viernes, 19 de diciembre de 2014

DOMINGO IV DE ADVIENTO. COCLO B.




El Espíritu Santo vendrá sobre ti,


Lectura del segundo libro de Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16
Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán:
– «Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda.»
Natán respondió al rey:
– «Ve y haz cuanto piensas, pues el Señor está contigo.»
Pero aquella noche recibió Natán la siguiente palabra del Señor:
– «Ve y dile a mi siervo David: "Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella?
Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel.
Te pondré en paz con todos tus enemigos, te haré grande y te daré una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido, y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre."»

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 16, 25-27

Hermanos:
Al que puede fortaleceros según el Evangelio que yo proclamo, predicando a Cristo Jesús, revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora en los escritos proféticos, dado a conocer por decreto del Dios eterno, para traer a todas las naciones a la obediencia de la fe al Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
– «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre las mujeres.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo:
– «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel
– «¿Cómo será eso pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó:
– «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó:
– «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.


María siempre nos sorprende, ella, la esclava del Señor da una respuesta, da su sí a la voluntad de Dios, de hecho la vida de María es un eterno sí a su Divina voluntad, a aceptar su plan de salvación, a poner ella por práctica lo que el Señor espera de ella, por eso María siempre será el mejor modelo para cada uno de nosotros los pobres cristiano de a píe, los que no sobresalimos demasiado, los que vivimos nuestra vida cristiana entre sombras y luces, pero que a pesar de nuestras pobrezas, miserias, pecados, debilidades siempre tenemos FE y ESPERANZA. Que nunca nos falte.

El Adviento es también un tiempo propicio para construir la morada de Dios con los Hombres, ese deseo del Rey David de hacerle un “Templo” para Dios, una Morada digna ha de ser nuestro deseo en este tiempo. Sabemos que Él está siempre en camino y viene, viene a nosotros, viene a habitar el templo que to le tengas construido, pero ese templo no ha de ser ni de cedro, ni de piedra y mucho menos de oro o de plata, el templo que Él quiere que le preparemos es nuestro humilde corazón, sí, un corazón trabajado, limpio, esmerado, no un corazón sucio, lleno de egoísmos, miserias, pecados; requiere para nosotros un esfuerzo, un sacrificio, construir siempre es trabajoso, pero cuando terminas y ves el resultado te llenas de satisfacción, de alegría, te sientes realizado. El hombre se realiza en la medida que pone su corazón a disposición de un Dios que se nos muestra cercano y se complace en habitar en el hombre.

Pero podemos encontrar dificultades en ese proceso de preparar nuestro corazón al Señor, podemos preguntarnos también como María: ¿Cómo será eso?. Y la respuesta del Señor es la misma del Ángel de Dios: “El Espíritu de Dios vendrá sobre ti”. No estamos solos en nuestra lucha, en nuestro esfuerzo, su Espíritu nos guía y acompaña para que no andemos en la oscuridad del pecado y sí vivamos en la claridad de su divina gracia.

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