viernes, 28 de febrero de 2014

Domingo VIII del tiempo ordinario. Ciclo A





Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia


Lectura del libro de Isaías 49, 14-15

Sión decía:
«Me ha abandonado el Señor, 
mi dueño me ha olvidado.» 
¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, 
no conmoverse por el hijo de sus entrañas? 
Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.

Sal 61, 2-3. 6-7. 8-9ab R. Descansa sólo en Dios, alma mía.

Sólo en Dios descansa mi alma, 
porque de él viene mi salvación; 
sólo él es mi roca y mi salvación; 
mi alcázar: no vacilaré. R.

Descansa sólo en Dios, alma mía, 
porque él es mi esperanza; 
sólo él es mi roca y mi salvación, 
mi alcázar: no vacilaré. R.

De Dios viene mi salvación y mi gloria, 
él es mi roca firme, 
Dios es mi refugio. 
Pueblo suyo confiad en él, 
desahogad ante él vuestro corazón. R.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 1-5

Hermanos:

Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel. Para mí, lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor.
Así, pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios. 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos como crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.
Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos. »
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Todo mensaje que viene de Dios tiene como principal destinatario a todas las personas, sin ninguna excepción, ese mensaje que va dirigido a la humanidad, se concreta y se hace patente en lo cotidiano, en la sencillez, y así se facilita su comprensión. En esos términos es como el profeta Isaías pretende transmitir la Palabra que Dios nos ofrece este domingo.
La centralidad que debe ocupar en nuestra vida el Reino de Dios es una de las notas principales que señala Jesús en el Evangelio de hoy. Es interiorizar la verdadera Palabra de Dios en nuestras vidas, y actuar consecuentemente. Estar atento a lo importante que rodea nuestra experiencia de Cristo, y hacerlo presente en la vida de cada día, sin dejarse arrastrar por otros falsos ídolos que nos acompañan, en nuestro caminar.
La radicalidad en la misión es lo constitutivo de un verdadero cristiano, como dirá San Pablo, pues ante todo destaca la predicación del Evangelio de Jesucristo. Una vez que se lleva a cabo esta misión, no importa lo que digan los demás, pues el Espíritu de Cristo acompaña la misión del Apóstol. Y esto hace estar conforme consigo mismo, pues realmente se ha realizado la tarea a la que uno está destinado. Es la satisfacción de haber hecho lo que hay que hacer.


Fr. Julio C. Carpio Gallego O.P. 
Parroquia Cristo de la Victoria (Vigo) 

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