lunes, 16 de marzo de 2015

SAN JOSÉ:






Celebramos con las Vísperas y la misa vespertina del día 18 y el día 19 la fiesta de San José, esposo de la Santísima Virgen María y PADRE putativo de Jesús nuestro Señor. ¡Que gran fiesta!, ¡que día más cargado de solemnidad!.
Dios confió al carpintero de Nazaret sus tres tesoros más queridos: Su Hijo, su Madre y la Iglesia. Su personalidad sencilla y humilde nos revela a un hombre grande y prodigioso, a un gran santo universal.
 Es el hombre del silencio, del sí y de la confianza en Dios. Del conocimiento que tenemos de él sobresalen decisiones transcendentales para la vida de Jesús y de María, tales como la decisión de tomar a María y no repudiarla, la de emigrar a Egipto y la de retornar de nuevo cuando el Rey tirano había muerto, la de educar a Jesús en la FE de sus Padres y ser el maestro primero del aprender a ser hombre del Hijo de Dios. Sí, el Ángel del Señor le dijo en sueños… pero él tomó las decisiones, él puso el valor y el coraje, él asumió las responsabilidades.
 De él no se nos dice prácticamente nada en las Sagradas Escrituras, pero sin embargo ese silencio nos revela todo lo que incluye este personaje, su grandeza, su voluntad, su amor. Es el patrón de tantas cosas y patrón de la buena muerte y de la Iglesia Universal. El mejor intercesor que podemos buscar, el mejor amigo del Cielo que podemos desear tener. Sepamos acudir a él con frecuencia para que tan poderoso intercesor ruegue a Dios por cada uno de nosotros y nos conceda esa fortaleza que en la adversidad y en las pruebas él supo tener gracias a su poderosísima FE y confianza en Dios nuestro Padre.



Oración a San José:
Bienaventurado San José, 
acudimos en nuestra tribulación; 
y, después de invocar 
el auxilio de vuestra Santísima Esposa, 
solicitamos también 
confiadamente vuestro patrocinio.
Por aquella caridad que 
con la Inmaculada Virgen María, 
Madre de Dios, os tuvo unido, 
y por el paterno amor 
con que abrazasteis al Niño Jesús, 
humildemente os suplicamos 
volváis benigno los ojos 
a la herencia que 
con su Sangre adquirió Jesucristo, 
y con vuestro poder 
y auxilio socorráis nuestras necesidades.
Proteged, oh providentísimo 
Custodio de la Sagrada Familia, 
la escogida descendencia de Jesucristo; 
apartad de nosotros 
toda mancha de error y corrupción; 
asistidnos propicio, desde el Cielo, 
fortísimo libertador nuestro 
en esta lucha 
con el poder de las tinieblas; 
y, como en otro tiempo 
librasteis al Niño Jesús 
del inminente peligro de su vida, 
así, ahora, defended 
la Iglesia Santa de Dios 
de las asechanzas de sus enemigos 
y de toda adversidad, 
y a cada uno de nosotros 
protegednos con perpetuo patrocinio, 
para que, a ejemplo vuestro 
y sostenidos por vuestro auxilio, 
podamos santamente vivir 
y piadosamente morir 
y alcanzar en el Cielo
la eterna felicidad. Amén
(Las fotos corresponden, la pintura, a un lienzo del retablo - Altar mayor - de Santo Domingo y la segunda, la imagen de talla del altar lateral de San José, del mismo templo de los Dominicos en Granada).

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