¡Cristo ha resucitado, Él está vivo!
El sepulcro está vacío, los ángeles anuncian a las
mujeres que anuncien a sus discípulos que en Galilea le verán. Hoy Domingo de
Pascua hacemos oraciones de gratitud a un Dios que encarnándose se hizo pobre,
y para salvarnos de las cadenas que nos esclavizan nos liberó a precio de su
propia sangre. Ese Cuerpo torturado, azotado, vejado hasta el extremo y que
murió en una Cruz es el que nos alimenta, nos da la VIDA, esa Sangre derramada
hasta la totalidad es la que nos reconforta.
Vivamos con esperanza en medio de tanta desesperación. No, no es el
CRISTIANISMO un opio, una droga que nos atontona, nos nubla el deseo, la razón.
Al contrario, estando con Cristo, unidos a él estaremos más despiertos, con los
píes bien sujetos a la tierra que pisamos, pero con el corazón, juntos,
hermanados, unidos con él, por él y en él siendo pueblo de Dios, asamblea
santa, pueblo sacerdotal, estirpe de Dios, luchando para apartar el mal, venga
de donde venga, tráigalo quien lo traiga de nuestro mundo. Con Cristo seremos
LIBRES. Sin Cristo solamente encontramos un pueblo de esclavos y opresores.
Donde no hay amor reina el caos.