lunes, 2 de junio de 2014

EL DAÑO DEL TIEMPO....




Sí, el tiempo pasa, los que somos mayores nos damos cuenta con más facilidad por sufrir los achaques que nos depara la vida. Da cierta pena ver a nuestro querido Papa Emérito con el andador, pero así están más o menos los que tienen su edad, es lo propio, es lo normal. Por eso, por sus achaques, por su movilidad, por su edad quiso dar paso en la Iglesia a un nuevo Papa con la fuerza necesaria para la lucha diaria.

Pero no es motivo de tristeza, como no lo fue el ver a San Juan Pablo II en aquellas imágenes del final de su vida, -que Benedicto ha querido evitar-, la vejez nos muestra una cara de la vida humana, que no es en sí ni mejor ni peor que otras distintas, ya que por ley natural no podemos evadirla, tenemos que pasar por ella. 

Lo que sí es cierto es que hay que vivirla con dignidad, y el Papa Benedicto consideró más digno y mejor para él y para la Iglesia vivir este periodo de su vida sin que tenga que ser una imagen cotidiana en la vida de un Papa, y a todos nos parece ya cosa normal que el Papa, como todo hombre, pueda tener el final de su vida que estime, pueda y quiera mejor para vivir y para hacer de sus dolores y padecimientos la oración ofrecida a Dios de la VIDA. De su vida.

Benedicto como todo cristiano tiene la oportunidad de hacer de su dolor ofrenda grata a Dios, es algo que se experimenta si se tiene fe, triste es verse envejecer y sentirse anulado por la vida sin experimentar la grandeza de hacer de la misma vejez y sus sufrimientos un holocausto a Dios. Para Dios nadie es un cacharro inútil, todo hombre, en toda edad es alguien muy especial.


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