sábado, 21 de marzo de 2015

V DOMINGO DE CUARESMA. CICLO B





Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.


En la primera lectura el Dios del Pueblo elegido habla de una nueva alianza con el hombre, esta vez esa alianza se realizará y se vivirá en el corazón del hombre, Dios llamará a cada uno de los hombres para que descubramos cual es su voluntad, para que le amemos de corazón, para que le amemos desde el corazón y no con recordatorios fríos y con leyes vacías. Este nueve pacto de Dios con los hombres nos mostrará al Dios del AMOR y de la MISERICORDIA. Misericordia que recordaremos también en el Salmo responsorial.

La segunda lectura de la carta a los Hebreos, con dos versículos nos habla de Jesús, de su vida de entrega al Padre, una entrega que no es fácil, que conlleva sufrimiento, dolor, una entrega como ha de ser la nuestra, ya que no hay entrega válida si uno no muere a sí mismo para vivir por entero para Dios. Este aprendizaje de Jesús nos enseña a nosotros a aprender cada día, pero más que nunca en este tiempo ya avanzado de la Cuaresma a ser hombres y mujeres nuevos, dejando atrás nuestra vida de pecado para vivir en la GRACIA DE DIOS. Vivir esa GRACIA como experiencia del que renuncia a todo para ser de Dios.

En el Evangelio de Juan de este domingo se nos vuelve a hablar de este sufrimiento de Jesús, redimir, salvar a la humanidad no es un trabajo sencillo, ni un trabajo de un momento: la Pasión, es el trabajo de toda una vida de entrega al Padre, una vida resumida en “esta hora” la hora de la verdad, la hora del Sí de Jesús a la voluntad de Dios nuestro Padre, la hora de la CRUZ, una CRUZ que se eleva para que nos acerquemos todos a Él y escuchemos la voz del Padre: “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo” palabras que confirman una aceptación plena y decidida de Jesús de dar cumplimiento a la misión de entrega y sacrificio por la humanidad, y que a la vez nos indica que no es un trabajo en solitario por parte de Jesús, se entrega por amor a la humanidad, por su amor a la Humanidad y por el amor del Padre al Hijo y a la Humanidad.

Que veamos que la tentación de Cristo no se quedó solamente en la lejanía del desierto al inicio de este camino de cuaresma, esa tentación y el tentador están presente en todo este proceso de la subida de Jesús a Jerusalén, como está presente en todo nuestro proceso de conversión de la cuaresma hacia la Pascua de nuestro proceso de conversión, donde el tentador también quiere desviar nuestra mirada de la CRUZ redentora para que distraídos nuestros posos caminen por otros caminos, no de renuncia y sí de placeres, por eso anímate a mirar a lo alto, al que atravesó la lanza, de ver la Cruz redentora y asumir esa cruz como nuestra, tuya y mía y poner en ella toda nuestra vida, para que vivamos esa experiencia de muerte y vida y lleguemos así a la Pascua resucitados y justificados.


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