miércoles, 9 de marzo de 2011

Carta del Párroco de Santo Domingo:

Carta del Párroco de Santo Domingo a los hermanos de la Congregación de Mena y Cofradías de Dolores del Puente y de la Estrella. Con motivo de la Beatificación de Juan Pablo II:
 


LA SANTIDAD DE VIDA:

En mi vida ha quedado marcado un hecho que en mi niñez era algo cotidiano, sobre todo cuando mi abuela materna nos visitaba y se quedaba en casa algunos días, hecho que afortunadamente para mi era bastante frecuente.
En las noches de invierno, cuando oscurece pronto y la nieve invita a acostarse pronto, mi abuela me leía la vida de algún santo, tomada de un antiguo Año Cristiano de doce tomos que había en casa.
En estas historias habían detalles vividos por casi todos los protagonistas, los santos, una inmensa alegría, una fuerza interior grandiosa, un espíritu sencillo, en algunos casos tan sencillo que hoy veríamos como “tonto” o “ciego”, una bondad sin límite…
Todos esos dones o cualidades que uno admira en la vida de los santos, con el tiempo, nos damos cuenta que están muy presentes en personas de nuestro entorno, gente que hemos conocido o conocemos y que afirmamos con toda naturalidad este o esta es un santo.
Creo haber leído en Internet refiriéndose a la santidad que ésta es como una mesa de tres patas que se necesitan para sostenerse, una es la Piedad, que no es otra cosa que la vida en Cristo manifestada o vivida desde los Sacramentos que nos ofrece la Iglesia y la piedad creciente en cada uno de nosotros, una piedad que nos impulse a caminar cada día con la energía que arrancamos de la oración. La otra pata tan importante es el Estudio, fundamental para adquirir conocimiento y aportar ideas, es el ideal de la vida de Santo Domingo y por tanto de la vida del dominico: “Contemplar para dar el fruto de lo contemplado, no para uno sentirse repleto, lleno, sobrecargado de conocimiento, sino para darlo, y esto, el hecho de darlo es la tercera pata de esta mesa: la Acción, el testimonio de vida, el predicar con el ejemplo, las actitudes que hacen que nuestra vida no sea una vida repleta de egoísmo, sino más bien una vida dada con generosidad, o en ocasiones dada con sacrificio a los demás.
Cuando el Papa Benedicto recientemente ha anunciado la beatificación de Juan Pablo II para el 1 de Mayo de este año, la verdad que no ha causado sorpresa alguna, y esto es así porque lo hemos conocido y visto muy de cerca, hemos experimentado en él esa fuerza de la que hablaba antes, esa alegría, esa fortaleza de espíritu, hemos visto y escuchado muchos testimonios de su oración, de su  fe y amor a la Santísima Virgen María, se ha notado y ha destacado en toda su vida la Piedad, El estudio y la Acción que he comentado. No, no es sorpresa, es alegría comunitaria la que siente la Iglesia por tener como modelo de vida a este papa, que como otros anteriores a él nos han legado una vivencia que irradia santidad por todos los polos.
Pero lo mejor de la Santidad de Vida es que está al alcance de todos, sin marginar a nadie, sin apartar a nadie, de todo el que quiere ser de Dios, de los que queremos tener a Jesús en nuestro corazón, de los que amamos a nuestra madre la Virgen, de los que queremos dar sentido con nuestras vidas al compromiso del bautismo, así, de manera sencilla pero al alcance de todos.
Que los amigos lectores de esta revista encuentren en su vida la fortaleza necesaria para que viviendo en bondad deis frutos de santidad.


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