jueves, 20 de noviembre de 2014

XXXIV Domingo del tiempo ordinario: Jesucristo, Rey del Universo. Ciclo A





Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros

Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17

Así dice el Señor Dios:
«Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro.
Como sigue el pastor el rastro de su rebaño,
cuando las ovejas se le dispersan, 
así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré,
sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron 
un día de oscuridad y nubarrones.
Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear 
-oráculo del Señor Dios-. 
Buscaré las ovejas perdidas,
recogeré a las descarriadas; 
vendaré a las heridas;
curaré a las enfermas: 
a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré como es debido. 
Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor:
Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.”

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.
Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida.
Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte.
Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo habla sometido todo.
Y así Dios lo será todo para todos.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 31-26,16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas, de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha:
"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."
Entonces los justos le contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?"
Y el rey les dirá:
"Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."
Y entonces dirá a los de su izquierda:
"Apartaos de mí, malditos, id al fue o eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis."
Entonces también éstos contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"
Y él replicará:
"Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo."
Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»
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Comentario por Fr. Francisco E. García, O.P.

Este Cristo que es Rey nos muestra la primera lectura que es pastor, no es un rey al estilo acostumbrado ni en su época ni en la nuestra, es un pastor que cuida, que conoce por el nombre, que acompaña, que va delante porque transmite confianza y le siguen, que cuida y cura. Es Padre, es Hermano, es Amigo, el amigo que nunca falla, es compañero de fatigas y compañero de viaje, está con nosotros, no nos deja, no nos abandona, no nos defrauda, el un Rey que tiene por corona una de espinas, por cetro un palo de pastor, por trono una CRUZ. Este Rey vino a nosotros con una misión, un encargo del Padre Eterno, del Dios Creador, congregar, unir, agrupar. Todo lo que es unificar es suyo, todo lo que es desperdigar es del enemigo.

Acogió como  “trono” ese tronco de la Cruz para que nuestra memoria sea capaz de retroceder en el tiempo, de llegar al árbol de la vida del viejo Adán, aquel que por su ambición trajo la ruina a la humanidad, sí para que recordemos aquel árbol dado lleno de frutos y que quedó baldío por la expulsión del hombre del Paraíso y ahora, en el tiempo preciso Dios manda a su Hijo al mundo para que abandonándose en los brazos del Padre abrazase el tronco seco pero que a pesar de ser seco deja para la humanidad entera el fruto más apetitoso, más deseado por todos, deja por su muerte la VIDA y vida plena para todos los que miramos con fe esa CRUZ redentora del Hijo de Dios, desde la que reina como pastor de las almas. Este es el mensaje que nos transmite el Apóstol Pablo en la segunda lectura. Cristo es la Vida para el mundo, quien está con él vive para siempre porque el es el Viviente, el vencedor de la muerte, el que nos resucita.

Pero el colofón de este Domingo de Cristo Rey es –por supuesto- su Evangelio. En él Jesús nos enseña a cada uno de nosotros no solamente a pertenecer a su REINO y sí también a REINAR con Él. Reina con Él el que se aproxima al otro, el que es capaz de llegar al dolor del prójimo, a llenar su soledad, a saber acompañar en los momentos tristes, a socorrer las necesidades ajenas, a tender siempre la mano amiga hacia los demás.

No es un Rey convencional, de capa y espada, de cetro y corona, de ordeno y mando, es un rey amigo, rey compañero de viaje, rey protector. No tiene oro ni plata, tiene pan y vino para el amigo, para el camino, para el que está cansado, para el que necesita un empujoncito en la difícil vida. No. No está bien colocarle en una estampita o en una imagen con atributos de un estilo de reino que Él nunca asumió ni quiso, que lucho contra ese estilo y los que se lo ofrecían, su reino no es para unos pocos en un reino concreto, su reino es universal y para todos los tiempos, nace en tu corazón y te acompaña hasta la vida eterna, pero la clave para pertenecer a este REINO nos la da con toda claridad el Evangelio de este Domingo. Procura vivir tu vida siguiendo su senda, entonces llegarás a ese final de paz y de dicha, de amor y de felicidad. No olvides que ese REINO DE CRISTO nace cerquita, muy cerquita, nace en el corazón.



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