sábado, 24 de septiembre de 2016

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO DEL CICLO C.



“HIJO, RECUERDA QUE RECIBISTE TUS BIENES EN VIDA”

La Palabra de Dios en este domingo viene a poner cada cosa en su sitio,  las tres lecturas son una “sacudida” amorosa de Dios para indicarnos que tenemos que abrir los ojos a la realidad de nuestra vida y de nuestro mundo, sí, es una sacudida tierna de Dios para tomar conciencia, para pensar, ver y actuar en oro de aquellos que sufren, que padecen injusticias, que cargan con cruces demasiado pesadas, a nuestro alrededor tenemos muchos de estos, no hace falta ir a Siria o a otro país masacrado por la guerra, por los intereses de los poderosos, por la ambición de las naciones ricas que destrozan un país entero y luego, después que se han lucrado con la venta de armas llaman a la conciencia mundial para que donen grandes cantidades de dinero para reedificar lo que han destrozado, claro está, dejando en sus arcas la mayor parte de lo recaudado.

La pregunta que nos hacemos, nosotros los “pobres” de a píe es: ¿Qué podemos hacer nosotros?, ¿cómo nosotros, con tantas limitaciones y sin fuerzas sociales y económicas vamos a cambiar este mundo?. La respuesta nos la da Dios en la primera lectura y en el Evangelio. Los que ahora se engordan y abusan o son ciegos ante tanta situación injusta irás al destierro, o a un destino aún mucho peor, al fuego del infierno donde toda la eternidad pagarán con creces la dureza de su corazón, el abuso de sus políticas, la injusticia de sus leyes, su ceguera, su tozudez, su injusticia.

Mucho de esto que nos dice la Palabra ya lo intuimos, tenemos tanto en la primera lectura como en el Evangelio dos maneras de “pagar” o bien se para en vida (es el destino que anuncia el profeta en la primera lectura para los israelitas que no ven la necesidad del pobre, o bien se paga en la otra vida, el destino del rico EPULÖN que pasa por la vida ignorando al pobre LÄZARO. Ricos epulones y pobres lazaros hay miles en nuestra sociedad, premio o castigo será lo que nos espere dependiendo de nuestro hacer cotidiano.

La clave para acertar en nuestra vida y no malograr nuestra pobre existencia, seamos pobres o seamos ricos, nos la da San Pablo en su carta a Timoteo, a ti y a mí: Primero comienza diciendo hermano, somos hermanos, estamos hermanados en la vida, no sólo somos hermanos los de la familia, la Comunidad parroquial, la Iglesia a la que pertenecemos, somos hermanos la humanidad entera sin importar razas, religiones, culturas, continentes… Luego dice: siervo de Dios: nos indica que por Dios tenemos que cambiar, mejorar, ser más buenos, más humanos, ser mejores los unos para con los otros. Y por fin las “señales que te garantizan la felicidad aquí y en la otra vida, la felicidad verdadera: Practicar la justicia, la religión, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza, luchar el combate por la fe, que el enemigo siempre va a intentar quitarte, en definitiva, que estemos unidos a Cristo ya que es él y no nosotros quien nos da la Salvación eterna.


Hermanos y hermanas, que esta Palabra os ayude en vuestra vida a ser cada día mejores seguidores de Jesús y os colme, ya en esta vida, de su paz y de su amor. Que paséis un feliz domingo, día del Señor.

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