lunes, 10 de febrero de 2014

De la “ALEGRÍA DEL EVANGELIO” DEL PAPA FRANCISCO:



“Hay cristianos cuya opción parece ser de una Cuaresma sin Pascua. Pero reconozco que la alegría no se vive del mismo modo en todas las etapas y circunstancias de la vida, a veces muy duras. Se adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo”.

En nuestro ambiente que es marcadamente cofrade, se da con cierta frecuencia el vivir copiosa y radiantemente la Pasión del Señor, está en todas partes, en los templos, en las Hermandades, en los pasos o tronos –según región-, en mayores y en pequeños, hasta lleno de luz y fe en los niños que aún están en los brazos de sus padres, y que estos pasan a sus hijos esta fe y devoción, a veces vestidos de nazarenos, otras de acólitos, otras de costaleros, y que les acompañará toda la vida.
Pero Numa Semana Santa no se vive como tal si un cristiano se queda en lo externo, en lo que puedes ver por la calle, por muy bonito o sacro que pueda ser, hay que abarcar el CONJUNTO que la Madre Iglesia te ofrece y vivir la grandeza Eucarística del Jueves Santo, el dolor del Viernes Santo en Comunidad, en Parroquia y el Gozo de la Vigilia Pascual. Cristo no se queda en la Cruz ni en el sepulcro, Cristo resucita y asciende al Cielo. Bendito sea Dios que nos ha dejado el tesoro de la Iglesia Madre para guiar nuestros pasos por el camino de la Salvación.




Esta experiencia cuaresmal y esta Pascua liberadora el cristiano tiene que vivirla todos los días de su vida. Cristo ha de estar siempre VIVO Y PRESENTE en el cristiano, el cristiano ha de estar siempre RESUCITADO EN CRISTO para llegar a la Gloria.

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