REYES: LA INOCENCIA DE LOS NIÑOS:
Cada año celebramos la Epifanía del Señor, la manifestación del Niño Jesús a unos magos venidos de Oriente, que guiados por una estrella se presentan ante Jesús, en presencia de sus padres, para ofrecerle regalos: Oro, Incienso y Mirra.
Oro, reconocen en ese Niño que ha nacido en una cuadra, rodeado de animales a un REY, más que rey, el el REY DE REYES.
Incienso: reconocen en ese Niño nacido en la soledad y el abandono de tanta gente que solamente están pendientes de sus vidas a DIOS.
Mirra: Ese Rey, ese Dios con nosotros morirá como cualquier mortal, morirá en la CRUZ por todos los mortales, para que tengamos una oportunidad de redención, de salvación, por eso la mirra, ungüento para el caminar hacia el sepulcro, para la muerte.
Pero, ¿Qué queda de esta festividad?.
La alegría de los pequeños, sus caras de inocencia, de ilusión, de alegría, sus esperanzas, eso que por desgracia se va perdiendo con los años, pero que si buscamos un poco en nuestro interior, no importa que tengas 73 años, aún esperas, aún aguardas, aún queda parte de esa inocencia dentro de ti, no, no dejes que se pierda.
Que esta inocencia regrese a este mundo tan roto, tan desesperado ante circunstancias y situaciones que endurecen los corazones del hombre arrancando de él esa bondad, esa gracia que Dios puso en nosotros y nosotros apartamos de nuestras vidas por puro materialismo, y lo más irreal, cruel, espantoso que podemos ver en este día es cuando a los niños se les inculca el vivir esa inocencia de Reyes sólo y únicamente con espíritu materialista, con regalos que no están al alcance de muchos niños, con un sentido tan y puramente material que se termina en crear en los niños una mentalidad de "a mí me trajeron más, mis regalos son mejores, nadie en el barrio supera lo que valen mis regalos".
Esa inocencia no tiene que desaparecer, los regalos de nuestra infancia eran puramente cosas que necesitabas para el cotidiano vivir, y te llenaban de ilusión, no hace falta atiborrar a los niños ricos de cosas caras carentes de valor sentimental, un sencillo regalo dado con cariño, amor, presencia, dentro de una familia unidad con lazos de permanencia y de amor vale más que una moto que corre o un avión que vuela. dejemos que sea el corazón del niño el que tenga la capacidad de correr y volar tras la inocencia que lo llena todo, lo abarca todo y que no borra la sonrisa.
Paz, amor, ilusión y mucha esperanza para este años 2026.
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