EL BAUTISMO DEL SEÑOR:
Estos días pasados contemplamos al Niño Jesús, pobre, dependiente, necesitado, perseguido, emigrante, admirado por el amor de una Madre que no se entiende muchas cosas, pero que las guardaba en su corazón. Con un padre que lo daría todo por el niño, un José lleno de amor, de generosidad, de entereza.
El día 6 celebramos la EPIFANÍA DEL SEÑOR, la manifestación del Señor a unos Magos de Oriente llegados a Belén desde lugares distintos, donde anuncian con este gesto que la salvación estaba abierta para todas las razas de la Tierra.
Hoy contemplamos a un Jesús, ya con 30 años, dispuesto a comenzar su misión de anuncio del Reino invitando a la conversión, y qué mejor que la otra manifestación: La de Jesús en el Jordán, acudiendo como acudían los hombres pecadores, cargando con el peso de sus culpas, donde Juan les daba una esperanza, les hablaba de una nueva esperanza, de un Salvador que estaba a la puerta.
Su humildad, la de un Dios que se hace ya de por sí humilde, inmensamente humilde al asumir nuestra propia humanidad, una naturaleza humana, cargada de desdichas, de tragedias, de humillaciones, Dios se hace pequeño, a la altura de nuestras pequeñeces, nuestras miserias.
En esa humildad, en ese cuadro del Jordán, tiene que darse otra manifestación, ya lo dice la misma Palabra: "hablarán las piedras", sí, Jesús calla, pero Dios Padre no puede guardar silencio ante este hecho que está sucediendo aquí en la Tierra. y habla, se manifiesta, clama con voz potente:
"Este es mi Hijo amado, escucharlo".
Pero ¿Qué nos dice a nosotros este bautismo del Señor?, ¿Qué actitudes tenemos que tomar?...
Con cierta frecuencia escuchamos a predicadores protestantes su enfado por la actitud de los católicos de bautizar a los niños, dicen que el bautismo tiene que ser para hombres y mujeres que tienen fe.
Pero olvidan algo importante, no entramos en una Iglesia para seguir siendo individuos, al ser parte de la Iglesia somos una FAMILIA, una COMUNIDAD, y al bautizar a un niño que aún no puede tener criterio alguno, tampoco fe, es bautizado en la fe de la Iglesia, de la Comunidad, principalmente en la fe de los padres, hermanos, abuelos tíos y de toda la Comunidad cristiana que le dan la bienvenida, que es acogido, que forma parte de la Comunidad como ya es parte de la sociedad.
Recordemos con agrado nuestro bautizo, esa fecha, ese momento, es lo más grande, lo más importante, lo más valioso; no es el título universitario o el aniversario del comienzo de nuestro trabajo importante. Recuerdo ver, cuando vamos al médico, al dentista, al abogado muchos cuadros con títulos, graduaciones... está muy bien, pero siempre falta algo, ahí teníamos que tener un cuadro con nuestro certificado de bautismo, ese es el detalle, el hacer presente el momento más importante para nuestra vida, cuando Dios entra en nosotros, en nuestra vida, en nuestro camino como peregrinos hacia la salvación al final de nuestras vidas.
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