sábado, 18 de julio de 2015

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO DEL CICLO B.






“ANDABAN COMO OVEJAS SIN PASTOR Y LE DIO LÁSTIMA”:

Una vez más el Señor nos convoca, el nos reúne en torno a su Palabra y nos enseña, nos nutre con su Palabra para luego nutrirnos con el PAN de la Eucaristía. Esta es la misión, permaneced el Él y que Él permanezca en nosotros, ya nos ha dicho: “sin mí no podéis hacer nada”, somos lo que somos, somos pueblo santo, nación consagrada, somos pueblo sacerdotal, somos si estamos en él y con él, sin él no somos nada.

El pecado nos dispersa, como vemos sucedió en el pasado y narra la primera lectura, pero él nos ha convocado, por su cruz hemos sido redimidos, esa cruz puesta en lo alto es ahora el punto de atracción, él nos atrae hacia ella, en ella, la Cruz del Señor hemos encontrado la salvación, en ella hemos encontrado la PAZ que Dios trajo para todos los pueblos, en ella hemos sido salvados.

Como en el Evangelio nosotros también buscamos al Señor, muchas veces esa búsqueda no está bien definida ni orientada, estamos como ciegos buscando sin saber bien que es lo que queremos ni siquiera donde tenemos que buscar, él nos invita a no estar de un lado para otro buscando y buscando, solo tenemos que pararnos, tener deseo de encontrarnos con él y buscar hacia dentro, no en un risco, o una cumbre o un peñasco, dentro, dentro de nosotros, dentro de cada uno, si miramos hacia dentro con encontraremos con él que está en nuestro interior, nunca se fue lejos, no se quedó por las alturas, está en nosotros y con nosotros.

También le encontramos en la Asamblea, en la Misa, en la celebración, le encontramos en el que está a nuestro lado, en el enfermo, el abandonado, el que es desechado por la sociedad, por los “ricos” que están repletos de sus propias satisfacciones y nunca se sacian porque quieren más y más y no comprenden que el realidad lo que les pasa que están vacíos, tienen como una especie de agujero negro que se lo traga todo y por más que se sacien más ganas tienen de tener, de poseer, de acaparar, para seguir siempre estando simplemente vacíos. Sólo Dios sacia, solo él es capaz de llenar nuestros vacíos, solamente él es capaz de saciar nuestra hambre. Acudamos a él que nos sacie y nos llene para que no andemos como ovejas sin pastor de un lado a otro sin saber donde encontrar paz y descanso para nuestro peregrinar hacia la Casa del Padre donde nos ha ofrecido una digna morada para todos nosotros, peregrinos de amor y esperanza.

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