COMO MEMORIAL DE TU PASIÓN Y REGALO DE AMOR.



Con razón hoy estamos llamados al amor fraterno, al amor de los más necesitados, a la generosidad sin mezquindad, pues celebramos el amor de un Cristo que se da en totalidad para nuestra felicidad con la ardiente esperanza que cada uno de nosotros seamos capaces de hacer lo mismo. Ya no es que nos urja a dar, a ser generosos, nos urge a darnos en totalidad, con la misma intensidad y fuerza con la que él se dio por cada uno de nosotros. Nos damos no para ser mejores cristianos, o más auténticos, nos tenemos que dar para ser otros cristos en este tiempo presente, tan carente de valores y de una entrega generosa, es un tiempo apático, carente de generosidad, no hay vocaciones ni al servicio de Dios ni al de la Patria ni siquiera al servicio de los necesitados. Todo es sequía, pasotismo, egoísmo, olvido y abandono y el cristiano tiene que decir ¡basta!, ¡aquí estoy yo, Señor, para hacer tu voluntad!.

En la antigüedad era la Sandra de los machos cabríos y las cenizas de los sacrificios de animales quienes tenían el poder de consagrar a los hombres, devolviéndoles la pureza externa, nos dice la segunda lectura de la carta a los Hebreos, cuanto más Cristo que se entregó por nosotros a la Cruz podrá purificarnos y llevarnos a un culto del Dios vivo. La celebración de la Santa Misa, del Sacrificio de Cristo, el recibir su Sacratísimo Cuerpo y Sangre, nos tiene que transformar, hacer nuevos cada día, ayudarnos a perseverar en la VERDAD del Evangelio de Jesús, y en estos tiempos complicados, a TESTIMONIAR, esto solamente es válido si es desde el amor ya que Dios es amor y todo lo que sea esforzarnos en amar sinceramente será asemejarnos más a un Dios que nos ama por encima de todo y ha puesto su confianza en nosotros.

Que este Cristo que se nos da: -Tomad, esto es mi cuerpo. –Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Sea para nosotros motivo suficiente para adherirnos a esta Alianza Sacramental que nos ofrece y nos proporcionará la salvación eterna. Ya que nos ha dicho: “El que no coma mi cuerpo y beba mi sangre no tiene parte conmigo”. Gracias Señor por mostrarte tan cercano a nosotros que te haces presente en algo tan común y cotidiano como puede ser el pan y el vino, milagro de amor que por ser tan generosamente inmenso en ocasiones pasamos de largo ante él y no apreciamos en totalidad lo mucho que para nosotros tiene que significar.

Hay personas que escuchan noticias de un “milagro” o de una “aparición” y marchan raudos a presenciar el acontecimiento, y resulta que en la Misa tenemos todos los días el milagro de los milagros y no corremos para participar y presenciar con profundo fervor y devoción acontecimiento tan grandioso. Que no malogremos nuestra vida en cosas sin importancia y dejemos a un lado lo que verdaderamente tiene que tener mayor significado para nosotros. Que con nuestras obras de amor y generosidad nuestra vida entera cante al amor de los amores, cante al Señor de la Eucaristía.

Feliz domingo del Corpus.

viernes, 18 de mayo de 2018

Domingo de Pentecostés. Ciclo B.



“VEN ESPÍRITU DIVINO, MANDA TU LUZ DESDE EL CIELO”

La Palabra proclamada en la primera lectura nos habla de hechos y de actitudes, un hecho concreto es que la COMUNIDAD que aguardaba al Señor estaba reunida en ORACIÓN,  era una comunidad quizás si  muy acobardada, pero confiaba en Jesús, oraba, se arropaban los unos a los otros, se confortaban mutuamente, se daban amor y esperanza.

En nuestro mundo globalizado tendemos a dispersarnos, a centrarnos en nosotros mismos, a pasar de los demás. Hoy la gente joven camina por las calles y está en medio de amigos con sus auriculares colocados en las orejas en actitud de pasar de todo y de todos lo que me rodea y  centrarme en lo que me apetece y gusta. No hay especio para la ESCUCHA, no se escucha al amigo que tienes al lado ¿cómo van a escuchar a Dios?, ¿cómo van a aguardar su propio PENTECOSTÉS?, ESA ES PUES LA ACTITUD, la urgente necesidad que tenemos de ESCUCHA, de escucharnos y de escuchar a Dios que se comunica con nosotros desde el SILENCIO.

La segunda lectura nos anima a confiar más en Dios quien está constantemente animándonos en nuestra vida cristiana, todas nuestras buenas acciones vienen de él. Él obra en todo y en todos, obra en nosotros, en nuestro corazón y todo lo bueno que realizamos es bajo la acción constante del ESPÍRITU SANTO.

Es bueno leer y meditar la Secuencia, en ella descubrimos la necesidad que tenemos de ese fuego divino que infunda su calor el nuestros corazones helados por las frías corrientes de nuestro mundo egoísta y duro, donde ante el dolor, el hambre, las guerras y tantos males naturales miramos para otro lado para no complicarnos o seguir con nuestra conciencia vacía.

El Evangelio nos invita, en palabras de Jesús, a estar llenos del Espíritu Santo para que seamos capaces de TESTIFICAR, nos urge a dar testimonio, para que seamos una comunidad cristiana creíble, ya que por nuestras acciones seremos juzgados, y según lo dicho anteriormente uno de nuestros pecados más comunes es el pasotismo, pues la persona pasota no se complica la vida simplemente porque no se implica, no se involucra en el dolor del mundo, en la agonía de una sociedad que se deja arrastrar por la incredulidad y el fanatismo.

Que hagamos espacios en nuestro corazón para que entre en nosotros la “fuerza” de Dios y podamos caminar seguros hacia la verdad plena que de Él y sólo de Él procede.

viernes, 11 de mayo de 2018

DOMINGO DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR A LOS CIELOS VII DOMINGO DE PASCUA




El Señor anima y conforta a sus seguidores antes de subir al Padre.

“Galileos, ¿Qué hacéis ahí mirando al cielo?, es la pregunta que hacen a los discípulos dos hombres vestidos de blanco, dos ángeles de Dios; y es la pregunta que nos siguen haciendo a cada uno de nosotros ya que la cuestión es para donde miramos nosotros. Si miramos al cielo por estar aguardando ese retorno anunciado o miramos para otra parte por haber perdido la fe, la esperanza en el encuentro, la esperanza en la Palabra proclamada.

Nuestro tiempo sin duda alguna es un tiempo de mucha incredulidad, de muchas dudas y muchos interrogantes, yo creo que las dudas y los interrogantes sobre la fe nos pueden ayudar a buscar con más acierto, pero esta incredulidad está haciendo de nuestra sociedad una sociedad vacía, sin metas, sin ilusiones, sin esperanzas. Antes la perspectiva del encuentro con el Resucitado, de su venida como Señor de todo y de todos daba seguridad, aplomo, confianza, pero este vivir sin esperanza, sin valores, sin ilusión ya que la idea del cielo se pierde para muchos en un malvivir, una especie de agujero negro que se traga las conciencias y el hombre pierde todo, pierde hasta su propia humanidad y se animaliza, por eso crecen las guerras, el terrorismo, la violencia de género, la violencia entre compañeros en las aulas que  tenía que ser el sitio de formación, de adquirir valores, de llenarse de ilusiones como cuando lees un libro que te apasiona y que deja de ser “algo” ajeno pues te atrae tanto que te involucras en la historia, formas parte de ella; pues eso pasa, al perder la fe dejas de involucrarte en las cosas de Dios y en la misma creación que todos por la fe estamos llamados a perfeccionar y mejorar, pero que al contrario nuestra sociedad va deteriorando y arruinando cada día más y más.

Por esto San Pablo insiste en desearnos a todos nosotros que Dios nos de espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo y vivir en amor y esperanza y capacidad para valorar el don de la FE, que no es cualquier DON, sin FE todos los demás dones se caen de nuestras manos. Con la fe comienza nuestra aventura de creyentes. Aventura que no termina en una tumba, lleva a una eternidad feliz en el cielo.

En el Evangelio escuchamos las palabras de despedida del Señor dirigidas a sus discípulos. Son palabras para nosotros también, es su voluntad pero también es su mandato, no nos quiere pasivos en la vida, quiere discípulos activos que salgan a anunciar el evangelio, pero lo más importante quiere gente que sea capaz de salir de sí misma, esto es de nuestras comodidades, de nuestro yo, de nuestras cosas para llegar al otro, a aquel que nos necesita, o al que está deseando escuchar una buena noticia en medio de tanta desolación.

La ilusión para nosotros es el saber que antes de esta PARTIDA DEL SEÑOR él todo lo puso en manos de la IGLESIA y ahí entramos todos, todos formamos parte de ella, al menos todos tenemos la posibilidad de formar parte de ella, por eso ojo con no ser como algunos que dicen ser cristianos pero no creer o participar de la vida de la Iglesia. Cristo es la cabeza y la Iglesia su cuerpo, un cuerpo sin cabeza no es nada, una cabeza sin cuerpo tampoco. Cristo nos quiere, nos ama y nos necesita para prolongar su amor en el tiempo presente y nosotros le amamos y le necesitamos para recibir de él la acción constante del Espíritu Santo para cumplir con nuestra misión en este tiempo concreto que nos ha tocado vivir.

Feliz Domingo de Resurrección.

sábado, 5 de mayo de 2018




DIA DE LA MADRE:

Comenzamos el mes de Mayo, mes de María, mes de las flores, la primavera que muestra ese esplendor que la naturaleza ha tenido escondido en los meses del otoño y del invierno.
Por eso los cristianos nos acordamos de manera especial de la MADRE del CIELO, y los ya entrados en años recordamos con añoranza los tiempos de la infancia en que salíamos al campo para coger plores para ir luego y colocarlas a los pies de alguna imagen de la Madre cantando aquello de “Venid y vamos todos, con flores a porfía, con flores a María que Madre nuestra es”.
Natural pues que acordándonos de la Madre del Cielo volvamos nuestra mirada a la MADRE de la tierra, a nuestras madres, y con corazón agradecido por sus sacrificios y desvelos sepamos dar esa muestra de amor que llene sus corazones de ternura.
Desgraciadamente no todos los hijos llegan hoy al corazón de sus madres pues por algo inexplicable algunas madres no supieron llegar a los corazones de los hijos. Las madres que los maltrataron, las madres que los abandonaron, las madres que se metieron en el mundo de la droga y opacó todo su ser en la oscuridad y desgracia rompiendo la familia, pues aunque nuestro mundo por desgracia es demasiado “machista”, la realidad es que nuestra sociedad es profundamente matriarcal, ya que la madre es por naturaleza ese centro que lo llena todo, y como prueba de ellos es que muchas son madre y padre para muchos hogares en esta sociedad que nos ha tocado vivir.
También es día muy triste para aquellos hijos que ya no tienen a sus madres entre ellos, que aguardan con esperanza esté en el cielo junto a María y que algún día todos reunidos en una felicidad que no sea troncada por nada ni por nadie gocen en esas verdes praderas del cielo.
Madres: no hay palabras para deciros gracias, pues no hay palabras que describan el amor de una madre, pero que un gesto, una sonrisa, algo, muestre lo que la voz no puede decir y no se quede ese agradecimiento para un día al año, que el gozo de muchas madres sería más que un regalito en este día, la visita de los hijos y nietos más a menudo a lo largo del año o simplemente salir de la soledad en la que muchos hijos tienen encerrados a sus padres.
Por último gracias a tantas madres que no lo han sido fisiológicamente pero que han sabido SER MADRES para muchos, como las religiosas, las monjas y aquellas que se han dedicado de lleno a cuidar de niños y lo han sabido hacer dando a cada uno de ellos lo mejor de su corazón.
¡Muchas felicidades MADRES!

jueves, 15 de marzo de 2018

DOMINGO V DEL TIEMPO DE CUARESMA DEL CICLO B.




QUERER VER A JESÚS: ESA ES NUESTRA ILUSIÓN, NUESTRA LUCHA Y NUESTRA META”

En a primera lectura Jeremías hace un anuncio que sobre para todo límite de tiempo, una nueva “ALIANZA” entre Dios y los Hombres que va más allá de un tiempo concreto, de un pueblo concreto, más allá incluso de una religión.
Y es que las alianzas que ha hecho el Señor con el Hombre no tienen una fecha como límite, ni siquiera un final ya marcado, pues estamos hablando de Alianzas sumamente frágiles, no por parte de Dios, que para Él sí es SI y no es NO, pero esto, por desgracia no pasa entre nosotros que en ocasiones aceptamos el Sí, otras veces nuestro sí es no y un término medio que no es ni ruptura ni aceptación del plan de dios para con nosotros. Somos así de ambiguos,  no lo podemos evitar, es como si estuviera en nuestro ADN, en nuestros genes. Por eso Dios con suma facilidad nos pone a nuestro alcance un nuevo plan, una alianza que va más allá de la del Sinaí, esta no está escrita en piedra, está escrita en el corazón de cada hombre y mujer que tienen buena voluntad y quieren encontrarse con Dios.

Lo importante es que tomemos bien en serio al Profeta y de verdad seamos, nos sintamos de verdad pueblo de Dios, y dejemos que Dios sea nuestro Dios y no andemos como pasmados buscando dioses falsos que llenen todos nuestros vacíos, que triste imagen a este respecto está ofreciendo nuestra pobre sociedad cuando se sale de sus cauces y se endiosa, o como ha sucedido recientemente, con algunas feministas, han querido ocupar el lugar de Dios, por eso sus lemas ofensivos contra Dios, la Virgen y la Iglesia, cuando hay muchos de esos lemas que manifestaron en sus proclamas que con toda seguridad la Iglesia podía haber firmado pues esa lucha de igualdad es más antigua que nuestra memoria y está plasmada en el Evangelio de Jesús y la Santa Escritura.

La breve Carta a los Hebreos nos muestra a Cristo doliente, Cristo sufriente, que acepta por encima de todo el plan de Dios para librarnos de la esclavitud del pecado, no se trata de un Cristo derrotado que ya no puede hacer otra cosa, se trata de un Cristo que con profundo dolor asume esa voluntad Suprema y la hace suya por puro amor, ahí, en este relato no hay otra cosa que dos grandes amores, el amor de Dios hacia su obra más querida, el Hombre y el amor del Hijo hacia su Padre y su plan de redención, es decir, su última alianza con el Hombre.

Por último, el evangelio de Juan no tiene desperdicio. Nos habla de esa “hora” que ya ha llegado, la hora de la glorificación no de él, al Padre. La glorificación de Jesús será en la Cruz, desde la Cruz no solamente es glorificado, nos llena, nos abarca a todos nosotros, nos glorifica con Él, nos redime y salva. La Cruz es el cumplimiento de la voluntad de Dios y la aceptación del Hijo obediente que acoge su plan y lo realiza para nuestra salvación.

“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto”.  Esta frase manifiesta esa verdad de Jesús, que ha de llegar hasta el sepulcro para que resurja la Gloria de Dios, ese proceso de muerte y vida está estrechamente marcado de toda nuestra existencia, desde nuestro bautismo, donde al ser sumergidos en el agua morimos al hombre viejo, pero resurgimos inmediatamente a ese hombre nuevo de la Nueva Alianza hecha por Jesús para nuestra salvación, pero también está en nosotros cada vez que pecamos y morimos a la gracia, pero al recibir el Sacramento de la Reconciliación salimos nuevos, renovados, revividos por Cristo Señor Nuestro. Y finalmente cuando nos llegue la hora y nuestro cuerpo se derrumbe, él que es la morada de nuestra alma, esta, adquirirá una morada nueva en el Cielo donde ya no experimentaremos ni el dolor, la pena, las lágrimas, nuestra vida será alegría y júbilo.
Hermanos, con este Domingo entramos ya en la Semana de Pasión, antesala de la gran Semana Santa, que paséis un feliz Domingo.

Granada, 16 de Marzo de 2018
Fr. Francisco E. García, O.P.

miércoles, 7 de marzo de 2018

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA DEL CICLO B.



“EL GRAN AMOR QUE DIOS NOS TIENE QUEDA MANIFESTADO EN EL AMOR DE JESÚS POR TODOS NOSOTROS”

La semana pasada no pude conectarme a internet por un fallo en la red, las cosas modernas nos juegan en ocasiones estas malas pasadas.

Vamos avanzando por el desierto de la CUARESMA  y vamos profundizado a la luz de la Palabra de Dios en nuestro pobre caminar esperanzados en que si estamos con Jesús, si nos unimos a su CRUZ REDENTORA encontrando fuerzas para sobrellevar la cruz nuestra de cada día nuestro destino no es otro que gozar de la Pascua del Señor.

No todas las cuaresmas han de ser iguales, cada uno de nosotros sufrimos grandes y en ocasiones graves cambios que nos obligan a hacer una meditación profunda y ver lo nuevo en nuestro presente y lo viejo en el pasado. Al igual que el pueblo judía que después de las experiencias amargas vividas en el destierro de Babilonia se ven forzados a hacer una NUEVA reflexión de su historia que les muestra lo amargo que es querer vivir la vida de espadas a Dios.

En la lectura del segundo libro de las Crónicas que leemos hoy vemos a que conduce la cerrazón del pueblo que quiere pasar de Dios para hacer su voluntad, a pesar del esfuerzo por parte de Dios en mandar mensajeros que  les advirtieran de que sin Dios no puede haber felicidad, esta existe cuando hay FIDELIDAD al plan de salvación, a la alianza entre Dios y el Hombre y el Hombre con Dios.

Como entonces en tiempo del Rey Ciro, ahora en nuestro tiempo, son muchos los que se entregan por completo al abandono de los mandatos de Dios y desprecian sus leyes, pero siempre hay un resto que permanece firme en la FE a nuestro PADRE del Cielo, no desaprovechemos las enseñanzas que esta Palabra nos da a cada uno de nosotros y acudamos alegres a la Casa del Señor para sellar nuestro pacto por Cristo nuestro Redentor en cada celebración del Sacrificio de la Eucaristía para que nuestra vida cristiana recobre cada día el sentido que ha de tener y nuestra fidelidad llegue a su plenitud sin que seamos arrastrados por la corriente del mundo que nos quiere llevar a un mundo sin Dios. También nosotros, como los judíos entonces tenemos que releer nuestra vida desde el plan de Dios que Cristo nos ha transmitido y nos ha dejado en la Iglesia. La vida de amor, entrega y generosidad que nos dan los Sacramentos.

Es el mensaje que nos da San Pablo en la carta a los Efesios. Todo lo hemos alcanzado por Cristo, su pasión y muerte nos llevan directos a resucitar con Él. “Así muestra en todos los tiempos la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús”.

La salvación que se nos da, es eso, se nos da, no es algo que nosotros nos ganamos, es un DON dado por Él, que está ahí, si vivimos con Él lo tenemos a nuestra entera disposición, si le rechazamos a Él, rechazamos su don, la salvación.

El Evangelio de San Juan nos habla del dialogo de Jesús con Nicodemo, donde retornando a los tiempos de Moisés, Jesús, nos dice que nuestra victoria, es decir, la salvación, está en que el Hijo sea elevado en lo alto de la Cruz y así atraerá para nosotros la curación de nuestras maldades y el perdón de todos nuestros pecados.

“El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”.

Avivemos nuestra fe en aquel que todo lo puede y que no hace más que darnos gracia tras gracia para que vivamos las realidades de nuestro tiempo, estamos en la tierra y nuestros píes han de estar bien asentados en ella, pero sin olvidarnos jamás de las realidades eternas. Lo de aquí es pasajero, lo importante la la eternidad junto a Dios en el cielo.

Queridos hermanos, que paséis un feliz cuarto domingo de cuaresma y avancéis por este desierto cuaresmal hacia la Pascua llena de luminosidad y esperanza para un día alcanzar la otra Pascua, el encuentro con el Señor en el cielo. Feliz Domingo.

viernes, 23 de febrero de 2018

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA DEL CICLO B



¿HAY AMOR MÁS GRANDE?

La liturgia de este domingo segundo de Cuaresma gira toda ella en torno a la experiencia de Dios. Cada domingo la Palabra nos cuestiona, nos hace pensar pues esta Palabra proclamada tiene un fin inmediato, alcanzar en cada uno de nosotros la conversión, el volver nuestro corazón a Dios que nos habla y interpela nuestras acciones para que estén dirigidas al amor a los hermanos, al amor a los más necesitados, los que sufren, esa era la vida cotidiana de Jesús, una entrega total y plena a socorrer, atender, sanar, dar vida. Entregarse a todos y por todos.

La razón de esta preocupación de Dios por nosotros es que nos conoce muy bien y tendemos a buscar lo confortable y cuando lo encontramos nos encanta instalarnos, no salir de ahí, es lo que les sucede a los tres discípulos en el Tabor, proponen a Jesús instalarse, quedarse, ¿para qué ir a otra parte con lo bien que se está en la montaña con Jesús en todo su esplendor y acompañados  de todo lo celeste y divino?.

Es esa lucha del hombre que vemos en la historia de Abrahán, el “salir” de su instalación, de lo suyo, de su casa, de su tierra para correr la aventura que le plantea Dios y cuando cree que todo lo ha alcanzado viene Dios y le pide una prueba, el sacrificio de su propio hijo.

Curiosamente se logran superar los grandes sacrificios cuando tenemos una preparación sólida y en este caso Abrahán la tenía. Ese ponerse en marcha y abandonarlo todo te da capacidades que luego puedes utilizar en los momentos de prueba, pero si no te has sacrificado primero, si no has experimentado el salir de ti mismo, de tu “ego”, el vaciarte para dejarte llenar de Dios, poco podrás hacer por los otros y más poco podrás hacer por ti mismo.

En la Carta de San Pablo a los Romanos nos da el Apóstol la clave, es Jesús, el que murió por nosotros, el que nos amó hasta derramar toda su sangre por nuestras miserias y pecados, el que nos justifica y nunca se cansa de perdonarnos, el que nos ha puesto los Sacramentos para que nuestras oportunidades no nos defrauden, él nos lo ha dado todo, se ha dado todo por nosotros.

Lo mismo que con la transfiguración Jesús quería preparar a los Apóstoles para el “escándalo” de la Cruz, para animarlos y confortarlos en las pruebas, ahora, con la Iglesia, con los Sacramentos el nos da esas oportunidades que nosotros necesitamos para no equivocar el camino que nos conduce a la Pascua, a nuestro encuentro con el Resucitado, pero tenemos que estar atentos a esas “señales” siempre el clave de amor para poder apreciarlas, pues de poco nos serviría llenar nuestros espacios de misas y sacramentos y dejar la caridad apartada de nosotros. Esta caridad que nos pide el Señor tiene que estar alimentada de generosidad, es el caso de Abrahán, si no hubiese tenido generosidad y confianza en Dios no habría visto cumplirse la promesa de Dios en su vida, él creyó, amó, aguardó y vio el plan de Dios para él y los suyos.

Que sepamos ser generosos y busquemos la soledad para orar y también nosotros salir de nosotros mismos transfigurados con el Señor y así poder con el peso de nuestras cruces y no sentirnos defraudados cuando vemos que la carga es pesada y experimentamos la poca fuerza que tenemos para cargar con ellas, si confiamos veremos que donde no lleguemos nosotros Él suple y colma nuestra necesidad.


Que paséis un feliz Domingo, día del Señor.