viernes, 31 de julio de 2015

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B





ESTE DOMINGO NOS PLANTEA UN INTERROGANTE: ¿QUÉ DEBEMOS HACER?

La lectura primera del libro del Éxodo, 16, 12-15 nos narra la apatía, la falta de seriedad, el poco compromiso de los israelitas para con Dios, que los ha librado de la esclavitud y les ha sacado a la tierra de Promisión, pero que por sus pecados, por olvidarse de Dios, por querer hacerse un dios a su manera han sido castigados a vagar 40 años por el desierto. ¿Para qué 40 años? Para que todos aquellos que levantaron la mano airosos contra Dios murieran en el desierto sin ver la tierra prometida, y solamente llegaran a ella los que estaban libres de culpa.

El Señor es compasivo y misericordioso y da a su pueblo un pan celestial para que tengan la fuerza necesaria para el camino, para la peregrinación, lo mismo que hace con nosotros, nos da el Pan Eucarístico para tener fuerzas en nuestra peregrinación hacia la Patria definitiva que es el CIELO.

San Pablo en la segunda lectura nos exhorta a VIVIR EN CRISTO, con todo lo que esto significa. Por el Bautismo somos hombres nuevos, raza nueva, pueblo nuevo, y si somos algo nuevo no podemos estar siempre arrastrando como cadenas pesadas las miserias de nuestra antigua condición humana, hemos sido liberados por Cristo, somos criaturas nuevas, tenemos que renunciar de una vez y para siempre de las envidias, de la corrupción, de las maldades que son fruto del pecado, de todo lo que nos aparta del amor de Dios. Si Dios nos hace nuevos seamos consecuentes, seamos nuevos, si caemos, si nos aferramos a la antigua condición en su Iglesia nos da el remedio para nuestros males, no son acciones de brujería, son SACRAMENTOS que nos hacen nuevos, reparan, fortalecen vivifican, animan, alientan, ¿qué más podemos pedir?, ¿Qué más nos puede dar el Señor?.

En el Evangelio según San Juan, 6, 24-35, vemos esa actitud humana del que duda, del que está siempre buscando pero que en el fondo no sabe lo que quiere, del que acude al Señor pero con un corazón egoísta, siempre pidiendo, siempre deseando que nos den, que nos quiten trabajo, que nos hagan la vida fácil, un Jesús “aspirina” que nos cure de nuestras dolencias, ¿acaso la vida de Jesús ha sido una vida fácil?.

El Señor nos da la auténtica respuesta: “El que viene a mí no pasará hambre y el que cree en mí no pasará nunca sed” y esto es así porque el señor nos dice:”YO SOY EL PAN DE VIDA”. ¿Quién nos podrá saciar como lo hace Él?, ¿Quién puede estar más pendiente de nuestras necesidades como lo está Él de nosotros. Adonde podremos ir nosotros Señor si solo tú tienes Palabras de vida eterna.

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