sábado, 12 de diciembre de 2015

DOMINGO III DE ADVIENTO. CICLO C





¡ALEGRAOS!

La Palabra de Dios en este tercer domingo de Adviento nos llama a la alegría, debemos estar alegres, Dios viene de camino, Él no nos quiere dejar ni solos ni abandonados, en todos los proyectos que Dios ha tenido para rescatar a su pueblo del pecado y darle la auténtica libertad Él siempre se ha manifestado alegre, esperanzado, ha optado claramente por el HOMBRE. Dios cree en el hombre, Dios espera en el Hombre, Dios comparte las penas, las aflicciones, los sufrimientos lo mismo que comparte las alegrías, los triunfos y los anhelos de la humanidad, Dios no se ve a sí mismo alejado del corazón del ser humano, se ve en nosotros, creados por Él a su imagen y semejanza.

Estamos llamados en este domingo de la alegría a vivir el encuentro, la Misa, nuestra asamblea cristiana donde nos hacemos hermanos, donde recibimos la Fuerza que viene de lo Alto, el mismo Jesús para convertirnos y ser más auténticos, ser mejores los unos con los otros, ser mejores con Él y mejores con nuestro Padre del Cielo, ser agradecidos, por eso nuestra alegría se irradia solamente en Dios y con Dios.

Por eso el Evangelio de hoy nos mueve a ser solidarios, a vivir no para nosotros, no para almacenar, para tener, para poseer y sí para compartir en el amor, que no es ir por la vida dando caridades, dando limosnas, es más, mucho más profundo. Cuando te dice el Señor que el que tenga dos túnicas o comida que lo reparta entre los pobres quizás te dice que tu tengas que quedarte sin nada y dárselo todo a los otros, pues si tu has tenido bienes y los otros males será quizás tiempo que aquellos que han tenido males tengan ahora, a costa tuya sus bienes.

Cuando actuemos de esta manera, piensa seriamente como te sentirás tú que lo das todo y cómo se sentirán los otros que lo reciben. Seguramente tu serás el dichoso, el alegre, el feliz, los otros agradecidos, pero tú feliz no por haber hecho nada extraordinario, sólo has actuado desde el corazón de Dios, desde el pensamiento de Jesús. Grande Jesús que no cesa nunca de llamarnos a ser felices, a estar alegres y nos indica de que manera podemos alcanzar esta verdadera alegría, la tenemos a nuestra mano, no tenemos que escalar el mundo, está a nuestro alcance y es dándonos por amor a los demás, no dando migajas, es dándonos nosotros mismos al Señor. El nos dará mil veces más de túnicas, de comida, de tiempo para seguir dándolo todo y la seguridad que no nos quedaremos vacíos, pobres, miserables. Nos sobrará.

Estemos atentos a las señales, como el Bautista, para descubrir a aquel que viene a quitarnos el pecado, a arrancarnos cadenas que esclavizan, a darnos una auténtica libertad. Que en este año de LA MISERICORDIA nos acojamos con sinceridad a la que nos ofrece el Señor para que podamos ser con el prójimo misericordiosos, como el Señor lo es con cada uno de nosotros.

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