domingo, 6 de enero de 2013

En el final de unas fiestas agridulces

Escudo de la Orden en la puerta de mi habitación de la casa de Ormas, esta puerta y escudo es obra de mi hermano Andrés.


Feliz día de Reyes, feliz año nuevo.
Pero ya se termina este tiempo de Navidad, y casi casi entramos en la Cuaresma, que llegará pronto.
¿Qué ha cambiado?.
No, no es una rutina, cada año, cada tiempo litúrgico, cada fiesta nos trae siempre una novedad, siempre la vida te trae cosas nuevas, aunque esté encerrado en odres viejos.
Descubre lo nuevo de cada momento para que vivas la vida cada instante.

Me quedo con el dolor del triste suceso de la cabalgata de Reyes de Málaga, con el dolor de esa familia que perdieron a su hijo aplastado por las ruedas de la carroza de los reyes magos, con la pena de los juguetes tan bien guardados para el día siguiente que nunca disfrutó, con esa tragedia, con esa pena que empapa y entristece lo que tenía que ser ilusión y ternura, ¡Qué dolor! Un ángel para el cielo, y un dolor para la familia.
Abrazos hermanos y hermanas.

viernes, 4 de enero de 2013

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR



 

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.
Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. »
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
"Y tú, Belén, tierra de Judea,
no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea,
pues de ti saldrá un jefe
que será el pastor de mi pueblo Israel."»
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.


De muy lejos llegaron a Belén unos sabios, dicen que venían de Oriente, se les veía como hombres extraordinarios, con riqueza y con poder, por eso empezó en algún momento a llamárseles “los Reyes Magos” o “los Magos de Oriente”, que, cuando encontraron a Jesús, se pusieron de rodillas ante él y le ofrecieron unos regalos, algo representativo de sus tierras, y algo que representaba ese niño que tenían ante ellos en aquel lugar de Belén, unos regalos delicados: oro porque el Niño era REY, incienso por ser este NIÑO DIOS y mirra por ser un HOMBRE como somos nosotros.
 Este día, conocido como el día de los Reyes, celebramos que Jesús es alguien importante para todos -también para los de muy lejos como los sabios de Oriente- y no sólo para algunos pocos como creían los judíos. A veces, muchos que vienen de lejos nos dan lecciones a los de cerca. Ellos sí que encontraron en Jesús al rey que buscaban. ¡Felices y afortunados ellos! Ojala que nosotros que creemos estar tan cerca de Él al final del camino no nos quedemos a miles de kilómetros de distancia, pues en muchas ocasiones vamos como ciegos buscando novedades que vienen de fuera, nos hacemos dueños de fiestas de otras religiones y de otras culturas, pensando que son muy buenas, muy originales, muy como para nosotros, y abandonamos las cosas, las costumbres, las tradiciones de lo nuestro pues como que nos cansa, nos aburre, nos crea apatía.


Este comentario de Fr. Cesar Valero Bajo O.P. tomado de la página de la Orden de Predicadores y titulado  “La Luz nos llama a ser luz,  nos describe con toda claridad el centro de lo que es la Fiesta de la Epifanía del Señor:

Los magos, escrutadores de la inmensidad, encuentran por fin hoy la causa de su estrella. El Niño que ha nacido es Luz para lo oscuridad de su perplejidad, es Respuesta para sus interrogantes más profundos, es Descanso para su peregrinar inquietante. Por eso, “cayendo de rodillas, lo adoraron”.
La Luz que es el Señor Jesucristo hoy se nos ofrece a todos. También hoy las tinieblas cubren la tierra de no pocos corazones humanos, zarandeados y angustiados por la zozobra de un futuro incierto. Quizás cada uno de nosotros, los que ahora leemos esta reflexión, también tenemos en las honduras del ser nuestros recovecos personales de oscuridad: desconfianza, temores, egoísmos recalcitrantes, tristeza de origen difuso, insatisfacciones inconfesables, salud quebrada, metas que se han ido desplazando…
Él, el Dios cercano y ofrecido al mundo, a todos nos regala la Luz que encierra su misterio de entrega, de vida que no acaba, de plenitud que enciende resplandores de firme esperanza.
Acoger y adorar, como los magos, esta Luz, nos llama y exige a ser también nosotros luz. ¿Cómo lograrlo? ¿Cómo ser cada uno de nosotros hoy estrella, luz, eco, que refiera al Misterio de Dios?
Aunque suene a manido, tendremos que volver a los caminos tantas veces trazados, y siempre faltos de intensidad en la vivencia.
Para ser hoy su estrella deberemos seguir siendo buscadores de sentido. Siempre inquietos e insatisfechos, siempre impulsados a más allá de nuestros logros y consecuciones de lo inmediato.
Para ser hoy su estrella deberemos seguir siendo oferta de amor. A todo ser humano. Incansables buscadores de un mundo más habitable, de una humanidad más unida; donde el respeto, la justicia, la honradez y la paz sean tareas iniciadas y construidas cada día.
Para ser hoy su estrella deberemos seguir siendo manantial de esperanza. Aquellos que viven la certeza de que nadie se perderá; de que la vida, tan frágil y vulnerable, está en buenas manos.
Para ser hoy su estrella deberemos seguir siendo adoradores extasiados de su grandeza manifestada en nuestra propia pequeñez. Aquellos que viven siempre orientados hacia Él, el que inicia y completa nuestra fe, el que nos hace ser un cántico de alabanza para gloria de su nombre.
Para ser hoy su estrella deberemos seguir siendo sus testigos. Sin complejos ni prepotencias. Seguros de la consistencia de las sendas trazadas por Él, tan profundamente humanas que sólo pueden ser de Dios, Luz que hoy se manifiesta al mundo entero”.

«María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón»



Por falta de medios ha sido imposible este díoa de publicar un comentario sobre el Evangelio de esta festividad del día primero del año. Por tal motivo, y para que no quede sin hacerse, aquí está el comentario breve de este Evangelio para que nos sirva de meditación y así recordemos la celebración de la Santa Misa en este primer día del AÑO dedicado a la Santísima virgen María.

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.
Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

 

«María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón»

En  la lectura del Evangelio escuchamos la segunda mitad del pasaje del nacimiento del Salvador en la que se nos narra, primero, cómo vivieron los pastores dicho acontecimiento y, después, el rito de la circuncisión del Señor, en el que se le pone por nombre «Jesús».
Podemos traer a nuestra memoria el valor que tenía para los Israelitas el Arca de la Alianza, donde en su interior se guardaban instrumentos como las Tablas de la Ley, el báculo de Moisés y otros. Se decía también que sobre este Arca, que estaba rodeada de un alo de misterio y misticismo se sentaba Dios cuando visitaba el templo de los Judíos.
María es la NUEVA ARCA DE LA ALIANZA, donde guarda por nueve meses no algo relacionado con Dios sino al mismo DIOS HECHO CARNE que habitará entre los hombres. Pero además de este hecho singular también María guarda en ese Arca nueva de esta nueva alianza las palabras que se decían acerca del Niño que iba a nacer, las palabras del mismo Jesús, sus enseñanzas, sus gestos, su vida misma. Meditándo todo ello en su corazón.
En este día la liturgia nos invita a recordar la fórmula empleada por los antiguos israelitas para bendecir a los suyos. María es hija del Pueblo de Israel y sobre ella recayó físicamente esta bendición cuando, por obra del Espíritu Santo, concibió al Hijo de Dios. En la segunda lectura, san Pablo toma la palabra para decirnos que nuestro Salvador nació de una mujer para rescatarnos de la esclavitud del pecado y hacernos hijos y herederos de un Dios es Padre.


viernes, 28 de diciembre de 2012

UN SALUDO Y MI DESEO DE PAZ EN ESTE FIN DE AÑO, DESDE SANTANDER



Desde la ciudad de Santander para todos los seguidores de El Duende del Perchel felices fiestas de fin de año y un feliz 2013. Año de la fe y que sea también año de la recuperación económica por tanto año de la Esperanza y del compartir con el que menos tiene, así pues año del Amor o Caridad, para todos, para nuestro pobre mundo.


jueves, 27 de diciembre de 2012

LA SAGRADA FAMILIA: JOSÉ, MARÍA Y JESÚS.

La Sagrada Familia de Barcelona

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 2, 41-52
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre, y cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.
A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: todos los que le oían, quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
–Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.
El les contestó:
–¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?
Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.
El bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.
Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

 Siguiendo la tradición y las pautas marcadas por la fe, Jesús y sus padres iban a Jerusalén cada año como nos dice el Evangelio de Lucas,  iban en peregrinación. Así era la costumbre.
 Y en aquel  año que Jesús cumplió los doce, ocurrió algo singular. Algo que quedaría marcado en el corazón de María para siempre. Después de pasar  los días necesarios  en Jerusalén, y habiendo  comenzado el regreso a Nazaret, José y María echaron en falta  a Jesús en la caravana con la que volvían a casa sus familiares y amigos.
 María y José seguros de que el niño no iba con ellos, dieron la vuelta a Jerusalén, y después de bastante tiempo le encontraron en el Templo, en medio de los Doctores, hablando con ellos, sobre asuntos de La ley y la religión de los judíos.
 Estaban admirados de sus palabras. María le dijo : Hijo, ¿por qué nos tratas así? Y Jesús le contestó : ¿No sabéis que debo estar pendiente de las cosas de mi Padre? No le entendieron muy bien lo que quiso decirles. Pero Jesús bajó con ellos a Nazaret y siguió a su lado, creciendo en edad, saber y bondad.
 
“Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy expresan su vocación y conciencia de filiación con el Eterno. Su “deber” consiste en “estar en la Casa de su Padre”. Habitado Él mismo por el Espíritu, con esas palabras resume todo su futuro trabajo, sufrimiento y gloria.
La fiesta de la Sagrada Familia es buena ocasión para reconocer la importancia de la familia en la sociedad. La familia, sostenida por el pilar de los esposos, refleja a su manera la vida comunitaria que existe en Dios (Uno y Trino), al crear al varón y la mujer. Desde su origen, la comunidad cristiana se ha caracterizado por defender y proteger el valor de la familia según el proyecto de Dios, entendida como una comunidad de vida y amor. Ya en tiempos de las comunidades primitivas, los cristianos afirmaban que la transmisión de la vida no sólo era un acto de reproducción de la especie, sino un modo de colaborar con Dios en su historia de salvación. Crear, transmitir y cuidar con dignidad la vida humana nos asemeja al Creador, fuente de toda vida.
Las lecturas de hoy, si bien reflejan la mentalidad de la época en las que fueron escritas, contienen valores imperecederos. Hablan del valor de la paternidad y maternidad. Invitan a honrar al padre y la madre; a dialogar y escucharse en la familia; a reconocer el papel de cada miembro del hogar; a ejercer la solidaridad intergeneracional. Pero por encima de todo, la Palabra de hoy insiste en que sean el amor y el perdón los ceñidores de la unidad consumada. Sin amor o sin perdón, sin escucha o diálogo, ¿qué familia puede superar las dificultades”.  Comentario al Evangelio de  Fray Xabier Gómez García, O.P.

 
Ciertamente que son muchas las dificultades que atraviesan los matrimonios, pero también es cierto que dificultades han existido siempre, luego podemos preguntarnos ¿donde están esas dificultades? o ¿en qué consisten?. Lo que si es cierto que esta sociedad ya no es la que era hace cincuenta años atrás, ahora se comparten trabajos, las profesiones están al alcance de todos, la igualdad del hombre y la mujer aunque por desgracia aún no es algo ya conseguido, ya se ha logrado mucho, y todos estos logros han facilitado que de de un cambio en la manera de vivir en familia o de ver las necesidades de cada familia y las respuestas de los esposos ante los problemas y retos de sus propias familias.
Ya no es el hombre en que genera el bienestar y la mujer la que trabaja en la casa. Ahora ambos comparten responsabilidades económicas y por tal razón ambos han de compartir los trabajos del hogar. No se puede pensar hoy en día en que el hombre que llega cansado de su trabajo encuentre en su hogar a una esposa solícita, que aunque ella también llegue a casa cansada de su trabajo tenga que poner las zapatillas al pobre marido y hacerse ella sola cargo de todo lo demás, eso es imposible.
Urge el compartir los trabajos.
Pero éste no es solo el problema ni el más urgente. Sigue siendo un grave problema la falta de diálogo en la pareja y en la familia, también los padres y los hijos han de dialogar, y han de buscar campos de diálogo, y espacios para el diálogo.
El ser conscientes de que algo ha cambiado a partir de la boda, el que los amigos han de quedar en un segundo lugar, lo mismo que los mismos padres, que en tantas ocasiones siguen intentando dominar a la nueva pareja, e imponer sus criterios y su manera de hacer las cosas, cuando tienen que respetar a la pareja y saber desligarse de ellos y dejar que sean ellos los que marquen las pautas a seguir en su nuevo estado.
En resumen, cambiarán las épocas, las costumbres, pero no cambia la  responsabilidad de los esposos y el respeto mutuo entre ellos y de ellos a los hijos y de estos a sus padres. Tampoco cambia el espíritu de sacrificio, que hace que la pareja tome opciones en la vida y tenga que dejar por el camino cosas que son apetecibles, pero que a la larga experimentarán recompensa. 
Una cosa es cierta, los jóvenes tienen que valorar el tiempo del noviazgo como tiempo esencial para la preparación para el matrimonio, y valorar y sí se está valorando, el curso pre matrimonial que la Iglesia ofrece a las parejas como toma de conciencia de la responsabilidad que contraen con el Sacramento del matrimonio.

 

martes, 25 de diciembre de 2012

CRISTO HA NACIDO - CRISTO SIGUE NACIENDO EN NOSOTROS:

Cristo nace en cada corazón que está dispuesto a recibir su paz y su amor y compartirlo.


Nace para tí y para mí, para darnos su amor, para darnos vida plena. Para cambiar y tener coraje y fortaleza para transformar este mundo nuestro, profundamente materialista en un mundo más humano, para así llegar a ser más a lo Divino.




Está en nuestras manos la posibilidad de lograr el cambio, de construir un mundo mejor, esa nueva humanidad por la que tanto luchó Pablo VI y Juan Pablo II, la Nueva evangelización del Amor y desde el amor.


Que no nos deslumbre la luz de los coloridos callejeros de estos días en pueblos y ciudades, acudamos a Él, Luz del Mundo para que su resplandor se deje notar, en los pobres, abandonados, marginados... En aquellos que nada tienen pero que esperan todo de este Niño nacido pobre y que pobre murió en el leño de la Cruz por nuestros pecados.

lunes, 24 de diciembre de 2012

“In principio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum…”

Cristo: Eterna Palabra del Padre



Lectura del santo evangelio según san Juan 1. 1-18
En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra habla vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

La Palabra, Luz de Dios, se hizo carne y acampó entre nosotros:


Fray Manuel Ángel Martines Juan ,Doctor en Teología en Salamanca, en su comentario bíblico que publica en el portal de La Orden de Predicadores, comenta: “En la misa del día de Navidad se nos invita a meditar el prólogo del Evangelio de san Juan. Se dice que fue tan grande la devoción de los fieles a este pasaje, que llegaron a honrarlo como una reliquia y a valerse de él como si se tratara de un sagrado talismán. Hacia el siglo XII comenzaron a recitarlo algunos sacerdotes, por pura devoción, mientras volvían a la sacristía y se quitaban los ornamentos. Luego, a causa del ruego de la gente, sobre todo de las mujeres devotas, consintieron en recitarlo en el altar, primero en voz baja, y luego en alta voz, hasta que por fin, san Pío V lo incorporó definitivamente a la misa; de modo de que antes de la última reforma litúrgica la Eucaristía concluía siempre con la lectura de este profundo pasaje evangélico .Es de los pocos pasajes del Nuevo Testamento que afirman claramente la divinidad de Jesús.”

Recuerdo en mis años de juventud, en el pueblo de Yauco, que con mucha frecuencia venía gente al templo parroquial o a la casa parroquial para pedir la bendición y se les leía este Prologo de San Juan.

Esa eternidad divina viene a los suyos, al pueblo por siglos preparado por Dios, al pueblo elegido, al pueblo que con tanto orgullo ha cantado las alabanzas y los salmos al Dios Uno, Único y Verdadero. Pero que en la HORA final, después de tanto esperar, no le reconocen, se les escapa, pierden la oportunidad. Se alejan de la Promesa del Padre.

Pero ojo, no pensemos que este “despiste” del pueblo judío es algo que se dio únicamente entre los judíos del tiempo de Jesús, esta situación se repite en todos los tiempos, pero con una mayor insistencia en nuestros días, y no como antes, por falta de conocimientos, sino más bien por apatía, por falsedad, por malicia, por desenfreno, o por una especie de maldad o rabia contra Dios y contra todo lo que pueda recordar esta Bondad Divina que está en los hombres de buena voluntad, en los corazones nobles, en las almas sencillas que buscan de Dios y su Justicia.
Pero por más que griten que Dios está muerto, o dormido o ausente, no lograrán convencernos, Dios está entre nosotros, vino en la humildad de nuestra pobre carne a nuestro mundo gracias al Sí de una joven doncella que lo acogió en su seno virginal y nos lo entregó a la humanidad en el pesebre de Belén, en pobreza radical, como abandonado por todo y por todos, como indicando esa otra situación treinta y tres años más tarde, cuando muriera en una cruz de la misma manera, con el mismo abandono aparente y en la misma soledad.

Los hombres necios piensan que con taparse los ojos tapan al sol, pero eso no puede ser, es imposible, simplemente no ven el sol porque tienen la mano encima de su nariz, pero el sol está ahí, donde siempre. Por más que alguna minoría, aunque creciendo, intenten opacar la Luz del Mundo, Cristo Nuestro Señor, no lo podrán conseguir, porque Él es el Sol de Justicia que alumbra a todo hombre. La Palabra de Dios hecha carne que permanece por siempre, y que vino a nosotros para confortar, animar, vivificar nuestra naturaleza humana, pobre y enferma por el pecado y a dar vida, una vida que sobrepasa todas las expectativas de la misma humanidad, la Vida Eterna. Porque nos dice San Juan en este Prólogo: “Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad”.
Cuantas gracias hemos de dar a Dios nuestro Padre diariamente por esta manera tan sencilla de darnos su VIDA, de cambiar y tanto nuestra pobre existencia, de transformar y de tal manera nuestra vida mortal al darnos con la fuerza de su amor el poder de optar por una vida que nunca termina, que permanece para siempre unida a Él en el cielo, en ese Reino Nuevo que este Verbo del Padre nos ha regalado con su nacimiento, con su vida, con su Cruz y con su Resurrección.

En este año de la Fe que la Palabra eterna de Dios ilumine nuestras mentes y nuestros corazones para que la Palabra que es la Luz del Mundo permanezca encendida en todos los corazones de buena voluntad, y así no se apague ni se opaque ni se distorsione la Fe verdadera de Cristo el Señor en nosotros y en todo el mundo. AMEN.
Cristo Luz de Dios que alumbra a nuestro Mundo.