sábado, 9 de diciembre de 2017

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO DEL CICLO B.


LA ESPERANZA EN UNA VIDA MEJOR HA DE SER NUESTRO RETO.

El profeta Isaías nos anima a preparar caminos de amor y esperanza en medio de nuestro pueblo, caminos que posibiliten el encuentro de los hermanos, caminos de paz, de amor, caminos de esperanza. Esto lo lograremos estando a la escucha de Dios y anunciando como heraldos de Dios desde lo alto del monte que tenemos un Dios que viene a nosotros, que sale a nuestro encuentro, que se hace carne en medio de nuestro mundo. Un Dios que no se queda lejísimo allá en el cielo, un Dios que es cercano y viene a apacentar a su rebaño, él nos reúne con su mano, y con sus manos nos lleva al hombro cuando nuestras fuerzas nos fallen y cuidará de nosotros.

San Pedro en la segunda lectura nos habla del tiempo de Dios, un tiempo distinto al nuestro, para el Señor un día es como mil años y mil años como un día, lo que si es cierto que así como un día subió al cielo, un día vendrá con toda su gloria para juzgarnos y  darnos la recompensa merecida por nuestras buenas obras.

San Marcos en el Evangelio nos presenta a uno de los grandes protagonistas, junto a María, de este tiempo de Adviento, San Juan el Bautista, quien con su manera pobre de vivir, con su desprendimiento, su entrega constante va predicando un bautismo de conversión, pero a la vez indicando que detrás de él viene el Señor, el Mesías que bautizará con el fuego del Espíritu Santo.

Que profundicemos en el conocimiento que nos da la Palabra de Dios proclamada, y así como significamos con los cirios de la corona del adviento, esta semana dos encendidos, que la luz del Señor nos va iluminando, así nos dejemos convertir por la Palabra para que de verdad tengamos bien dispuesto en nuestro corazón un pesebre para el Señor que quiere nacer en cada uno de nosotros, en nuestros hogares, en nuestra Comunidad, en la Iglesia.

Que paséis un feliz Domingo día del Señor, lleno de paz de de bendicionos para todos vosotros.


Fr. Francisco E. García, O.P.

jueves, 7 de diciembre de 2017

8 DE DICIEMBRE: LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA.



TODO CAMBIÓ CON EL “SÍ” DE MARÍA.

En la primera lectura se nos presenta la historia de Adán y Eva, para anteponer a estos personajes que nos traen la ruina por el pecado los nombres de Jesús y de María que son los artífices de ese plan de salvación que Dios tiene para la humanidad.
El pecado acecha donde sobreabunda la gracia de Dios, por eso la serpiente acecha a la Virgen María y a su Hijo con intención de herirlos, pero el Dios del amor que vela por nuestra salvación sabe proteger a la Mujer, nueva Eva, que nos facilita con su sí la salvación que nos ofrece con cu entrega y sacrificio Jesús, el nuevo Adán, el hombre nuevo que en sí renovará a toda la humanidad caída y por los Sacramentos de la Iglesia nos hará nuevos a todos. Para llegar a la salvación tiene que morir en nosotros ese hombre viejo que procede de Adán y resurgir de las aguas del Bautismo el hombre nuevo que con y desde la Iglesia formemos parte de la humanidad redimida por el Señor.

Ya nos lo dice con perfecta claridad San Pablo en la carta a los Efesios: Hemos sido elegidos en la persona de Cristo, antes de la creación del mundo. Dese ese inicio de todo lo que existe Dios ya nos tenía pensados, estábamos en su plan, pensados para una vida plena, de gracia, de amor, de felicidad, de gloria. Una gran pena que el pecado todo lo arruina y malogra, por eso aferrémonos a la Gracia de Dios y que nos ayude a morir cada día al hombre viejo para ser nuevas criaturas en Cristo el Señor.

El Evangelio de Lucas nos habla de ese Sí de María, el sí que posibilitó realizarse el plan de salvación de Dios para todos, el sí que abre la puerta del cielo para que por ella descienda a nosotros la Palabra encarnada, el sí de la joven humilde que quiere en todo hacer la voluntad de Dios aunque se le escapen conceptos y detalles que el Ángel del Señor tendrá que aclarar al decirle a María la situación presente de la pariente Isabel y su embarazo a pesar de la edad avanzada de los padres. Y ese sí irá día a día aclarando en el corazón de María tantas cosas que sin entenderlas las guardaba para en las noches de oración ir pensando en ellas y meditándolas. Que afortunada María, no tenía móvil, no sacaba fotos de cada acontecimiento, de Jesús naciendo entre animales por no tener lugar en la posada, ni de la presentación como pobres ofreciendo un par de tórtolas, ni cuando se perdió en el templo, ni cuando sangró de pequeño a consecuencia de una caída, ni de la salida de noche para uir a Egipto y salvar al niño ni de tantos otros recuerdos. Nosotros todo lo quereos gravar, sacar vídeos y fotos, pero por desgracia pocas cosas guardamos, como María, en nuestro corazón, así vivimos la vida que pasa tan rápidamente y tan vacía para tantas personas.
¡Aquí está la esclava del Señor!, ese es el resumen de toda una vida de amor a Dios y entrega al plan de salvación de la humanidad, que nosotros tengamos para Dios en nuestro tiempo muchos momentos de aceptación como María, para que se haga en todos la voluntad de Dios y no nuestra voluntad ni nuestros caprichos. Que su Inmaculado Corazón interceda constantemente por cada uno de nosotros ante Dios nuestro Padre, ya que INMACULADA tenía que ser la que aceptó hasta las últimas consecuencias ese plan de dolor y espada clavada en el corazón, de huidas y carreras para salvar al Hijo de la serpiente del pecado, de soledad por las ausencias del Hijo cuando comenzó la vida pública, de desprecios, persecución, pasión y muerte en una Cruz y de muchas horas de oración para consolar a los Apóstoles abatidos por el desánimo hasta que Pentecostés lo llenó todo y puso de nuevo cada cosa en su lugar.
Que peséis un feliz día de la Inmaculada.


Fr. Francisco E. García Ortega, O.P.

sábado, 2 de diciembre de 2017

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO DEL CICLO B.


“ADVIENTO” TIEMPO DE ESPERANZA. LA ESPERANZA ES COMPROMISO.

Comenzamos un nuevo año litúrgico y lo hacemos esperanzados puesto que nos preparamos a la luz de la PALABRA DE DIOS para el encuentro con el Señor que nace cada año en el humilde pesebre de nuestro corazón, en ese rinconcito de nuestra alma, donde más amamos a Dios con nosotros y más nos identificamos con la LUZ que nos trajo Cristo al venir a nuestro mundo, luz que sigue, a pesar de los siglos transcurridos, iluminándonos como personas y también como comunidad cristiana, como Iglesia.

Isaías, en la primera lectura suplica a Dios que llegue pronto esa cercanía de Dios con los hombres, a través de esta primera lectura cargada de nostalgia por que el hombre se encuentre con un Dios cercano, podemos comprender lo afortunados que somos nosotros que vivimos en esta última etapa de la VIDA donde Dios ha bajado de su Gloria y se ha llegado a los hombres y mujeres de nuestro mundo, ha acampado en medio de este mundo, se ha hecho uno de nosotros y nos ha mostrado de manera maravillosa al nuestro Dios Padre de amor, de compasión, de misericordia, Padre cercano y preocupado por cada uno de nosotros.

Son muy bonitas las últimas líneas del profeta donde nos presenta ya a este Dios como Padre y a nosotros arcilla modelada por Él que es el alfarero. Somos todos obra de sus manos, él es nuestro creador.

En la segunda lectura de San Pablo a los Corintios nos habla de lo dichosos que somos por el hecho de ser Cristianos. Dios no nos ha abandonado a nuestra suerte, nos ha puesto a todos en los brazos del Hijo que nos salva y nos ha dado toda la gracia y todos los dones para que podamos llegar a buen puerto. Él, Jesús, es fiel. Nuestra respuesta ha de ser de fidelidad hacia Él.

El Evangelio nos pide estar en vela. No ha de sorprendernos esta llamada del Señor a estar en vela ya que Él vivió toda su vida en vela, atento a la voluntad del Padre, pero también atento a la situación de los hombres. A vigilar los anhelos de la gente, los sufrimientos y las alegrías, las situaciones de conflicto e incluso las situaciones políticas, supo vivir una vida bien activa pero también supo retirarse a la soledad buscando la comunicación con Dios para dar luego al mundo respuestas a tanto interrogante que se plantea a lo largo de nuestra existencia, y esa ha de ser nuestra actitud, nuestro estar en vela no es el mero hecho de estar preparados para cuando Él nos llame, estar en vela implica una constante actitud de defensa de la Comunidad, de la Iglesia, una preocupación por el otro, por el menos favorecido, por el angustiado. Tenemos que aprender a reír con los que ríen, pero también a llorar con los que lloran, tenemos que ser cada uno de nosotros un CRISTO caminando entre los hermanos.

Esto ciertamente no lo podemos conseguir solos, por eso, en este tiempo de adviento, encendemos cada semana una vela del la corona, para simbolizar que semana tras semana estaremos más iluminados a través de la Palabra proclamada y esta Palabra pueda hacerse vida en nosotros, vida para vivirla y vida para trasmitirla.

Que paséis un feliz domingo, día del Señor, Muchas bendiciones para todos vosotros, queridos hermanos lectores.


Fr. Francisco E. García Ortega, O.P.

jueves, 23 de noviembre de 2017

JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO. CICLO A



“Jesús reina a través de su amor, compasión, misericordia y preferencia por los pecadores, los pobres, los perseguidos e ignorados. Por todos los que tienen gran necesidad de Él”.

Con esta fiesta de Cristo Rey del Universo damos fin al año litúrgico y al ciclo A. La semana próxima, con el Adviento, nos introduciremos en una nueva aventura de la Palabra, cercanía del Señor que nos irá orientando semana tras semana hasta mostrarnos el gran misterio de esta PALABRA que se hizo CARNE, uno de nosotros, pues Dios, además de estar siempre en el corazón del hombre, quería venir a nosotros como uno de nosotros y experimentar los gozos y los sufrimientos de nuestra pobre humanidad.

Este reinado de Jesús, tal como nos lo plantea Ezequiel en la primera lectura se nos presenta atípico, no viene con corona y cetro, viene como pastor que se preocupa de su rebaño, viene como pobre que sirve, que se entrega, que se da por todos nosotros. Muy lejos de las realezas de nuestro mundo y de nuestra sociedad donde todos buscan con afán el ser servidos y muy pocos tienen ese espíritu de estar en este mundo con la noble función de servir.

Este Cristo Rey nos dirá San Pablo en su carta a los Corintios nos ha entregado una corona a cada uno de nosotros con su victoria sobre el pecado y la muerte, si por Adán vino la ruina a la humanidad, esta humanidad ha quedado regenerada en Jesús que se entregó al suplicio para nuestra justificación, en él somos salvados.

El Evangelio de Mateo nos presenta a este Jesús pobre y sencillo pero que un día vendrá como REY SOBERANO DE TODOS. Y lo hace de la mejor de las maneras que podía hacerlo. Somos parte de este reino de Jesús en la medida de que compartamos la vida con el prójimo, por eso está muy vigente y más en este tiempo pos crisis económica esto de “tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, fui forastero y me hospedaste, estuve desnudo y me vestiste, enfermo y me visitaste, en la cárcel y viniste a verme…”

Es todo un programa de amor y de vida, no es ni una religión, ni una filosofía, es la vida misma, la vida de la salvación que pasa por actitudes concretas de caridad y auténtico amor y que si no se dan en nosotros no tenemos nada que hacer respecto a esperar una posible salvación, no nos vale decir “no lo sabía”, Jesús ha hablado alto y claro y el que escuche se salva y el que se niegue a escuchar se condena.

Que tengáis un feliz Domingo, día del Señor Rey y Pastor que anima nuestros corazones para darnos la salvación. Un abrazo fraterno.

Fr. Francisco E. García, O.P.

jueves, 16 de noviembre de 2017

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO DEL CICLO A



¡SE TERMINA NUESTRO AÑO LITURGICO, ESTAMOS A LA ESPERA DEL SEÑOR!

El libro de los Proverbios, en la primera lectura nos habla de las virtudes de la mujer que es hacendosa, con no es que la Iglesia quiera resaltar hoy el trabajo de la mujer, más bien quiere resaltar el trabajo de toda persona, es una llamada a la responsabilidad de cada uno de dar de nosotros siempre lo mejor, ya que esta lectura cuadrará luego con el Evangelio que nos presenta el tema de los talentos. Estamos llamados por Dios a producir. Se nos ha dado una inteligencia y unos valores para que cada uno multiplique con su dedicación y esfuerzo en beneficio de todos. Es el caso de esta primera lectura, cuando la mujer de la casa, cuando el hombre de la casa son hacendosos todo marcha bien en el hogar, todo sigue un engranaje que a la larga produce satisfacción y placer, bienestar y alegría y todos los que están en esa casa dan muestras de profundo agradecimiento por la entrega y la generosidad.

“Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien” escucharemos en el Salmo Responsorial, ahora sobre el tema que estamos tratando, nos anima a superarnos, a producir más, a vivir mejor, con más dignidad, más vivencia. Por desgracia son muchos en nuestra sociedad que están en una situación muy precaria, pobre, sin ilusiones en la vida, sin nada. Pero lo más triste de estas situaciones es que son también muchos los que se quedan paralizados, no luchan por cambiar, por estar en mejor situación, con lo que sacan mendigando se sienten satisfechos y esto no puede ser así, eso es esconder en un  hoyo bajo tierra los talentos que Dios nos da y veremos luego en el Evangelio.

San Pablo en su carta a los Tesalonicenses nos advierte de nuestras “seguridades”, muchas veces nos engañan, nuestros planes no son los planes del Señor y los planes del Señor no son nuestros planes, por eso la advertencia del Apóstol, nadie sabe el día ni la hora y hay que estar siempre preparados, y estar preparado es haber producido en la vida frutos que permanezcan, no los materiales que como materia que son terminan aquí, pero los espirituales nos acompañan a la otra VIDA, y a esa VIDA NUEVA no se puede llegar con las manos vacías, hay pre presentar no algo, mucho, y este “mucho” se traduce en buenas obras de amor, compasión y misericordia.

Lo triste de nuestra vida es que sabiendo que el Señor es exigente, nosotros no nos esforcemos demasiado en complacerle, quizás pensando que mejor será dejarlo para más tarde, para lo mismo pensar mañana y el próximo mes o el próximo año y nos sorprenda el Señor con su llamada para ajustar cuentas y tengamos nuestros talentos en el hoyo sin producir frutos, de ser así ya sabemos que podemos esperar. No penséis que Dios es duro, al contrario, es muy comprensivo, pero al mismo tiempo, por justicia con los que sí cumplen, tiene que ser exigente con nosotros y esperar de nosotros los frutos correspondientes a los dones y telentos que hemos recibido. En ningún momento el Señor nos va a exigir más de lo que podemos dar.

Yo creo que un buen maestro que conoce perfectamente a sus alumnos sabe hasta donde llega cada uno de ellos. A la hora de poner una nota no solamente tiene que evaluar el examen en sí, tiene que ser consciente de la capacidad que tiene cada uno de ellos, pues se puede dar el caso de que uno que es muy inteligente y con una memoria que asombra saca siempre sobresalientes sin esforzarse nada, pero otro que no es tan brillante se pasa horas y horas estudiando, se sacrifica a tope, da todo lo que tiene pero sus resultados no son tan brillantes, sin embargo al poner la calificación todo este esfuerzo tiene que puntuar también, es lo justo, es lo merecido. El Señor es así con nosotros, ¡por qué no vamos a ser nosotros así con los demás?.

Que paséis un feliz Domingo día del Señor.
Atentamente,

Fr. Francisco E. García Ortega, O.P.

SOBRE LOS COMENTARIOS A LAS LECTURAS DE CADA DOMINGO

El Domingo XXXII por motivos de un viaje no pude hacer el comentario a las lecturas, pero en El Duende del Perchel ya tengo comentarios de los tres ciclos litúrgicos, así que buscando, buscando se puede encontrar el correspondiente a cada domingo.


jueves, 2 de noviembre de 2017

GUARDA MI ALMA EN LA PAZ, JUNTO A TI, SEÑOR.

DOMINGO 31 DEL TIEMPO ORDINARIO DEL CICLO A



El lenguaje del profeta Malaquías nos resulta difícil de entender, ya que la idea que nosotros tenemos de Dios es muy distinta, nuestro Dios no nos maldice, no desea nuestro castigo, nuestra perdición. Pero sí que es cierto que si de verdad amamos a Dios nuestra respuesta tendría que ser otra. El profeta nos dice: “¿No tenemos todos un solo Padre?, ¿No nos creó el mismo Señor? ¿Por qué, pues, el hombre despoja a su prójimo profanando la alianza de nuestros padres?”. Esta es la cuestión, si no somos bueno unos con otros, si le damos al chisme a la maledicencia, a la difamación, si nos creemos jueces para los demás, pero que a mí no me toquen ni me señalen, si no obramos con misericordia ¿cómo esperar pues que Dios sea misericordioso con nosotros?.

Como en el Salmo necesitamos vivir una vida sencilla, sin altanerías ni ambiciones para estar, ya no solamente en el cielo cuando nos llame Dios, y sí ahora, en los años de nuestra vida en paz, en la PAZ que Dios nos da y nosotros tenemos que disfrutar pues la necesitamos todos para vivir felices. Por eso que gran pecado el de aquel o aquella que se mete por medio de otros y les quita de vivir en paz.

San Pablo en la carta a los Tesalonicenses nos anima a que acojamos con cariño la Palabra de Dios, y no solamente a la Palabra, también a aquellos que la proclamamos, que sepamos valorar esta Palabra y no ver en ella al que la proclama, con sus pecados y defectos o sus virtudes, ver al mismo Señor pues no se trata de proclamar nuestra palabra y sí la de Él. Valoremos esta proclamación que nos vivifica y santifica para que nos mueva a la conversión cada semana, cada día.

La advertencia del Señor que nos habla San Mateo no es a no llamar, maestro, señor o padre a la gente, es a ver más allá de esas personas que se nos presentan pues no cuentan con una autoridad propia, la autoridad y la fuerza son de nuestro Dios, en este sentido solamente Él es el Padre, el Maestro, el Señor de nuestras vidas, todos los demás, ocupen el cargo que ocupen, sean papas, cardenales, obispos, sacerdotes, diáconos, la autoridad que tienen viene de Dios, y ellos, nosotros todos sus servidores, ni más ni menos, el título más hermoso del Papa no es otro que el de “siervo de los siervos de Dios” y eso es lo que somos todos, pobres siervos que tenemos que esforzarnos en eso, servir, darnos, entregar nuestra persona, nuestra vida, como nos decía San Pablo en la segunda lectura, a las Comunidades a las que servimos.


Que peséis un feliz Domingo día del Señor.