viernes, 2 de septiembre de 2016

LA PALABRA DE DIOS DE ESTE DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO, DEL CICLO B NOS PONE A PENSAR.



Ya comienza el libro de la Sabiduría a describirnos cabalmente, lo que tenemos de terrenales y lo que tenemos de lo sublime, lo divino, lo del cielo. Y es que nuestra condición humana nos tiende a arrastrar solamente a lo puramente humano, a apartarnos de lo divino, como el mismo tentador nos quiere apartar de Dios.

Pero en este pensar humano entramos en la dinámica del salmista para darnos cuenta que solamente en brazos de Dios encontramos paz y sosiego para estos pobres huesos nuestros, ya que Él es nuestro socorro, nuestro refugio de generación en generación.

En la segunda lectura de Pablo a Filemón, al mandar de vuelta a Enésimo, nos está indicando que el SER CRISTIANO es pasar por un proceso de rompe y rasga, de fuego y braza, para resurgir como algo más que renovado tendríamos que decir NUEVO. Enésimo era un esclavo del cristiano Filemón, que tras huir va a parar a “servir” a Pablo. Pero este quiere, aunque necesita de sus servicios, que regrese a su antiguo dueño para que sepa apreciar la libertad de los HIJOS de DIOS, donde nos ama a todos y a todos quiere libres.

Estas dos lecturas tienen, por tanto, que enseñarnos el verdadero sentido del fragmento del Evangelio de Lucas que escucharemos en la Misa dominical y que nos obligará de alguna manera a saber interpretar esas palabras de Jesús, sabiendo que son palabras claras, sin interpretaciones turbias pero a la vez difíciles de entender.

El “posponer” que utiliza Jesús es así, dejar lo nuestro y optar por Él, y este “optar” por Jesús siempre lleva consigo la CRUZ, pues toda renuncia es Cruz, todo abandono de lo que tanto nos gusta y es puramente mundano es Cruz, nuestro mismo corazón lleno de vanidades y vanaglorias que sea capaz de renunciar a todas ellas por amor a Jesús es Cruz, bueno, más que Cruz, es una MUY PESADA CRUZ.

Lo que ciertamente no te está diciendo Jesús en este Evangelio es que dejes de “AMAR” a ti mismo, a padres, a hermanos y solamente amarle a Él, te dice que si de verdad optas en tu vida por Él, descubrirás que el AMOR cobra una nueva dimensión, más pura, más sincera, más real. Nos invita a amar de otra manera, a amar más y mejor.

Que sepamos descubrir la riqueza de esta Palabra que nos inspira y anima para descubrir que toda felicidad parte de Jesús y termina en los brazos de Dios nuestro Padre.


Que pasen un feliz Domingo, día del Señor.

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