jueves, 21 de diciembre de 2017

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO, 24 DE DICIEMBRE Y NAVIDAD, DÍA 25.



MARÍA, NUESTRA MADRE, NOS TRAE LA ESPERANZA. Un niño ha nacido un HIJO SE NOS HA DADO:

En este 4º Domingo de Adviento ya entramos en la Navidad, y la Palabra proclamada nos tiene que llenar de ilusión y esperanza. Ya no necesitamos los “signos” del Antiguo Testamento, no precisamos la de presencia misteriosa de aquel Arca, María es la nueva Arca de una nueva y definitiva alianza de Dios con el Hombre, ella con su SÏ a Dios abrió la puerta de la esperanza a toda la humanidad, ella, que se consideró la “Esclava del Señor” es la Reina de nuestro mundo que mira esperanzado hacia el cielo pues sabemos que gracias a ese sí allí está nuestra casa, nuestra patria definitiva, nuestra salvación.

Esa nueva alianza jurada por Dios a su siervo el Rey David se hizo realidad en Jesús nuestro Señor, él, que se abajó a nuestra condición humilde, ya es abajarse siendo Dios hacerse uno de nosotros, pero además quiso nacer en las condiciones más precarias, más tristes, más desoladoras, en un pesebre de un establo para poder así en él levantar toda la humanidad caída.

Estemos alegres en el Señor, esta esperanza que nos trae María nos tiene que reconfortar, es esperanza que nunca falla, que es firme, fiel, está apoyada en Dios, basada en el plan de Dios para hacernos dichosos, eternamente felices. Cuantas han de ser nuestras muestras de agradecimiento a Dios por su cercanía y generosidad, a Jesús por su amor y entrega por nosotros y a maría por ese saber acatar, en el momento preciso, sin escusas, sin temores, la voluntad de un Dios que con el anuncio del Ángel viene a ponerle las cosas pero que muy complicadas y difíciles, a ella, a San José bendito y a todos los que estaban cercanos a ella, su vida no fue un camino de rosas, tenía más espinas que flor y aún y con todo lo asumió por amor a Dios y por hacer posible su plan de redención.

LA NAVIDAD:

Esta es nuestra noche, la que llamamos familiarmente NOCHE BUENA, sí, la mejor de las noches pues se realizó el gran milagro de amor de Dios para con nosotros, un niño se nos ha dado, un Hijo nos ha nacido, el Señor, el Salvador.

La Palabra que proclamaremos este día es de suma importancia para todos nosotros, toda ella nos invita a la alegría, a la alabanza, a bendecir a Dios, pero como ha de suceder siempre a no quedarnos en este gozo para nosotros en nuestro corazón, escuchamos la Palabra de Dios para que alegres salgamos del templo y comencemos a proclamar lo que hemos escuchado, no solamente con palabras, son más importantes los gestos, las acciones, los testimonios que con nuestra manera de vivir puedan hablar de nosotros, de la fe que tenemos y de lo que significa en nuestras vidas que el Señor naciera en un pobre portal para enriquecernos a nosotros. Una Navidad sin Cristo, sin compartir, sin un corazón capaz de enternecerse ante el dolor del otro es una pobre Navidad, no empobrezcamos lo que Dios hizo tan ricamente, no depositemos tanta gracia que Dios nos da en cestas de mimbre, construyamos en nuestro corazón sólida vasijas que recojan tan preciado tesoro para que nos saciemos con él y saciemos la sed de paz, amor, justicia, libertad de tantas personas que viven esclavizadas, oprimidas, despreciadas, solas, abandonadas por la desidia de nuestros gobiernos y de nuestra sociedad egoísta y ciega que solamente piensa en sí misma, que pasa de los demás y el centro de todo está en ellos mismos.

Recordemos que es esta nuche unos pastores escuchan asustados el anuncio de los ángeles, pero este anuncio no les paralizó, supieron reaccionar bien, como creyeron fueron a buscar lo que les llenaría de paz, en Belén encontraron al niño pobre envuelto en pañales. Cuando lo vieron no se quedaron allí, fueron de prisa a contarlo por pueblos y caminos, para que todos se enteraran de las buenas nuevas que Dios ha traído a la humanidad, es lo que tenemos que hacer nosotros, salir y contarlo.
Que paséis unas felices fiestas de la Navidad, yo pasaré unos días visitando a mi madre, así que estaré ausente de este medio y no me comunicaré con vosotros hasta mi regreso, muchas felicidades y que el Niño Dios de verdad nazca en vuestros corazones y os llene de su amor y su paz.

Fr. Francisco E. García Ortega, O.P.

Santo Domingo de Granada.

sábado, 16 de diciembre de 2017

DOMINGO III DE ADVIENTO DEL CICLO B.



“LA ALEGRÍA DE VERNOS COMPROMETIDOS CON CRISTO QUE VIENE”

El profeta Isaías nos muestra ese capítulo 61 que el Señor asumió como propio: “El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido, me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor”.

Este mensaje del profeta se hace realidad en Jesús, Él ha traído a la tierra parte del cielo para levantarnos de la miseria y darnos conciencia de seres celestiales, no somos la tierra que pisamos, ciertamente nuestro cuerpo es tierra y a la tierra volverá, pero nuestra alma está destinada para el cielo, para glorificar a Dios y estar con Él eternamente. Pero esto, ¿cómo lo veremos?, el Señor hace brotar la justicia, su justicia ante todos los pueblos.

San Pablo en la carta a los Tesalonicenses nos exhorta a permanecer fieles y constantes en la Acción de Gracias, lo que llamamos nosotros la Misa, ya que en ella y por ella nos llegan todas las gracias del Señor, atentos a la Palabra, que no se proclama solamente para oírla, tenemos que meditarla y hacerla vida en nosotros sabedores que el Señor es fiel y cumplirá todas las promesas, cumplamos nosotros con nuestras obligaciones y demos muestra de nuestra fidelidad.

El Evangelio de san Juan también nos invita a nosotros además de conocer la figura importante de Juan el Bautista a imitarle en su tarea de allanar el camino, de hacer esta vida más fácil, de estar o saber estar sintiéndonos responsables en las acciones y sobre todo el tirar puentes más que construir murallas para llegar a todos y servir a todos como nos ha enseñado el Señor Jesús.

Por último, en este domingo de alegría, una mirada a nuestro Bautismo, no es un hecho aislado, es un acontecimiento que ha cambiado totalmente nuestras vidas, si estamos  bautizados tenemos una señal de pertenencia, pertenecemos al Señor, no somos entes aislados, somos criaturas, creadas por Dios a su imagen y semejanza y redimidos por Cristo que con su sacrificio nos ha rescatado a cada uno de nosotros a precio de sangra, de su preciosísima sangre con la que nos ha lavado y purificado. Seamos agradecidos y démosle gracias siempre. Bendito en día más importante de nuestras vidas, que no es el de nuestro nacimiento, es el día que fuimos bautizados.

Que paséis un feliz domingo, día del Señor que viene a nosotros, a nuestros corazones para llenarnos de paz y de amor. Que al salir del templo salgamos como testigos de la Luz del Señor, por eso no nos vale vivir apagados, si no somos lumbreras nuestra vida carece de lo más elemental, y esa luz la recibimos gratis de parte del Señor y gratis la tenemos que dar a todos los que de una manera u otra se crucen con nosotros en nuestro camino. Mucha paz y bendiciones de parte del Señor para todos, queridos lectores, atentamente,

Fr. Francisco E. García, O.P.

sábado, 9 de diciembre de 2017

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO DEL CICLO B.


LA ESPERANZA EN UNA VIDA MEJOR HA DE SER NUESTRO RETO.

El profeta Isaías nos anima a preparar caminos de amor y esperanza en medio de nuestro pueblo, caminos que posibiliten el encuentro de los hermanos, caminos de paz, de amor, caminos de esperanza. Esto lo lograremos estando a la escucha de Dios y anunciando como heraldos de Dios desde lo alto del monte que tenemos un Dios que viene a nosotros, que sale a nuestro encuentro, que se hace carne en medio de nuestro mundo. Un Dios que no se queda lejísimo allá en el cielo, un Dios que es cercano y viene a apacentar a su rebaño, él nos reúne con su mano, y con sus manos nos lleva al hombro cuando nuestras fuerzas nos fallen y cuidará de nosotros.

San Pedro en la segunda lectura nos habla del tiempo de Dios, un tiempo distinto al nuestro, para el Señor un día es como mil años y mil años como un día, lo que si es cierto que así como un día subió al cielo, un día vendrá con toda su gloria para juzgarnos y  darnos la recompensa merecida por nuestras buenas obras.

San Marcos en el Evangelio nos presenta a uno de los grandes protagonistas, junto a María, de este tiempo de Adviento, San Juan el Bautista, quien con su manera pobre de vivir, con su desprendimiento, su entrega constante va predicando un bautismo de conversión, pero a la vez indicando que detrás de él viene el Señor, el Mesías que bautizará con el fuego del Espíritu Santo.

Que profundicemos en el conocimiento que nos da la Palabra de Dios proclamada, y así como significamos con los cirios de la corona del adviento, esta semana dos encendidos, que la luz del Señor nos va iluminando, así nos dejemos convertir por la Palabra para que de verdad tengamos bien dispuesto en nuestro corazón un pesebre para el Señor que quiere nacer en cada uno de nosotros, en nuestros hogares, en nuestra Comunidad, en la Iglesia.

Que paséis un feliz Domingo día del Señor, lleno de paz de de bendicionos para todos vosotros.


Fr. Francisco E. García, O.P.

jueves, 7 de diciembre de 2017

8 DE DICIEMBRE: LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA.



TODO CAMBIÓ CON EL “SÍ” DE MARÍA.

En la primera lectura se nos presenta la historia de Adán y Eva, para anteponer a estos personajes que nos traen la ruina por el pecado los nombres de Jesús y de María que son los artífices de ese plan de salvación que Dios tiene para la humanidad.
El pecado acecha donde sobreabunda la gracia de Dios, por eso la serpiente acecha a la Virgen María y a su Hijo con intención de herirlos, pero el Dios del amor que vela por nuestra salvación sabe proteger a la Mujer, nueva Eva, que nos facilita con su sí la salvación que nos ofrece con cu entrega y sacrificio Jesús, el nuevo Adán, el hombre nuevo que en sí renovará a toda la humanidad caída y por los Sacramentos de la Iglesia nos hará nuevos a todos. Para llegar a la salvación tiene que morir en nosotros ese hombre viejo que procede de Adán y resurgir de las aguas del Bautismo el hombre nuevo que con y desde la Iglesia formemos parte de la humanidad redimida por el Señor.

Ya nos lo dice con perfecta claridad San Pablo en la carta a los Efesios: Hemos sido elegidos en la persona de Cristo, antes de la creación del mundo. Dese ese inicio de todo lo que existe Dios ya nos tenía pensados, estábamos en su plan, pensados para una vida plena, de gracia, de amor, de felicidad, de gloria. Una gran pena que el pecado todo lo arruina y malogra, por eso aferrémonos a la Gracia de Dios y que nos ayude a morir cada día al hombre viejo para ser nuevas criaturas en Cristo el Señor.

El Evangelio de Lucas nos habla de ese Sí de María, el sí que posibilitó realizarse el plan de salvación de Dios para todos, el sí que abre la puerta del cielo para que por ella descienda a nosotros la Palabra encarnada, el sí de la joven humilde que quiere en todo hacer la voluntad de Dios aunque se le escapen conceptos y detalles que el Ángel del Señor tendrá que aclarar al decirle a María la situación presente de la pariente Isabel y su embarazo a pesar de la edad avanzada de los padres. Y ese sí irá día a día aclarando en el corazón de María tantas cosas que sin entenderlas las guardaba para en las noches de oración ir pensando en ellas y meditándolas. Que afortunada María, no tenía móvil, no sacaba fotos de cada acontecimiento, de Jesús naciendo entre animales por no tener lugar en la posada, ni de la presentación como pobres ofreciendo un par de tórtolas, ni cuando se perdió en el templo, ni cuando sangró de pequeño a consecuencia de una caída, ni de la salida de noche para uir a Egipto y salvar al niño ni de tantos otros recuerdos. Nosotros todo lo quereos gravar, sacar vídeos y fotos, pero por desgracia pocas cosas guardamos, como María, en nuestro corazón, así vivimos la vida que pasa tan rápidamente y tan vacía para tantas personas.
¡Aquí está la esclava del Señor!, ese es el resumen de toda una vida de amor a Dios y entrega al plan de salvación de la humanidad, que nosotros tengamos para Dios en nuestro tiempo muchos momentos de aceptación como María, para que se haga en todos la voluntad de Dios y no nuestra voluntad ni nuestros caprichos. Que su Inmaculado Corazón interceda constantemente por cada uno de nosotros ante Dios nuestro Padre, ya que INMACULADA tenía que ser la que aceptó hasta las últimas consecuencias ese plan de dolor y espada clavada en el corazón, de huidas y carreras para salvar al Hijo de la serpiente del pecado, de soledad por las ausencias del Hijo cuando comenzó la vida pública, de desprecios, persecución, pasión y muerte en una Cruz y de muchas horas de oración para consolar a los Apóstoles abatidos por el desánimo hasta que Pentecostés lo llenó todo y puso de nuevo cada cosa en su lugar.
Que peséis un feliz día de la Inmaculada.


Fr. Francisco E. García Ortega, O.P.

sábado, 2 de diciembre de 2017

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO DEL CICLO B.


“ADVIENTO” TIEMPO DE ESPERANZA. LA ESPERANZA ES COMPROMISO.

Comenzamos un nuevo año litúrgico y lo hacemos esperanzados puesto que nos preparamos a la luz de la PALABRA DE DIOS para el encuentro con el Señor que nace cada año en el humilde pesebre de nuestro corazón, en ese rinconcito de nuestra alma, donde más amamos a Dios con nosotros y más nos identificamos con la LUZ que nos trajo Cristo al venir a nuestro mundo, luz que sigue, a pesar de los siglos transcurridos, iluminándonos como personas y también como comunidad cristiana, como Iglesia.

Isaías, en la primera lectura suplica a Dios que llegue pronto esa cercanía de Dios con los hombres, a través de esta primera lectura cargada de nostalgia por que el hombre se encuentre con un Dios cercano, podemos comprender lo afortunados que somos nosotros que vivimos en esta última etapa de la VIDA donde Dios ha bajado de su Gloria y se ha llegado a los hombres y mujeres de nuestro mundo, ha acampado en medio de este mundo, se ha hecho uno de nosotros y nos ha mostrado de manera maravillosa al nuestro Dios Padre de amor, de compasión, de misericordia, Padre cercano y preocupado por cada uno de nosotros.

Son muy bonitas las últimas líneas del profeta donde nos presenta ya a este Dios como Padre y a nosotros arcilla modelada por Él que es el alfarero. Somos todos obra de sus manos, él es nuestro creador.

En la segunda lectura de San Pablo a los Corintios nos habla de lo dichosos que somos por el hecho de ser Cristianos. Dios no nos ha abandonado a nuestra suerte, nos ha puesto a todos en los brazos del Hijo que nos salva y nos ha dado toda la gracia y todos los dones para que podamos llegar a buen puerto. Él, Jesús, es fiel. Nuestra respuesta ha de ser de fidelidad hacia Él.

El Evangelio nos pide estar en vela. No ha de sorprendernos esta llamada del Señor a estar en vela ya que Él vivió toda su vida en vela, atento a la voluntad del Padre, pero también atento a la situación de los hombres. A vigilar los anhelos de la gente, los sufrimientos y las alegrías, las situaciones de conflicto e incluso las situaciones políticas, supo vivir una vida bien activa pero también supo retirarse a la soledad buscando la comunicación con Dios para dar luego al mundo respuestas a tanto interrogante que se plantea a lo largo de nuestra existencia, y esa ha de ser nuestra actitud, nuestro estar en vela no es el mero hecho de estar preparados para cuando Él nos llame, estar en vela implica una constante actitud de defensa de la Comunidad, de la Iglesia, una preocupación por el otro, por el menos favorecido, por el angustiado. Tenemos que aprender a reír con los que ríen, pero también a llorar con los que lloran, tenemos que ser cada uno de nosotros un CRISTO caminando entre los hermanos.

Esto ciertamente no lo podemos conseguir solos, por eso, en este tiempo de adviento, encendemos cada semana una vela del la corona, para simbolizar que semana tras semana estaremos más iluminados a través de la Palabra proclamada y esta Palabra pueda hacerse vida en nosotros, vida para vivirla y vida para trasmitirla.

Que paséis un feliz domingo, día del Señor, Muchas bendiciones para todos vosotros, queridos hermanos lectores.


Fr. Francisco E. García Ortega, O.P.

jueves, 23 de noviembre de 2017

JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO. CICLO A



“Jesús reina a través de su amor, compasión, misericordia y preferencia por los pecadores, los pobres, los perseguidos e ignorados. Por todos los que tienen gran necesidad de Él”.

Con esta fiesta de Cristo Rey del Universo damos fin al año litúrgico y al ciclo A. La semana próxima, con el Adviento, nos introduciremos en una nueva aventura de la Palabra, cercanía del Señor que nos irá orientando semana tras semana hasta mostrarnos el gran misterio de esta PALABRA que se hizo CARNE, uno de nosotros, pues Dios, además de estar siempre en el corazón del hombre, quería venir a nosotros como uno de nosotros y experimentar los gozos y los sufrimientos de nuestra pobre humanidad.

Este reinado de Jesús, tal como nos lo plantea Ezequiel en la primera lectura se nos presenta atípico, no viene con corona y cetro, viene como pastor que se preocupa de su rebaño, viene como pobre que sirve, que se entrega, que se da por todos nosotros. Muy lejos de las realezas de nuestro mundo y de nuestra sociedad donde todos buscan con afán el ser servidos y muy pocos tienen ese espíritu de estar en este mundo con la noble función de servir.

Este Cristo Rey nos dirá San Pablo en su carta a los Corintios nos ha entregado una corona a cada uno de nosotros con su victoria sobre el pecado y la muerte, si por Adán vino la ruina a la humanidad, esta humanidad ha quedado regenerada en Jesús que se entregó al suplicio para nuestra justificación, en él somos salvados.

El Evangelio de Mateo nos presenta a este Jesús pobre y sencillo pero que un día vendrá como REY SOBERANO DE TODOS. Y lo hace de la mejor de las maneras que podía hacerlo. Somos parte de este reino de Jesús en la medida de que compartamos la vida con el prójimo, por eso está muy vigente y más en este tiempo pos crisis económica esto de “tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, fui forastero y me hospedaste, estuve desnudo y me vestiste, enfermo y me visitaste, en la cárcel y viniste a verme…”

Es todo un programa de amor y de vida, no es ni una religión, ni una filosofía, es la vida misma, la vida de la salvación que pasa por actitudes concretas de caridad y auténtico amor y que si no se dan en nosotros no tenemos nada que hacer respecto a esperar una posible salvación, no nos vale decir “no lo sabía”, Jesús ha hablado alto y claro y el que escuche se salva y el que se niegue a escuchar se condena.

Que tengáis un feliz Domingo, día del Señor Rey y Pastor que anima nuestros corazones para darnos la salvación. Un abrazo fraterno.

Fr. Francisco E. García, O.P.

jueves, 16 de noviembre de 2017

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO DEL CICLO A



¡SE TERMINA NUESTRO AÑO LITURGICO, ESTAMOS A LA ESPERA DEL SEÑOR!

El libro de los Proverbios, en la primera lectura nos habla de las virtudes de la mujer que es hacendosa, con no es que la Iglesia quiera resaltar hoy el trabajo de la mujer, más bien quiere resaltar el trabajo de toda persona, es una llamada a la responsabilidad de cada uno de dar de nosotros siempre lo mejor, ya que esta lectura cuadrará luego con el Evangelio que nos presenta el tema de los talentos. Estamos llamados por Dios a producir. Se nos ha dado una inteligencia y unos valores para que cada uno multiplique con su dedicación y esfuerzo en beneficio de todos. Es el caso de esta primera lectura, cuando la mujer de la casa, cuando el hombre de la casa son hacendosos todo marcha bien en el hogar, todo sigue un engranaje que a la larga produce satisfacción y placer, bienestar y alegría y todos los que están en esa casa dan muestras de profundo agradecimiento por la entrega y la generosidad.

“Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien” escucharemos en el Salmo Responsorial, ahora sobre el tema que estamos tratando, nos anima a superarnos, a producir más, a vivir mejor, con más dignidad, más vivencia. Por desgracia son muchos en nuestra sociedad que están en una situación muy precaria, pobre, sin ilusiones en la vida, sin nada. Pero lo más triste de estas situaciones es que son también muchos los que se quedan paralizados, no luchan por cambiar, por estar en mejor situación, con lo que sacan mendigando se sienten satisfechos y esto no puede ser así, eso es esconder en un  hoyo bajo tierra los talentos que Dios nos da y veremos luego en el Evangelio.

San Pablo en su carta a los Tesalonicenses nos advierte de nuestras “seguridades”, muchas veces nos engañan, nuestros planes no son los planes del Señor y los planes del Señor no son nuestros planes, por eso la advertencia del Apóstol, nadie sabe el día ni la hora y hay que estar siempre preparados, y estar preparado es haber producido en la vida frutos que permanezcan, no los materiales que como materia que son terminan aquí, pero los espirituales nos acompañan a la otra VIDA, y a esa VIDA NUEVA no se puede llegar con las manos vacías, hay pre presentar no algo, mucho, y este “mucho” se traduce en buenas obras de amor, compasión y misericordia.

Lo triste de nuestra vida es que sabiendo que el Señor es exigente, nosotros no nos esforcemos demasiado en complacerle, quizás pensando que mejor será dejarlo para más tarde, para lo mismo pensar mañana y el próximo mes o el próximo año y nos sorprenda el Señor con su llamada para ajustar cuentas y tengamos nuestros talentos en el hoyo sin producir frutos, de ser así ya sabemos que podemos esperar. No penséis que Dios es duro, al contrario, es muy comprensivo, pero al mismo tiempo, por justicia con los que sí cumplen, tiene que ser exigente con nosotros y esperar de nosotros los frutos correspondientes a los dones y telentos que hemos recibido. En ningún momento el Señor nos va a exigir más de lo que podemos dar.

Yo creo que un buen maestro que conoce perfectamente a sus alumnos sabe hasta donde llega cada uno de ellos. A la hora de poner una nota no solamente tiene que evaluar el examen en sí, tiene que ser consciente de la capacidad que tiene cada uno de ellos, pues se puede dar el caso de que uno que es muy inteligente y con una memoria que asombra saca siempre sobresalientes sin esforzarse nada, pero otro que no es tan brillante se pasa horas y horas estudiando, se sacrifica a tope, da todo lo que tiene pero sus resultados no son tan brillantes, sin embargo al poner la calificación todo este esfuerzo tiene que puntuar también, es lo justo, es lo merecido. El Señor es así con nosotros, ¡por qué no vamos a ser nosotros así con los demás?.

Que paséis un feliz Domingo día del Señor.
Atentamente,

Fr. Francisco E. García Ortega, O.P.

SOBRE LOS COMENTARIOS A LAS LECTURAS DE CADA DOMINGO

El Domingo XXXII por motivos de un viaje no pude hacer el comentario a las lecturas, pero en El Duende del Perchel ya tengo comentarios de los tres ciclos litúrgicos, así que buscando, buscando se puede encontrar el correspondiente a cada domingo.


jueves, 2 de noviembre de 2017

GUARDA MI ALMA EN LA PAZ, JUNTO A TI, SEÑOR.

DOMINGO 31 DEL TIEMPO ORDINARIO DEL CICLO A



El lenguaje del profeta Malaquías nos resulta difícil de entender, ya que la idea que nosotros tenemos de Dios es muy distinta, nuestro Dios no nos maldice, no desea nuestro castigo, nuestra perdición. Pero sí que es cierto que si de verdad amamos a Dios nuestra respuesta tendría que ser otra. El profeta nos dice: “¿No tenemos todos un solo Padre?, ¿No nos creó el mismo Señor? ¿Por qué, pues, el hombre despoja a su prójimo profanando la alianza de nuestros padres?”. Esta es la cuestión, si no somos bueno unos con otros, si le damos al chisme a la maledicencia, a la difamación, si nos creemos jueces para los demás, pero que a mí no me toquen ni me señalen, si no obramos con misericordia ¿cómo esperar pues que Dios sea misericordioso con nosotros?.

Como en el Salmo necesitamos vivir una vida sencilla, sin altanerías ni ambiciones para estar, ya no solamente en el cielo cuando nos llame Dios, y sí ahora, en los años de nuestra vida en paz, en la PAZ que Dios nos da y nosotros tenemos que disfrutar pues la necesitamos todos para vivir felices. Por eso que gran pecado el de aquel o aquella que se mete por medio de otros y les quita de vivir en paz.

San Pablo en la carta a los Tesalonicenses nos anima a que acojamos con cariño la Palabra de Dios, y no solamente a la Palabra, también a aquellos que la proclamamos, que sepamos valorar esta Palabra y no ver en ella al que la proclama, con sus pecados y defectos o sus virtudes, ver al mismo Señor pues no se trata de proclamar nuestra palabra y sí la de Él. Valoremos esta proclamación que nos vivifica y santifica para que nos mueva a la conversión cada semana, cada día.

La advertencia del Señor que nos habla San Mateo no es a no llamar, maestro, señor o padre a la gente, es a ver más allá de esas personas que se nos presentan pues no cuentan con una autoridad propia, la autoridad y la fuerza son de nuestro Dios, en este sentido solamente Él es el Padre, el Maestro, el Señor de nuestras vidas, todos los demás, ocupen el cargo que ocupen, sean papas, cardenales, obispos, sacerdotes, diáconos, la autoridad que tienen viene de Dios, y ellos, nosotros todos sus servidores, ni más ni menos, el título más hermoso del Papa no es otro que el de “siervo de los siervos de Dios” y eso es lo que somos todos, pobres siervos que tenemos que esforzarnos en eso, servir, darnos, entregar nuestra persona, nuestra vida, como nos decía San Pablo en la segunda lectura, a las Comunidades a las que servimos.


Que peséis un feliz Domingo día del Señor.

sábado, 21 de octubre de 2017

DOMINGO 29 DEL TIEMPO ORDINARIO DEL CICLO A



“DAD A DIOS LO QUE ES DE DIOS Y AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR”

Este domingo ya de por sí es peculiar, celebra la Iglesia la Campaña del DOMUND, un compromiso de toda la Iglesia, por vocación cristiana, a ser parte de las misiones, hoy muy especialmente desde nuestras oraciones y con nuestra limosna. Anunciar el Reino de Dios no es hacer una campaña para comprar Biblias y Catecismos, que sí son necesarios, pero para poder llevar a los pueblos del tercer mundo la Palabra de Dios, esta tiene que ir envuelta en unas condiciones humanas y sociales dignas, a un niño desnutrido, sin pan, sin agua no se le puede hablar de Dios si no es dándole una vida más digna y la comida necesaria para sobrevivir, lo demás vendrá por añadidura.

Yo soy el Señor y no hay otro, y este Dios que anuncia Isaías a Ciro es el Dios que nos anunció a cada uno de nosotros Jesús nuestro Redentor. También él nos ha marcado, nos ha puesto una insignia, una cruz en la frente, en el pecho, en el corazón que nos identifica con los seguidores del Evangelio y nos transforma a cada uno de nosotros en predicadores de su Palabra para llevar a todas las partes del mundo el anuncio del Reino, pero un anuncio personalizado, concreto, de persona a persona, mirándoles a la cara, contemplando sus realidades, sus necesidades, sus vidas. Así el Señor se acerca a la gente de nuestro mundo y de nuestro tiempo a través de cada uno de nosotros, no importa que estemos a miles de kilómetros de distancia, si a uno de los pequeños de Dios les llega, aunque sea, un baso de agua fresca en un día caluroso, esto no quedará sin recompensa. No es necesario estar en la Misión en primera fila, eso ciertamente tiene mucho mérito, tiene mucho valor, es más que dar de lo que uno tiene, los misioneros se dan ellos mismos por la causa del Evangelio, pero ellos sin un ejército de retaguardia que les suministren lo que necesitan, poco pueden hacer, por eso tu aportación es tan valiosa a la hora del anuncio de la Buena Nueva.

Pablo a los Tesalonicenses como a nosotros que nos esforzamos en cumplir con la voluntad de Dios y el compromiso del anuncio del Reino nos desea GRACIA y PAZ. Este agradecimiento de Pablo a las Comunidades cristianas de Tesalónica es idéntico al agradecimiento de los cristianos que reciben nuestra ayuda, cercanía y consuelo, un corazón agradecido nos fortalece en la fe y nos hace ser con mucho mejores testigos del Evangelio de Jesús. Con nuestras obras reafirmamos nuestra FE.

El Evangelio de Mateo nos habla de esa pregunta con trampa que los fariseos presentan a Jesús sobre si es o no lícito pagar el impuesto al Cesar. La respuesta de Jesús no podría ser otra que “DAR A DIOS LO QUE ES DE DIOS Y AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR”. La cuestión es que damos nosotros, que aportamos a nuestra sociedad y que aportamos a Dios, si ciertamente hay un equilibrio entre lo uno y lo otro. Curiosamente cada domingo cuando se recoge la colecta que se hace en las celebraciones de las misas lo que más abundan son las monedas de menos valor. No podemos tener un corazón mezquino para Dios, en el Antiguo Testamento se daba para Dios el diezmo y las primicias, ¿Qué le damos nosotros?, pero también cabría que nos preguntáramos ¿Qué espero yo de Dios, que me puede dar si a Él le doy con corazón mezquino las migajas que caen de mi mesa?.


Hermanos queridos, que la Palabra de esta semana os conforte y ayude y que tengáis un feliz Domingo, día del Señor, en verdad gracia y paz para todos vosotros, que Dios os bendiga siempre.

sábado, 14 de octubre de 2017

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A



“-Amigo, ¿Cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?”

Vamos avanzando en este Mes de la Virgen del Rosario y rezo del mismo, hemos vivido en nuestro templo los cultos a la Virgen predicados por el Señor Obispo Mons. Juan José Larrañeta, O.P. que con un lenguaje de Pastor con olor a oveja ha sabido llegar tanto a la gente sabia y entendida como a los más humildes y sencillos y ha logrado día a día entusiasmar a la feligresía que prácticamente cada día llenaba el templo de Santo Domingo.

Hoy la Palabra comienza hablándonos de que seremos invitados a un banquete exquisito en el monte del Señor, allí no solamente saciaremos nuestra sed y nuestra hambre, allí recibiremos, en el monte santo, el consuelo del Señor, ya que solamente él puede saciar todas nuestras necesidades, solamente él puede responder a todas nuestras preguntas, solamente él puede llenar todos nuestros vacíos, él todo lo completará, a cada uno de nosotros nos ha de saciar, nos ha de confortar.

En nuestra espera a este día dichoso tenemos, como el Apóstol San Pablo, en la pobreza o en la riqueza, en la hartura o en el hambre no dejar a un lado al Señor, pues como él tenemos que decir y decirnos a nosotros mismos con mucha frecuencia esta frase de la segunda lectura que tendríamos que enmarcar en oro: “Todo lo puedo en aquel que me conforta” y poner nuestro corazón no en las angustias, en los miedos, en el que será el día de mañana y sí en el Dios que es amor, compasivo y misericordioso, cercano al hombre, que con suma generosidad proverá todas nuestras necesidades.

En el Evangelio, con esta parábola de Jesús del rey que invita a la boda de su hijo, una vez más nos muestra el Señor como desperdiciaron tiempo, leyes, vida aquellos a quienes estaba en primer término destinados a experimentar el reino de Dios y por sus apegos, costumbres, ceguera no fueron capaces de reconocer al Mesías cuando llegó, por eso manda a sus criados salir a plazas y caminos para que todos, también nosotros, los pueblos gentiles, fuésemos invitados al banquete del Hijo.

Pero curiosamente en la parábola el Rey que saludó uno por uno a todos los comensales reparó en que uno no tenía la ropa adecuada para tal acontecimiento. Nosotros somos invitados todos los días al gran banquete de la Eucaristía y tenemos que pensar seriamente si nos acercamos a este Sacramento con la limpieza adecuada y la ropa de fiesta o por el contrario vamos a recibir al Señor sin pensar siquiera en qué condiciones estamos.

Ya no se trata de la ropa literalmente, pero dado que últimamente parece se ha perdido el juicio en muchas personas, bueno sería que más de uno pensaran que entrar con esas ropas en la iglesia no es mi mucho menos adecuado y menos aún acercarse a recibir la comunión vestidas o vestidos de tal manera, y que decir de los “modelitos” en bautizos o bodas, algunos rayan ya con el escándalo y algún día se encontrarán con que alguien les dirá que así, con esas maneras de vestir no se puede entrar en una iglesia.

Pero lo más importante es ese vestido interno, como tienes tu corazón, como está de limpia la vestimenta del alma, pues en la presencia de Dios, por tanto en la Comunión y cuando se recibe cualquiera de los sacramentos todo ha de ser blancura, limpieza total, esplendor, precisamente el Sacramento de la Penitencia está para eso, para darnos ese esplendor que tenemos que tener a la hora de acercarnos al banquete que el Señor nos ofrece especialmente cada domingo.


Que paséis un feliz Domingo, día del Señor y Él os colme con sus abundantes bendiciones, tanto para vosotros como para vuestros familiares y amigos, más concretamente para aquellos que más necesitan de la bendición del Señor.

miércoles, 4 de octubre de 2017

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO DEL CICLO A.




EN ESTOS TIEMPOS REVUELTOS NO DEJEMOS DE CANTAR UN CANTO DE AMOR A LA VIÑA DEL SEÑOR DONDE TODOS, JUNTOS, HERMANADOS, ALEGRES, TENEMOS QUE TRABAJAR.

Isaías en la primera lectura nos “obliga” de alguna manera a pensar. ¿Qué hago yo con mi vida?, ¡Qué produzco en beneficio del Padre que me dio la vida, me ofreció un gran número de ideas, capacidades, deseos, para que se plasmen en hechos concretos que beneficien a mis hermanos y me beneficien también a mí?.

Es penoso este lamento de Isaías, el verse obligado el amigo a quitar la valla de la viña, despojar su “tesoro” de la protección que tenía, abandonarla a su suerte y todo por negarse a producir, a dar el fruto que de ella se podía esperar.

Así sucederá con cada uno de nosotros que malgastando tiempo y recursos estamos en otra parte en vez de estar trabajando donde el Señor nos quiere y nos necesita. No tenemos escusa, no podemos culpar a nadie, somos responsables de lo que somos, de lo que hacemos a diario con nuestro cuerpo, con nuestra alma, con nuestra vida, con nuestros hermanos, con nuestro entorno, con nuestra Iglesia, con nuestra Patria, con nuestro MUNDO, sí, también con la naturaleza y toda la obra creadora de Dios que ha puesto en nuestras manos no para que abusemos y sí para usar de ella desde el amor y el respeto por toda criatura, por la vegetación, por el ambiente.

Recordemos, y las lecturas de este tiempo relacionadas con la VIÑA nos habla de ello, que el pueblo de Israel desperdició su tiempo, perdió su oportunidad al no estar a la altura de miras que el Señor por boca de los profetas esperaba de ellos. Lo verdaderamente terrible sería que nosotros, cristianos de a píe, nos despistemos de lo esencial del Evangelio de Jesús y tenga que venir Dios un día a quitarnos a nosotros también de su camino por falta de miras. Ya de por sí es bastante alarmante ver como muchos que se dicen llamar Católicos tradicionalistas atacan con saña y dureza al Papa Francisco y a los Pastores que siguen su estilo de ir a las fuentes, al Evangelio, a asemejarnos más y mejor con el Jesús pobre que ama a todos, que quiere que todos se salven, que todos lleguen a la felicidad que el Padre nos ofrece, pero que ellos con su mentalidad tradicionalista se han quedado anclados en cuatro ropajes, ritos, gestos, normas, leyes… esto suene a algo ya antiguo, suena a una actitud que tendríamos que tener ya de sobra superada: LA ACTITUD DE LOS FARISEOS.

San Pablo en la carta a los Filipenses nos exhorta a no preocuparnos de otra cosa que no sea la de que llegue al Padre nuestra oración, y sabemos por el Evangelio que antes de presentar nuestra oración al Padre tenemos que tener nuestro corazón limpio de ofensa alguna a nuestro prójimo. Así como desechar lo que no sirve para dar importancia a lo que en verdad vale para nuestra salvación.
En el Evangelio de San Mateo se nos relata una parábola que nos introduce en el tema planteado ya por Isaías, el profeta habla de lo que sucederá en Israel algún día, Mateo nos dice lo que sucede con Jesús, sacado de la ciudad santa y crucificado a las afueras.

Triste es el último anuncio de Mateo que narra lo predicado por Jesús: “Por eso os digo que se os quitará a vosotros el Reino de los cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”. Estas palabras nos tienen que hacer pensar que estamos haciendo mal y que hacemos bien, que tenemos que quitar de nuestra vida y a que tenemos que adherirnos para no sufrir el mismo castigo ni tropezar de nuevo en la misma piedra. Tenemos como ventaja respecto a la tozudez del pueblo judío en tiempos de Jesús, que Él nos ha mostrado como es, como actúa, como ama nuestro Padre Dios. Que perdona siempre, que nunca se cansa de perdonar porque su amor supera incluso la idea que nosotros podamos tener de lo que es e implica realmente AMAR.

Por este motivo mostremos en la celebración de la Santa Misa nuestro agradecimiento a Dios, vivamos toda la celebración con cada una de sus partes, que todas forman el conjunto de lo que en verdad celebramos en la MISA y no desechemos algunas de ellas por pensar que son menos importantes o por creer que otras nos son de más necesidad. La Misa es Misa cuando la celebramos y vivimos entera, participando en toda ella, no limitándonos a contestar y a comulgar, tenemos que VIVIRLA, pues sin esta vivencia difícilmente acertaremos a realizar el trabajo que el Señor nos encomienda en su viña, sin una escucha, sin un dialogo, sin nada que presentar a Dios en el ofertorio de nosotros mismos, de nuestra propia cosecha la Misa puede ser tan vacía, tan sosa, tan sin vida como esa viña sin cerca pisoteada y expuesta al pillaje.


Que paséis un feliz Domingo, día del Señor, que todos nos esforcemos, con alegría, a trabajar en su viña.

jueves, 28 de septiembre de 2017

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO DEL CICLO A




“ESTAMOS EN CAMINO HACIA EL REINO”

Sí, hemos comenzado un camino hacia Jesús, caminar hacia él significa que hemos emprendido la marcha de la justicia, el amor fraterno, la humildad y sobre todo, para llegar cómodamente a la meta, un camino de conversión constante, un aprendizaje muchas veces a base de tropezones de retornar al camino marcado, cuando por causa de nuestra manera de ser, nuestras prisas, nuestros egoísmos queremos coger atajos que pronto nos demostrarán no llevarnos a parte alguna si no a otros derroteros donde nos espera el precipicio, la ruina.

Salir de la seguridad del camino marcado por el Evangelio es, como dice la primera lectura hablando del proceder de Dios, “cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió”. Lo mismo que “cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo, y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida”.

Lo tenemos fácil, el Señor que nos ama por encima de todo y que nunca se cansa de perdonarnos nos da los instrumentos para rehacernos y encaminarnos de nuevo por el camino de la salvación. Él ha muerto en una CRUZ por amor a toda la humanidad, pero más concretamente por amor a los pobres descarriados, para que tengan el coraje de rehacerse y enfrentarse a sus demonios y volver a Jesús.
Como confiamos que esto es así, repetimos una y muchas veces, tanto en el Salmo como en la vida: “Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna”.

Esto lo lograremos dejando a un lado el individualismo y viviendo en la unidad de Cristo, es el mensaje de San Pablo a los Filipenses y hoy el mensaje dirigido a todos nosotros cristianos del s. XXI.

Curiosamente nos dice el Apóstol: “No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás”. Muy apropiado para esta mentalidad simplista de nuestra época donde predomina más lo mío que lo nuestro, y es alcanzando a comprender la dimensión de lo nuestro como nos hacemos uno todos nosotros y nosotros uno con el Señor como el Señor es uno Con Dios nuestro Padre del cielo.

Por eso es necesario hacer un alto y ver cómo estamos de actitudes, que es lo que nos plantea San Mateo en el Evangelio de hoy cuando el Señor, en una de sus parábolas nos habla del padre que manda a sus dos hijos a trabajar a la viña, el uno le dice que sí, pero no va, el otro que no, pero va.

Con esto alude a la actitud farisaica que viniendo el Hijo de Dios que había sido anunciado desde antiguo por su apego a la ley y las costumbres son incapaces de reconocerle cuando llega. También a nosotros nos advierte el Señor que podemos quedarnos al borde del camino si nuestras actitudes no concuerdan con el Evangelio de Jesús.


Hermanos, que meditemos la Palabra proclamada este domingo, día del Señor y que la felicidad que sólo da Dios habite en vuestros corazones. Feliz día del Señor.

jueves, 21 de septiembre de 2017

LOS DOS BANQUETES DE SAN MATEO






Hoy celebramos la fiesta de San Mateo, el rico publicano que quedó maravillado de la inmensa pobreza de Jesús y decide invitarlo a un banquete en su casa para conocer al Maestro. En este banquete no solamente se convierte Mateo al Señor, se convierten cantidad de pecadores y publicanos que al ver el ejemplo de la conversión de Mateo les arrastra a ellos también a buscar al Señor y seguir sus pasos de paz, amor, comprensión y misericordia.

El segundo banquete es el interno, según nos dice el Apocalipsis: “Mira que estoy a la puerta y llamo, si quieres entraré en tu casa y comeremos juntos”. Mateo después de este primer encuentro con el Señor ya abrió la puerta de su corazón para que el señor habitara de continuo su corazón. Su vida ya quedó ligada hasta la eternidad con el Maestro.


Que nosotros sepamos renunciar a tantas cosas materiales que no nos aportan nada espiritual y abramos nuestro corazón, como San Mateo, para que el Señor sea el invitado a compartir nuestra vida con él y así logremos la felicidad verdadera.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO DEL CICLO A:

Terremoto en México




“EL SEÑOR NOS PAGARÁ SEGÚN NUESTRO ESFUERZO AL ATARDECER DE LA VIDA

Isaías en la primera lectura nos llama a volver nuestro corazón a Dios, está ahí, está cerca y hemos de caminar para encontrarnos con él. La experiencia de la vida nos dirá una y mil veces que aunque andemos despistados respecto al Señor el se manifiesta, se acerca a nosotros, se hace el encontradizo, pues esos planes de Dios no son otros de que nos demos cuenta de una vez que por muy “lejos” que veamos el cielo él se abaja a nosotros para mostrarnos si compasión pues es un Dios misericordioso.

En la carta de Pablo a los FILIPENSES, nos muestra esta incógnita sobre lo que quiere con su vida. Ojala cada uno de nosotros pudiéramos tener claro que si partimos ya de este mundo vamos a estar por siempre con Cristo en su gloria, o incluso que pidiéramos al Señor que prolongue más los años de nuestra existencia en este mundo pues nos sentimos necesarios para la vida y salvación del prójimo.

Pero hemos de ser prácticos, en la vida y en la muerte somos del Señor, así que bien aquí o bien en la gloria de Dios anhelamos o debemos anhelar estar con el Señor.

El Evangelio de Mateo nos narra la parábola del jornalero que contrata trabajadores para su campo a distintas horas del día y al final para a todos lo mismo indignando esta actitud a aquellos que habían trabajado más horas en la jornada. Ante esta parábola lo que sí tenemos que tener claro es que el Señor siempre para al atardecer. Por eso nuestra vida tiene que ser una constante preparación para ese atardecer, para estar trabajando, que no nos sorprenda ociosos, y mucho menos envidiosos, pensando que si llevamos toda la vida siendo cristianos tenemos más derechos o más recompensa que aquellos que se unieron a él a última hora.

Pidamos al Señor que al atardecer de nuestra vida seamos juzgados por haber vivido una existencia  plena de amor, compasión y misericordia para con nuestros hermanos. Nada peor para el cristiano de a píe que sentirse superior, prepotente, imprescindible, para Dios todos somos igual pues él nos ama a todos con su corazón misericordioso y perdona siempre, la cuestión es si el hombre prepotente puede acercarse al perdón de Dios, no por cuestiones de Dios que siempre está dispuesto a perdonar y sí más bien por razón de prepotencia que hace al hombre orgulloso pensar que lo puede alcanzar todo y llegar a lo más alto sin necesidad de Dios. Cuidemos nuestra humildad, nos es muy necesaria para llegar al Señor.

Que paséis un feliz Domingo día del Señor y que en vuestras oraciones no os olvidéis en estos días del sufrimiento en América, por los terremotos en México, los huracanes repetidos por todo Centro América y el Caribe. Que nuestra oración, desde la distancia, sea solidaria con los que sufren estas desgracias naturales. Que pensemos que con todo esto ya hay bastante sufrimiento en nuestro mundo para que venga el hombre con su odio, su maldad y su pecado a crear guerras, terrorismo y daño en el corazón de las personas que quieren una vida tranquila y pacífica.



jueves, 7 de septiembre de 2017

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO DEL CICLO A.



“Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.


Según la primera lectura de este domingo, el profeta Ezequiel nos recuerda que somos atalaya, no estamos en la vida por un accidente de la naturaleza,  hemos sido “pensados” por Dios y él nos ha traído a este mundo con un propósito, una misión. Dentro de este propósito de Dios no es el mirarnos a nosotros mismos, el buscar nuestra salvación, nuestra felicidad, seremos salvados, seremos felices en la medida que miremos a los demás con entrañas de amor, de misericordia, cuando nos preocupemos por la salvación de todos, sin rechazar a nadie, sin excluir, sin tener “mi parcela” de la que me preocupo o por la que lucho descartando a las otras parcelas.

En la Carta de San Pablo a los Romanos el Apóstol nos habla del amor, que es el ceñidor de todo, pues quien ama no peca, pues el amor vence al pecado, vence al egoísmo y vece a todo mal, ya lo decía con otras palabras pero muy parecidas San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”. Que es lo mismo a lo dicho hoy por San Pabro: “El que ama tiene cumplido el resto de la ley. Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso AMAR ES CUMPLIR LA LEY ENTERA

De esta manera conectamos también con lo dicho en la primera lectura por Ezequiel, sin amor no podremos jamás ser atalaya de nadie ni para nadie, solamente el amor puede darnos la fortaleza necesaria para salir de nosotros, de nuestros egoísmos, de nuestros problemas y necesidades, de nuestras cruces y penas para fijarnos en el otro que camina a nuestro lado, en el resto de los hombres y mujeres que viven a nuestro alrededor. El amor vence todo, derriba toda muralla, sacude las durezas de los corazones más egoístas, doblega las voluntades más cerradas en si sí mismas y nos abre a la aventura del dar, del compartir, de vivir con ilusión y esperanza la vida de comunidad; la comunidad familiar, la parroquial, la religiosa, la vecinal, la municipal, la nacional, la comunidad mundial. Somos seres sociables, no seres individualistas, hemos nacido para vivir juntos, amarnos juntos, compartir lo que somos y lo que tenemos, no por profesión, por vocación, con los demás.

En el Evangelio de San Mateo nos viene a repetir la misma idea, pero pone el dedo en la llaga. Somos muy dados al chisme, a la crítica, a la difamación de aquel que nos ha hecho algo o simplemente no nos cae bien, pero Jesús nos habla de la corrección fraterna. No te quedes con la ofensa rumiándote tu interior y destrozándote por dentro, corrige al hermano, dile lo que hace mal o dice y no es cierto, pero desde la caridad, que es el amor.

Nos quiere hacer pensar Jesús en lo valioso que es el estar unidos, libres de egoísmos y discordias, de esta manera es cuando conseguiremos de Dios, si lo pedimos en comunidad y estando nuestros corazones en paz, nos dará todo lo que necesitemos, nos dice: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Hermanos, feliz domingo, feliz día del Señor para todos vosotros, que os colme de sus bendiciones.

domingo, 3 de septiembre de 2017

MI VIDA, MIS ANHELOS Y JESÚS



Anhelar el proyecto de Jesús ha de ser la tarea que nos recomienda este Domingo XXII del tiempo ordinario. Contemplar esta vida nuestra tan dada a soñar con fantasías, con una existencia sin dolor, sin penas, sin sufrimiento; quisiéramos que hasta sin muerte... Pero hoy viene Jesús a decirnos que su vida ha de pasar por la pasión, por la CRUZ, por la muerte para llegar a la resurrección, a la VIDA auténtica, a la misión encomendada por el Padre Eterno.

Pero esta vida escogida por el supremo AMOR redentor de Cristo es la que nos pide que hagamos nuestra. Este mensaje evangélico de hoy nos advierte que de nada nos vale ganar el mundo entero si malogramos la VIDA, el alma, que no es caduca, que es eterna, que está destinada para la eternidad junto a Dios.

Las palabras del profeta Jeremías, seducido por Dios, pero roto por dentro ante las limitaciones humanas y la sordera de aquellos a quienes estaba destinado su mensaje nos tiene que hacer pensar que nuestro mundo no es tan distinto ni está tan distante como el mundo de Jeremías. Nuestra predicación, nuestra palabra, nuestra misión se puede ver amenazada ante la indiferencia del mundo, el endiosamiento del hombre, la apatía del cristiano que no se esfuerza en alcanzar el misterio de Jesús, que cree, pero con fe caduca y limitada, reprimida y vana por los tentáculos del mal en el mundo que todo lo quiere presentar como relativo, difuso, confuso y nuestra pobreza nos hace ser seducidos, pero no por Dios y sí por la corriente del mal que fluye por la vida.

La clave para salir de esta lamentable situación está como siempre en el Señor. Él nos anima como el Apóstol en la segunda lectura a ser "hostias vivas" es decir, presencia de Dios que es capaz de darse, de inmolarse por los demás; hombres y mujeres de este siglo XXI capaces de dejar de estar todo el día contemplándonos como si fuéramos nosotros el CENTRO DE TODO y no lo somos, el CENTRO es Cristo, pero llegar a este centro significa tener claro que hay que coger con esperanza y fe la cruz de cada día y seguir los pasos del Maestro, y no sólamente esto, al mismo tiempo que aprendemos a cargar con nuestra cruz no dejar de ver a quienes peregrinan a nuestro lado con cruces demasiado pesadas y necesitan de nuestra aportación, nuestra cooperación. Hay que alargar la mano con intención de empujar, salir de nosotros mismos, ser solidarios con los demás.

Por eso Cristo abrazó su Cruz solidaria, hecha de los pecados de todos para redimir, purificar, sanar a la humanidad, no a un grupito o a los cristianos, a todos, a toda la humanidad.

Que Dios os bendiga en este Domingo.


Palomas blancas llegaron bien


Lignum Crucis





Se han terminado ya las vacaciones, devuelta en la rutina, pero también en la ilusión del trabajo, de poder servir al Señor por los hermanos, por la feligresía pues la vida del cristiano no es ser maestros, padres, sacerdotes, esta vida cotidiana no es otra cosa que ser compañeros unos de otros del peregrinaje hacia la Casa del Padre, y en este peregrinar todos vamos juntos, todos necesitamos ayudarnos unos a otros, todos enseñamos algo valioso y todos aprendemos algo de gran valor de los que peregrinan a nuestro lado.

Una única salida de mi pueblo de Ormas, como peregrino a ganar el Jubileo del Año Santo a la Santa Cruz de Santo Toribio de Liébana. Una experiencia maravillosa. Fuimos mi hermano José Ramón que me llevó en su coche y yo, llegamos antes de las 10 de la mañana, a las 10 entramos por la puerta del PERDÓN y adoramos la Santa Cruz, esperamos a las 12 para la Misa del Peregrino, que siendo lunes estaba abarrotada la iglesia de gente, peregrinos de toda España, de lugares remotos de Europa y de otros Continentes. Una auténtica experiencia religiosa.






jueves, 27 de julio de 2017

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO DEL CICLO A.

No hay texto alternativo automático disponible.


“DIOS NOS HA DADO UNA GRAN CAPACIDAD, SABER ELEGIR. SABER OPTAR ENTRE ALGO BUENO Y ALGO MALO”

En la primera lectura del libro de los Reyes, Salomón agradece a Dios haber sido elegido por Él para suceder a su padre el Rey David, la actitud suplicante y el corazón agradecido de Salomón agradó a Dios, lo mismo que le agrada cada vez que nosotros le reconocemos como Dios, le damos la importancia que tiene y se merece, acudimos a él, somos capaces de renunciar a algo malo para no desagradarle, o simplemente obramos el bien pues lo hacemos por amor a nuestro Dios que nosotros siempre es compasivo y misericordioso, no tenemos que amarle por ser quien es, o por obrar como obra con nosotros, le amamos como respuesta de su gran amor. Ojala, como Salomón, cuando invocamos a Dios no nos llenemos la boca de peticiones y le pidamos cosas sencillas que nos sean útiles para vivir sencillamente la vida, ser prácticos como lo fue Salomón.

Dios nos ha creado en total libertad, por esa razón bendice y santifica con intensidad al corazón que sabe elegir, que elige bien. No olvidemos nunca que de nuestra elección dependemos nosotros y dependen aquellos que comparten la vida con nosotros.

Los que aman a Dios todo les sirve para el bien, son las palabras de San Pablo a los Romanos que escuchamos hoy, es la realidad de la vida, el amor procede de Dios, y el amor no defrauda, nos hace sen más aceptables unos a otros, más valerosos para los demás, particularmente para aquellos más desfavorecidos, si no hay auténtico amor poco valor tenemos, poco que aportar, poco o muy poco para dar.

El evangelio recoge un poco el espíritu de estas dos primeras lecturas y nos lo muestra con las parábolas del tesoro en el campo  o la del comerciante en perlas finas. Son parte de este discurso central de San Mateo y que nos quiere hacer pensar sobre la importancia de ganar el Reino de Dios, ofrecido a nosotros por Jesús y que conlleva adherirnos a él. Así como este hombre del campo que encuentra el tesoro o de este otro comerciante en piedras finas se encuentran con algo de un valor insospechado y no vacilan en desprenderse de todo lo que tienen para adquirirlo, nosotros hemos de pensar seriamente si el apegamiento a tanta pequeña minucia realmente puede llenar nuestra vida, sobre todo cuando tenemos al Señor que nos ofrece algo de gran valor, que supera los años de nuestra vida en este mundo, que va más allá de lo meramente material, nos ofrece el Reino, el cielo y caminar hacia ese Reino de Dios conlleva estar ya inmerso en el mismo Reino.

Jesús habla a un pueblo que está sumergido en la antigua tradición judía, y ofrece la novedad de su reino, por eso nos anima a sacar del arcón de lo nuevo y de lo antiguo.

No podemos quedarnos anclados en un pasado, en lo tradicional, en lo antiguo, tenemos que renovarnos y aportar lo nuevo para que nos sirva de salvación, pero siempre desde el amor, echar mano de ese amor que Dios nos tiene y de ese amor que nosotros le tenemos a Él, para así aumentar nuestro amor a la Iglesia, a la familia, a la Comunidad donde vivimos y experimentamos cotidianamente la fe; principalmente ese amor que tenemos que mostrar hacia el que está solo, afligido, enfermo, impedido.

Para conseguirlo y acertar en este empeño no olvidemos que somos LIBRES, y desde esta libertad tenemos que acertar en las opciones que tomemos en el caminar de la vida para no perder la senda que nos lleva a Dios Padre.

Que paséis un feliz Domingo, día del Señor y que Él os colme de paz y bendiciones.