sábado, 11 de marzo de 2017

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA DEL CICLO A:



“-Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo-“
En Cristo se cumple todo lo dicho por la ley y los Profetas.

En el libro del Génesis hoy escuchamos como Dios dice a Abrahán: “Sal de tu tierra, de la casa de tus padres, hacia la tierra que yo te mostraré”. Y en esta lectura Dios nos dice a cada uno de nosotros prácticamente lo mismo: que salgamos de nuestro terruño, de lo nuestro, de nuestras comodidades, de esta vida que ya tenemos hecha, que le escuchemos a Él y le sigamos a la aventura, pues la vida de la FE es siempre una aventura que requiere disponibilidad, dejar las comodidades, dejarlo TODO y seguirle a Él, así, sin más, con un corazón noble, confiado, grande un corazón que no se deja amilanar ni por las tormentas de las posibles persecuciones ni por el miedo a lo que podamos encontrarnos en el camino, Dios exige que nos levantemos, que salgamos, que nos pongamos en marcha y que caminemos confiados en Él.

Así su misericordia vendrá sobre nosotros, pero es urgente confiar más y mejor, poner en él nuestra confianza, esperarlo todo de quien todo lo puede.

Es lo mismo que nos dice, con otras palabras, San Pablo en la carta a Timoteo cuando nos habla de tomar parte en los duros trabajos del Evangelio, esa dureza no es otra que el sacrificio que supone dejarlo todo por Jesús y por el Evangelio, aunque en muchos ese “dejarlo todo” no sea desprenderse de lo que tienes, y sí más bien ver eso que tienes con ojos nuevos, ojos transformados por el amor y por la fe que te llevan a la caridad constante, ojos de esperanza y de ilusión, ojos que saben hacer nuevas todas las cosas incluso aquellas que siempre resultaban rutinarias.

En el Evangelio de San Mateo, 17, Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan y van a la montaña, también “salen” de la rutina, de lo cotidiano y se lanzan a la aventura, la subida, la escalada es siempre aventura pues si miras ves siempre montaña, solamente cuando llegas a la cima tendrás una perspectiva totalmente nueva e inesperada, tendrás el pago del sacrificio de la escalada, esa recompensa que te llenará de satisfacción.

En este caso Jesús quiere sembrar la esperanza en el corazón de estos tres Apóstoles para que cuando llegue la tormenta de la PASIÓN tengan esperanza en la resurrección. O quizás más que por ellos por ti y por mí, para que cuando llega el desánimo, la monotonía saquemos fuerza de las flaquezas y nos llenemos de la nueva luz envolvente que nos da Jesús, esa luz que lo puede todo, lo penetra todo, lo envuelve todo, todo lo ilumina, todo lo llena de su calor y todo lo transforma.

Que esta “Epifanía de Dios” “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo” realmente resuene en nuestro corazón y pongamos en Él nuestra confianza.


Que paséis un feliz Domingo, día del Señor y que la aventura del camino de la Cuaresma os llene de ilusión y de santa esperanza, feliz y santo Domingo.

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