miércoles, 13 de enero de 2016

II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO C.



“HACED LO QUE ÉL OS DIGA”



Damos inicio a este tiempo nuevo, el tiempo ordinario que este año será interrumpido muy pronto por la Cuaresma que está prácticamente ya al caer, aunque en nuestros corazones aún guardamos la alegría de la Navidad, y tenemos en la memoria las palabras que Dios dirige para nosotros en el Evangelio del Domingo del Bautismo del Señor: “Este es mi Hijo, el amado, escuchadle” y en este domingo nuestra bendita Madre del cielo en el Evangelio también nos dice: “Haced lo que él os diga”.

En la primera lectura de Isaías Dios nos anuncia lo nuevo que viene con Jesús, ese mundo nuevo al que nosotros pertenecemos a él si en verdad tenemos a Jesús en nuestro corazón y guardamos su Evangelio, no solamente lo guardamos, lo tenemos que hacer vida en nosotros y lo tenemos que transmitir con amor a los demás, así cada uno de nosotros seremos profetas del Señor que no se cansan, que no callan la buena noticia, que no dejan de anunciar la Salvación que nos viene de la mano de Jesús, nuestro Señor y nuestro Redentor.

No tenemos que olvidar, como nos recuerda San Pablo en la carta a los Corintios, que hay diversidad de dones, de servicios, de funciones que nos regala Dios por medio de su Espíritu y que actúan en nosotros, no son para nosotros, vienen de Dios a nosotros para que nosotros se los tramitemos a los demás, el fin último de todo DON que Dios nos da es el bien común, es la Comunidad, es nuestra sociedad, no nosotros, no alimentar nuestro ego, no para buscar nuestro aplauso, lo que Dios da es para compartir, para dar con alegría, sin medida, que desborde, sin poner límites ni condiciones, así es él con nosotros y así tenemos que ser nosotros con los demás.

El Evangelio de este domingo es bien conocido por todos, además ha sido proclamado también en este tiempo de la Navidad que hemos vivido recientemente. Se trata de las bodas de Caná de Galilea. Vemos como en el comienzo de esta Manifestación pública de Jesús, María, nuestra Madre, toma protagonismo “intercediendo” con súplica e insistencia por los novios. Y esta intercesión de María es aceptada por Jesús.

Este Evangelio de las bodas de Caná es toda una catequesis. Les falta el vino, les falta la alegría, la ilusión, el entusiasmo, ¿Qué porvenir puede tener una pareja que van al altar en estas condiciones?. Pero lo que es escaso para nosotros por nuestra propia condición, Dios lo hace nuevo, abundante, repleto, desbordante.

“Todos ponen primero el vino bueno, cuando están bebidos ponen el malo. Tu en cambio has guardado el bueno hasta el final”, y es que Jesús hace buenas y nuevas todas las cosas, con él y en él todo es renovado, rehecho, todo es ya otra cosa. Así tiene que ser en nosotros. Dejarnos hacer “nuevos” cada domingo cuando acudimos a su mesa y él entra en nuestros corazones. Tenemos que dejarnos ser renovados por él.

Lo mismo que este “signo” del Señor abrió los ojos de los Apóstoles y empezaron a pensar más y mejor de Jesús, nosotros tenemos que estar atentos para ver los signos que el Señor nos da en nuestro tiempo, para que estemos alerta y no dejemos escapar las oportunidades que él nos manda y no desaprovechemos nuestra vida, que en definitiva sabemos que es demasiado corta y se nos puede pasar la vida en tonterías que no merecen la pena y dejar a un lado, sin apreciar, lo que verdaderamente vale la pena, lo que es del Señor.

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