lunes, 6 de mayo de 2013

VII Domingo de Pascua - La Ascensión del Señor:




BREVE COMENTARIO DE ESTE DOMINGO:

Final del santo Evangelio según San Lucas 24, 46-53

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Y vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto. Después los sacó hacia Betania, y levantando las manos los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos (subiendo hacia el cielo). Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios


COMENTARIO:

Moniciones a las tres lecturas:

Primera Lectura (Hch 1,1-11): ¿Por qué os quedáis mirando al Cielo?
En su Ascensión, Jesús confía su trabajo y misión a los apóstoles. El Espíritu Santo les dará la fortaleza necesaria para dar testimonio de Cristo, el Señor, al mundo entero. Esa es nuestra misión y hemos de hacerlo con hechos más que con palabras para hacer presente a Jesús en nuestro mundo, en nuestras asambleas, en nuestra Comunidad, Es tarea más que individual eclesial.

Segunda Lectura (Heb 9,24-28; 10,19-23): Cristo Fue delante de Nosotros al Cielo, para prepararnos sitio, para enseñarnos el camino.
Cristo nos salvó de una vez para siempre y nos conduce al santuario del cielo. Ésta es nuestra firme esperanza. Nuestra vida está escondida en Cristo Jesús y solamente a Él tenemos que seguir. Él es el único y verdadero Camino, la Verdad plena, la Vida que no acaba, que perdura por la eternidad.

Evangelio (Lucas 24,46-53): Id y Proclamad Mi Evangelio a Todas las Naciones.
Los apóstoles, y toda la Iglesia con ellos, son enviados a llevar al mundo entero la Buena Noticia de Cristo, que murió por nosotros y resucitó de entre los muertos. Esta es nuestra misión de cristianos bautizados, es el trabajo de todo comprometido con el Señor, somos predicadores del Evangelio, pero para predicar algo hay que vivirlo, hay que leer y releer su vida, hay que contemplad para poder dar el fruto de lo contemplado.
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COMENTARIO AL EVANGELIO:

Lo que dice el evangelio de hoy es, que Jesús Resucitado comparte ya plenamente la VIDA de su Padre: está junto a él. Ha subido al cielo. De alguna manera lo entendemos como ascendiendo, subiendo, porque según el sentir del pueblo judío, Dios habita en las alturas. Pero Jesús está en el cielo y en todas partes, pero está principalmente en los corazones sencillos, en aquellos que en medio de las penas están llenos de amor, de ilusión, de esperanza. Está en el pobre, en el abandonado, en el abatido, en el desgraciado, sí, en el desgraciado, en el preso que quiere enmendar su vida, está en él para ayudar, para dar la mano, para compartir la carga, así es Jesús, ¿si cargó con la cruz de nuestros propios pecados no cargará también con nuestros sufrimientos, dolencias, penas, aflicciones…?
La Ascensión de Jesús ocurre en Betania ciudad cercana a Jerusalén. Es el  lugar del descanso tras la misión. Jesús se retiraba a descansar a la casa de sus amigos Lázaro, Marta y María. Una vez completada su misión desde este lugar de descanso, mirando desde el lugar de su crucifixión, hacia Oriente, Jesús sube al cielo. Ha concluido su misión entre nosotros, ahora su trabajo está en manos de los Discípulos, de los Apóstoles, de sus seguidores, su misión está hoy en día en nuestras manos, así por generación en generación.
Esta Ascensión de Jesús contempla ya nuestra propia ascensión, nuestro propio triunfo sobre la muerte y el pecado. Cristo lo ha derrotado para que nosotros terminemos nuestra existencia como auténticos vencedores, triunfadores. Él lo ha logrado para que nosotros lo logremos también. Vivamos pues el Evangelio para vivir ya resucitados, ascendidos, triunfantes.


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