viernes, 12 de agosto de 2016

¿Quién es buen profeta?





La verdad es que difícilmente se considera a un profeta como “bueno”, sinceramente creo que si fuera considerado bueno no sería en verdad tan bueno. Ser profeta del Antiguo Testamento o profeta del Siglo XXI conlleva decir la verdad, decir la verdad sabiendo que esta duele, molesta, inquieta.
Desgraciadamente muchos predicamos para agradar y no para decir verdades que puedan herir sentimientos.

La Palabra de Dios de este Domingo XX nos invita a ser auténticos aún sabiendo que podemos ser despreciados o poco queridos si nos mantenemos en la verdad, a la larga para llegar a la verdad hay que renunciar muchas cosas, hay que purificar y purificarse, hay que saber entrar o adentrarse en el misterio de la Palabra revelada y librarnos de presentarla a la gente con adornos y limaduras haciendo de la misma algo suave, blando, atractivo, adaptado a nuestra mentalidad, a las exigencias de nuestro tiempo. No, la Palabra es arma de doble filo, no está en nosotros quitar el corte para que sea atrayente sin que nos comprometa demasiado.


Que goces de la proclamación de la Palabra de Dios este Domingo y no te quejes si el predicador “aprieta demasiado” las tuercas para renovar nuestra conciencia, hay que purificarse mucho para que pueda dejar un mensaje claro en cada uno de nosotros.

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