sábado, 14 de octubre de 2017

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A



“-Amigo, ¿Cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?”

Vamos avanzando en este Mes de la Virgen del Rosario y rezo del mismo, hemos vivido en nuestro templo los cultos a la Virgen predicados por el Señor Obispo Mons. Juan José Larrañeta, O.P. que con un lenguaje de Pastor con olor a oveja ha sabido llegar tanto a la gente sabia y entendida como a los más humildes y sencillos y ha logrado día a día entusiasmar a la feligresía que prácticamente cada día llenaba el templo de Santo Domingo.

Hoy la Palabra comienza hablándonos de que seremos invitados a un banquete exquisito en el monte del Señor, allí no solamente saciaremos nuestra sed y nuestra hambre, allí recibiremos, en el monte santo, el consuelo del Señor, ya que solamente él puede saciar todas nuestras necesidades, solamente él puede responder a todas nuestras preguntas, solamente él puede llenar todos nuestros vacíos, él todo lo completará, a cada uno de nosotros nos ha de saciar, nos ha de confortar.

En nuestra espera a este día dichoso tenemos, como el Apóstol San Pablo, en la pobreza o en la riqueza, en la hartura o en el hambre no dejar a un lado al Señor, pues como él tenemos que decir y decirnos a nosotros mismos con mucha frecuencia esta frase de la segunda lectura que tendríamos que enmarcar en oro: “Todo lo puedo en aquel que me conforta” y poner nuestro corazón no en las angustias, en los miedos, en el que será el día de mañana y sí en el Dios que es amor, compasivo y misericordioso, cercano al hombre, que con suma generosidad proverá todas nuestras necesidades.

En el Evangelio, con esta parábola de Jesús del rey que invita a la boda de su hijo, una vez más nos muestra el Señor como desperdiciaron tiempo, leyes, vida aquellos a quienes estaba en primer término destinados a experimentar el reino de Dios y por sus apegos, costumbres, ceguera no fueron capaces de reconocer al Mesías cuando llegó, por eso manda a sus criados salir a plazas y caminos para que todos, también nosotros, los pueblos gentiles, fuésemos invitados al banquete del Hijo.

Pero curiosamente en la parábola el Rey que saludó uno por uno a todos los comensales reparó en que uno no tenía la ropa adecuada para tal acontecimiento. Nosotros somos invitados todos los días al gran banquete de la Eucaristía y tenemos que pensar seriamente si nos acercamos a este Sacramento con la limpieza adecuada y la ropa de fiesta o por el contrario vamos a recibir al Señor sin pensar siquiera en qué condiciones estamos.

Ya no se trata de la ropa literalmente, pero dado que últimamente parece se ha perdido el juicio en muchas personas, bueno sería que más de uno pensaran que entrar con esas ropas en la iglesia no es mi mucho menos adecuado y menos aún acercarse a recibir la comunión vestidas o vestidos de tal manera, y que decir de los “modelitos” en bautizos o bodas, algunos rayan ya con el escándalo y algún día se encontrarán con que alguien les dirá que así, con esas maneras de vestir no se puede entrar en una iglesia.

Pero lo más importante es ese vestido interno, como tienes tu corazón, como está de limpia la vestimenta del alma, pues en la presencia de Dios, por tanto en la Comunión y cuando se recibe cualquiera de los sacramentos todo ha de ser blancura, limpieza total, esplendor, precisamente el Sacramento de la Penitencia está para eso, para darnos ese esplendor que tenemos que tener a la hora de acercarnos al banquete que el Señor nos ofrece especialmente cada domingo.


Que paséis un feliz Domingo, día del Señor y Él os colme con sus abundantes bendiciones, tanto para vosotros como para vuestros familiares y amigos, más concretamente para aquellos que más necesitan de la bendición del Señor.

miércoles, 4 de octubre de 2017

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO DEL CICLO A.




EN ESTOS TIEMPOS REVUELTOS NO DEJEMOS DE CANTAR UN CANTO DE AMOR A LA VIÑA DEL SEÑOR DONDE TODOS, JUNTOS, HERMANADOS, ALEGRES, TENEMOS QUE TRABAJAR.

Isaías en la primera lectura nos “obliga” de alguna manera a pensar. ¿Qué hago yo con mi vida?, ¡Qué produzco en beneficio del Padre que me dio la vida, me ofreció un gran número de ideas, capacidades, deseos, para que se plasmen en hechos concretos que beneficien a mis hermanos y me beneficien también a mí?.

Es penoso este lamento de Isaías, el verse obligado el amigo a quitar la valla de la viña, despojar su “tesoro” de la protección que tenía, abandonarla a su suerte y todo por negarse a producir, a dar el fruto que de ella se podía esperar.

Así sucederá con cada uno de nosotros que malgastando tiempo y recursos estamos en otra parte en vez de estar trabajando donde el Señor nos quiere y nos necesita. No tenemos escusa, no podemos culpar a nadie, somos responsables de lo que somos, de lo que hacemos a diario con nuestro cuerpo, con nuestra alma, con nuestra vida, con nuestros hermanos, con nuestro entorno, con nuestra Iglesia, con nuestra Patria, con nuestro MUNDO, sí, también con la naturaleza y toda la obra creadora de Dios que ha puesto en nuestras manos no para que abusemos y sí para usar de ella desde el amor y el respeto por toda criatura, por la vegetación, por el ambiente.

Recordemos, y las lecturas de este tiempo relacionadas con la VIÑA nos habla de ello, que el pueblo de Israel desperdició su tiempo, perdió su oportunidad al no estar a la altura de miras que el Señor por boca de los profetas esperaba de ellos. Lo verdaderamente terrible sería que nosotros, cristianos de a píe, nos despistemos de lo esencial del Evangelio de Jesús y tenga que venir Dios un día a quitarnos a nosotros también de su camino por falta de miras. Ya de por sí es bastante alarmante ver como muchos que se dicen llamar Católicos tradicionalistas atacan con saña y dureza al Papa Francisco y a los Pastores que siguen su estilo de ir a las fuentes, al Evangelio, a asemejarnos más y mejor con el Jesús pobre que ama a todos, que quiere que todos se salven, que todos lleguen a la felicidad que el Padre nos ofrece, pero que ellos con su mentalidad tradicionalista se han quedado anclados en cuatro ropajes, ritos, gestos, normas, leyes… esto suene a algo ya antiguo, suena a una actitud que tendríamos que tener ya de sobra superada: LA ACTITUD DE LOS FARISEOS.

San Pablo en la carta a los Filipenses nos exhorta a no preocuparnos de otra cosa que no sea la de que llegue al Padre nuestra oración, y sabemos por el Evangelio que antes de presentar nuestra oración al Padre tenemos que tener nuestro corazón limpio de ofensa alguna a nuestro prójimo. Así como desechar lo que no sirve para dar importancia a lo que en verdad vale para nuestra salvación.
En el Evangelio de San Mateo se nos relata una parábola que nos introduce en el tema planteado ya por Isaías, el profeta habla de lo que sucederá en Israel algún día, Mateo nos dice lo que sucede con Jesús, sacado de la ciudad santa y crucificado a las afueras.

Triste es el último anuncio de Mateo que narra lo predicado por Jesús: “Por eso os digo que se os quitará a vosotros el Reino de los cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”. Estas palabras nos tienen que hacer pensar que estamos haciendo mal y que hacemos bien, que tenemos que quitar de nuestra vida y a que tenemos que adherirnos para no sufrir el mismo castigo ni tropezar de nuevo en la misma piedra. Tenemos como ventaja respecto a la tozudez del pueblo judío en tiempos de Jesús, que Él nos ha mostrado como es, como actúa, como ama nuestro Padre Dios. Que perdona siempre, que nunca se cansa de perdonar porque su amor supera incluso la idea que nosotros podamos tener de lo que es e implica realmente AMAR.

Por este motivo mostremos en la celebración de la Santa Misa nuestro agradecimiento a Dios, vivamos toda la celebración con cada una de sus partes, que todas forman el conjunto de lo que en verdad celebramos en la MISA y no desechemos algunas de ellas por pensar que son menos importantes o por creer que otras nos son de más necesidad. La Misa es Misa cuando la celebramos y vivimos entera, participando en toda ella, no limitándonos a contestar y a comulgar, tenemos que VIVIRLA, pues sin esta vivencia difícilmente acertaremos a realizar el trabajo que el Señor nos encomienda en su viña, sin una escucha, sin un dialogo, sin nada que presentar a Dios en el ofertorio de nosotros mismos, de nuestra propia cosecha la Misa puede ser tan vacía, tan sosa, tan sin vida como esa viña sin cerca pisoteada y expuesta al pillaje.


Que paséis un feliz Domingo, día del Señor, que todos nos esforcemos, con alegría, a trabajar en su viña.

jueves, 28 de septiembre de 2017

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO DEL CICLO A




“ESTAMOS EN CAMINO HACIA EL REINO”

Sí, hemos comenzado un camino hacia Jesús, caminar hacia él significa que hemos emprendido la marcha de la justicia, el amor fraterno, la humildad y sobre todo, para llegar cómodamente a la meta, un camino de conversión constante, un aprendizaje muchas veces a base de tropezones de retornar al camino marcado, cuando por causa de nuestra manera de ser, nuestras prisas, nuestros egoísmos queremos coger atajos que pronto nos demostrarán no llevarnos a parte alguna si no a otros derroteros donde nos espera el precipicio, la ruina.

Salir de la seguridad del camino marcado por el Evangelio es, como dice la primera lectura hablando del proceder de Dios, “cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió”. Lo mismo que “cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo, y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida”.

Lo tenemos fácil, el Señor que nos ama por encima de todo y que nunca se cansa de perdonarnos nos da los instrumentos para rehacernos y encaminarnos de nuevo por el camino de la salvación. Él ha muerto en una CRUZ por amor a toda la humanidad, pero más concretamente por amor a los pobres descarriados, para que tengan el coraje de rehacerse y enfrentarse a sus demonios y volver a Jesús.
Como confiamos que esto es así, repetimos una y muchas veces, tanto en el Salmo como en la vida: “Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna”.

Esto lo lograremos dejando a un lado el individualismo y viviendo en la unidad de Cristo, es el mensaje de San Pablo a los Filipenses y hoy el mensaje dirigido a todos nosotros cristianos del s. XXI.

Curiosamente nos dice el Apóstol: “No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás”. Muy apropiado para esta mentalidad simplista de nuestra época donde predomina más lo mío que lo nuestro, y es alcanzando a comprender la dimensión de lo nuestro como nos hacemos uno todos nosotros y nosotros uno con el Señor como el Señor es uno Con Dios nuestro Padre del cielo.

Por eso es necesario hacer un alto y ver cómo estamos de actitudes, que es lo que nos plantea San Mateo en el Evangelio de hoy cuando el Señor, en una de sus parábolas nos habla del padre que manda a sus dos hijos a trabajar a la viña, el uno le dice que sí, pero no va, el otro que no, pero va.

Con esto alude a la actitud farisaica que viniendo el Hijo de Dios que había sido anunciado desde antiguo por su apego a la ley y las costumbres son incapaces de reconocerle cuando llega. También a nosotros nos advierte el Señor que podemos quedarnos al borde del camino si nuestras actitudes no concuerdan con el Evangelio de Jesús.


Hermanos, que meditemos la Palabra proclamada este domingo, día del Señor y que la felicidad que sólo da Dios habite en vuestros corazones. Feliz día del Señor.

jueves, 21 de septiembre de 2017

LOS DOS BANQUETES DE SAN MATEO






Hoy celebramos la fiesta de San Mateo, el rico publicano que quedó maravillado de la inmensa pobreza de Jesús y decide invitarlo a un banquete en su casa para conocer al Maestro. En este banquete no solamente se convierte Mateo al Señor, se convierten cantidad de pecadores y publicanos que al ver el ejemplo de la conversión de Mateo les arrastra a ellos también a buscar al Señor y seguir sus pasos de paz, amor, comprensión y misericordia.

El segundo banquete es el interno, según nos dice el Apocalipsis: “Mira que estoy a la puerta y llamo, si quieres entraré en tu casa y comeremos juntos”. Mateo después de este primer encuentro con el Señor ya abrió la puerta de su corazón para que el señor habitara de continuo su corazón. Su vida ya quedó ligada hasta la eternidad con el Maestro.


Que nosotros sepamos renunciar a tantas cosas materiales que no nos aportan nada espiritual y abramos nuestro corazón, como San Mateo, para que el Señor sea el invitado a compartir nuestra vida con él y así logremos la felicidad verdadera.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO DEL CICLO A:

Terremoto en México




“EL SEÑOR NOS PAGARÁ SEGÚN NUESTRO ESFUERZO AL ATARDECER DE LA VIDA

Isaías en la primera lectura nos llama a volver nuestro corazón a Dios, está ahí, está cerca y hemos de caminar para encontrarnos con él. La experiencia de la vida nos dirá una y mil veces que aunque andemos despistados respecto al Señor el se manifiesta, se acerca a nosotros, se hace el encontradizo, pues esos planes de Dios no son otros de que nos demos cuenta de una vez que por muy “lejos” que veamos el cielo él se abaja a nosotros para mostrarnos si compasión pues es un Dios misericordioso.

En la carta de Pablo a los FILIPENSES, nos muestra esta incógnita sobre lo que quiere con su vida. Ojala cada uno de nosotros pudiéramos tener claro que si partimos ya de este mundo vamos a estar por siempre con Cristo en su gloria, o incluso que pidiéramos al Señor que prolongue más los años de nuestra existencia en este mundo pues nos sentimos necesarios para la vida y salvación del prójimo.

Pero hemos de ser prácticos, en la vida y en la muerte somos del Señor, así que bien aquí o bien en la gloria de Dios anhelamos o debemos anhelar estar con el Señor.

El Evangelio de Mateo nos narra la parábola del jornalero que contrata trabajadores para su campo a distintas horas del día y al final para a todos lo mismo indignando esta actitud a aquellos que habían trabajado más horas en la jornada. Ante esta parábola lo que sí tenemos que tener claro es que el Señor siempre para al atardecer. Por eso nuestra vida tiene que ser una constante preparación para ese atardecer, para estar trabajando, que no nos sorprenda ociosos, y mucho menos envidiosos, pensando que si llevamos toda la vida siendo cristianos tenemos más derechos o más recompensa que aquellos que se unieron a él a última hora.

Pidamos al Señor que al atardecer de nuestra vida seamos juzgados por haber vivido una existencia  plena de amor, compasión y misericordia para con nuestros hermanos. Nada peor para el cristiano de a píe que sentirse superior, prepotente, imprescindible, para Dios todos somos igual pues él nos ama a todos con su corazón misericordioso y perdona siempre, la cuestión es si el hombre prepotente puede acercarse al perdón de Dios, no por cuestiones de Dios que siempre está dispuesto a perdonar y sí más bien por razón de prepotencia que hace al hombre orgulloso pensar que lo puede alcanzar todo y llegar a lo más alto sin necesidad de Dios. Cuidemos nuestra humildad, nos es muy necesaria para llegar al Señor.

Que paséis un feliz Domingo día del Señor y que en vuestras oraciones no os olvidéis en estos días del sufrimiento en América, por los terremotos en México, los huracanes repetidos por todo Centro América y el Caribe. Que nuestra oración, desde la distancia, sea solidaria con los que sufren estas desgracias naturales. Que pensemos que con todo esto ya hay bastante sufrimiento en nuestro mundo para que venga el hombre con su odio, su maldad y su pecado a crear guerras, terrorismo y daño en el corazón de las personas que quieren una vida tranquila y pacífica.



jueves, 7 de septiembre de 2017

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO DEL CICLO A.



“Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.


Según la primera lectura de este domingo, el profeta Ezequiel nos recuerda que somos atalaya, no estamos en la vida por un accidente de la naturaleza,  hemos sido “pensados” por Dios y él nos ha traído a este mundo con un propósito, una misión. Dentro de este propósito de Dios no es el mirarnos a nosotros mismos, el buscar nuestra salvación, nuestra felicidad, seremos salvados, seremos felices en la medida que miremos a los demás con entrañas de amor, de misericordia, cuando nos preocupemos por la salvación de todos, sin rechazar a nadie, sin excluir, sin tener “mi parcela” de la que me preocupo o por la que lucho descartando a las otras parcelas.

En la Carta de San Pablo a los Romanos el Apóstol nos habla del amor, que es el ceñidor de todo, pues quien ama no peca, pues el amor vence al pecado, vence al egoísmo y vece a todo mal, ya lo decía con otras palabras pero muy parecidas San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”. Que es lo mismo a lo dicho hoy por San Pabro: “El que ama tiene cumplido el resto de la ley. Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso AMAR ES CUMPLIR LA LEY ENTERA

De esta manera conectamos también con lo dicho en la primera lectura por Ezequiel, sin amor no podremos jamás ser atalaya de nadie ni para nadie, solamente el amor puede darnos la fortaleza necesaria para salir de nosotros, de nuestros egoísmos, de nuestros problemas y necesidades, de nuestras cruces y penas para fijarnos en el otro que camina a nuestro lado, en el resto de los hombres y mujeres que viven a nuestro alrededor. El amor vence todo, derriba toda muralla, sacude las durezas de los corazones más egoístas, doblega las voluntades más cerradas en si sí mismas y nos abre a la aventura del dar, del compartir, de vivir con ilusión y esperanza la vida de comunidad; la comunidad familiar, la parroquial, la religiosa, la vecinal, la municipal, la nacional, la comunidad mundial. Somos seres sociables, no seres individualistas, hemos nacido para vivir juntos, amarnos juntos, compartir lo que somos y lo que tenemos, no por profesión, por vocación, con los demás.

En el Evangelio de San Mateo nos viene a repetir la misma idea, pero pone el dedo en la llaga. Somos muy dados al chisme, a la crítica, a la difamación de aquel que nos ha hecho algo o simplemente no nos cae bien, pero Jesús nos habla de la corrección fraterna. No te quedes con la ofensa rumiándote tu interior y destrozándote por dentro, corrige al hermano, dile lo que hace mal o dice y no es cierto, pero desde la caridad, que es el amor.

Nos quiere hacer pensar Jesús en lo valioso que es el estar unidos, libres de egoísmos y discordias, de esta manera es cuando conseguiremos de Dios, si lo pedimos en comunidad y estando nuestros corazones en paz, nos dará todo lo que necesitemos, nos dice: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Hermanos, feliz domingo, feliz día del Señor para todos vosotros, que os colme de sus bendiciones.

domingo, 3 de septiembre de 2017

MI VIDA, MIS ANHELOS Y JESÚS



Anhelar el proyecto de Jesús ha de ser la tarea que nos recomienda este Domingo XXII del tiempo ordinario. Contemplar esta vida nuestra tan dada a soñar con fantasías, con una existencia sin dolor, sin penas, sin sufrimiento; quisiéramos que hasta sin muerte... Pero hoy viene Jesús a decirnos que su vida ha de pasar por la pasión, por la CRUZ, por la muerte para llegar a la resurrección, a la VIDA auténtica, a la misión encomendada por el Padre Eterno.

Pero esta vida escogida por el supremo AMOR redentor de Cristo es la que nos pide que hagamos nuestra. Este mensaje evangélico de hoy nos advierte que de nada nos vale ganar el mundo entero si malogramos la VIDA, el alma, que no es caduca, que es eterna, que está destinada para la eternidad junto a Dios.

Las palabras del profeta Jeremías, seducido por Dios, pero roto por dentro ante las limitaciones humanas y la sordera de aquellos a quienes estaba destinado su mensaje nos tiene que hacer pensar que nuestro mundo no es tan distinto ni está tan distante como el mundo de Jeremías. Nuestra predicación, nuestra palabra, nuestra misión se puede ver amenazada ante la indiferencia del mundo, el endiosamiento del hombre, la apatía del cristiano que no se esfuerza en alcanzar el misterio de Jesús, que cree, pero con fe caduca y limitada, reprimida y vana por los tentáculos del mal en el mundo que todo lo quiere presentar como relativo, difuso, confuso y nuestra pobreza nos hace ser seducidos, pero no por Dios y sí por la corriente del mal que fluye por la vida.

La clave para salir de esta lamentable situación está como siempre en el Señor. Él nos anima como el Apóstol en la segunda lectura a ser "hostias vivas" es decir, presencia de Dios que es capaz de darse, de inmolarse por los demás; hombres y mujeres de este siglo XXI capaces de dejar de estar todo el día contemplándonos como si fuéramos nosotros el CENTRO DE TODO y no lo somos, el CENTRO es Cristo, pero llegar a este centro significa tener claro que hay que coger con esperanza y fe la cruz de cada día y seguir los pasos del Maestro, y no sólamente esto, al mismo tiempo que aprendemos a cargar con nuestra cruz no dejar de ver a quienes peregrinan a nuestro lado con cruces demasiado pesadas y necesitan de nuestra aportación, nuestra cooperación. Hay que alargar la mano con intención de empujar, salir de nosotros mismos, ser solidarios con los demás.

Por eso Cristo abrazó su Cruz solidaria, hecha de los pecados de todos para redimir, purificar, sanar a la humanidad, no a un grupito o a los cristianos, a todos, a toda la humanidad.

Que Dios os bendiga en este Domingo.