sábado, 25 de octubre de 2014

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A




Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

 



Lectura del libro del Éxodo 22, 20-26

Así dice el Señor:
«No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto.
No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos.
Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses.
Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 5c-10

Hermanos:
Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.
Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús habla hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
- «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?» 
Él le dijo:
- “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.”
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo."
Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»
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Cristo del Perdón, de Santo Domingo de Málaga.
 
En la segunda lectura nos habla de “como abandonando a los ídolos os volvisteis a Dios”, podemos pensar en la idolatría de los falsos dioses de aquellos primeros tiempos, pero si miramos a nuestro alrededor nos daremos cuenta de que en nuestro tiempo también estamos rodeados de falsos dioses que tienen al hombre atenazado, amarrado, esclavizado y no le deja respirar, le impide ser libre.

Dios ha venido al mundo para hacer libre al hombre, arrancando las cadenas de la esclavitud que nos sujetan y nos oprimen, pero el único método que da resultado para lograr esta libertad que Dios nos ofrece no es otro que el AMOR. Por eso Cristo nos insiste en resumir los misterios de amor de la Antigua Alianza en Amar a Dios y amar al prójimo, no hay otro camino, otra forma mágica, otra manera que lleve al hombre a presentarse libre de pecado y de esclavitud ante un Dios de amor, de misericordia y de compasión que es capaz de comprender la debilidad humana y sobre todo es capaz de perdonar. Dios nunca se cansa de perdonar, es más, se COMPLACE en perdonar, se ve más Dios, más Padre, mas lleno de AMOR cuando perdona pues nos da una lección para que nosotros seamos capaces de ser igual y hacer lo mismo.

Jesús, haciendo suyas las palabras del Antiguo Testamento nos dice: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo”. Si no ponemos en la fuerza del amor todo el corazón nuestro amor queda deslucido, aguado, sin sabor, soso, y un amor así no sirve para nada, por esto el amor en nuestros días ya casi para muchos no es amor, se ha convertido en simples “amoríos”.

Y al final: “Amar al prójimo como a ti mismo”. Corazón, alma, ser; somos personas, tenemos esto que nos identifica, nos hace ser humanos, nos hace ser semejantes a Dios, usureros, opresores, explotadores no tienen cabida en el corazón de Dios, así nos lo dice de claro la primera lectura. No podemos decir que amamos con la boca y con la realidad de la vida ser seres despreciables que no somos capaces de agradecerle a Dios todo lo que nos da, lo que hace por nosotros, la fortaleza que nos entrega, el amor con que nos trata. incluso el regalo de los otros, los hermanos, los amigos, los vecinos, los hombres y mujeres que compartimos este mundo maravilloso. Es más, tenemos que agradecerle a Dios y actuar de manera distinta tantas veces en la vida ante todo SER VIVIENTE que comparte nuestro mundo con nosotros incluyendo a aquellos que con su sacrificio nos alimentan.

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