sábado, 29 de octubre de 2016

DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO C


CUANDO NO DAS LA TALLA.

Hoy leemos en la Misa el Evangelio de Zaqueo, sí, ese personaje que no era bien visto en su cuidad de Jericó por ser publicano, por ser un judío que trabajada para el Imperio de Roma cobrando impuestos. Sí, esa fama molesta como la que hoy tienen los recaudadores de Hacienda, pero peor, pues esto nuestro en parte es para nuestro beneficio, pero aquello era para la gloria de Roma.

Este hombre, nos dice el Evangelio estaba deseoso de ver a Jesús, y un día que sabe que llegará a pasar cerca de su casa, como era bajo de estatura, se sube a un árbol para ver pasar a Jesús. Jesús le llama por su nombre y le dice que quiere hospedarse en su casa.

Son importantes los “símbolos” que podemos apreciar entre líneas.

1. Era pequeño, tenía poca estatura.
     Coma tantos en nuestro mundo no llegamos hasta donde teníamos que llegar, nos quedamos distanciados, no damos la talla, y ante esto solamente tenemos que esforzarnos, hay que crecer, hay que trepar, no podemos instalarnos en una mentalidad conformista y dejar de luchar. Él consiguió lo que deseaba porque no se instaló en su pobreza espiritual, luchó y consiguió lo deseado.

2. Tiene “DESEO” de ver a Jesús.
    Aunque solamente sea verle “pasar”, esa inquietud nos es necesaria en la vida, es un primer paso, si no tenemos inquietud no caminamos, él consiguió lo que quería y mucho más, las inquietudes te acarrean trabajo, tienes que trepar al árbol, pero luego te dan satisfacciones, desde “lo alto” tienes mejores perspectivas de mira, así pudo por fin VER, vio lo que antes era incapaz de poder ver, vio, se vío hacia dentro y cambió. Si no tenemos deseo de encuentro con Cristo nada podrá sacarnos de la apatía, el aburrimiento, lo realmente monótono, con el Señor todas las cosas se hacen nuevas cada día.

3. Se deja llenar de Cristo.
    Cada domingo cuando acudimos a la iglesia y comulgamos Cristo viene a nosotros, viene a nuestra casa, pero sabemos de muchos cristianos que dicen salen de la iglesia igual que entran, no han aprovechado su encuentro con el Señor, ha venido a su casa y no se han dejado transformar, convertir, cambiar. Zaqueo se dejó llenar de la mirada clara y limpia de Jesús y eso le cambió, le hizo completamente nuevo. No desaprovechemos la celebración de la Misa, no desde que comienza hasta que termina, eso sería escaso, incluso pobre o quizás mezquino, no digamos lo que puede ser entonces llegar cuando ya ha comenzado y salir antes de terminar. La Misa tiene que ser sosegada, hay que llegar con tiempo suficiente para “pensar un rato en Cristo y en ti mismo”, lo suficiente como para poder acudir al sacerdote para pedirle confesión si crees que lo necesitas, o para cerrar los ojos y relajarte del ajetreo de la casa, la familia, el trabajo, la política, la sociedad, nuestro mundo, de todo eso y de más, estar despejados, vacíos de lo que no necesitas para hacer sitio de aquello que puede en verdad llenarte y cambiarte la vida, hacerte totalmente nuevo.

4. Estaba sólo.
    Lo cierto es que Zaqueo era odiado por todos, no tenía amigos, a nadie que le manifestara amor, cariño, simpatía, sólo de solemnidad. Él quería ver a Jesús, sabía de Jesús, habría oído de su bondad, de su cercanía, de su compasión y misericordia, pero ¿Zaqueo querría encontrarse con él?, el hecho de la narración de que era bajito no nos dice que quisiera encontrarse cara a cara con Jesús, el trepar en el árbol bien podría ser una evasiva, un cumplir un deseo pero sin comprometerse, sin tener que afrontar la mirada del Hijo de Dios. Pero este Hijo de Dios lo cambió todo, lo transformó todo, lo rehízo.


Pues hermano y hermana, que este domingo recibas la felicidad, esa felicidad que llena, conforta, entusiasma, pues Cristo quiere quedarse en tu casa, ábrele la puerta de tu corazón, que paradoja tan inmensa: Dios con todo el poder del mundo necesita tu permiso para entrar entí, en tu corazón, en tu vida, sólo desde dentro puedes abrir y como Zaqueo, deja que Él entre en ti. Que pases un feliz día del Señor y que irradies la paz en tu casa y tu ambiente. Feliz Domingo.

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