viernes, 23 de enero de 2015

COMENTARIO AL DOMINGO III DEL T.O. Ciclo B.




 
La vida del cristiano: SIEMPRE TENDIENDO PUENTES.
¿Qué me dicen las lecturas?

El Señor nos llama a la conversión, nos llama a revisar nuestros caminos, nos quiere para Él y por eso nos dice que nuestro momento es apremiante, es el momento de hacer las cosas muevas, de poner nuestro espíritu y nuestro corazón en todo, pues ese todo de nuestras vidas está en Él, Él no es el complemento del todo, nosotros, nuestra vida, nuestras cosas es el complemento de ese TODO que es Dios.

Pero esa llamada conlleva una conversión, y convertirse es cambiar, no es seguir siempre igual, siempre con las mismas historias, siempre poniendo disculpas porque no llegamos a tiempo, no llegamos a Él. Esa conversión tiene que ser radical y de cada día, nadie se convierte para “toda una vida”, necesitamos una conversión de casa día, como también necesitamos un examen de nuestra conciencia cada día con un decidido propósito de ser mejores, de corregir nuestros fallos, de ser más fieles al Señor.

Como a los Apóstoles Él nos llama A SEGUIRLE, DEJANDO NUESTRAS REDES. Esa es la clave: dejar lo nuestro, dejar el egoísmo, dejar la avaricia, dejar los “ídolos de nuestra vida” para seguirle a Él, que quien le quiera seguir a de saber que precisa estar ligero de equipaje, no podemos arrastrar nuestras cadenas, el seguir a Jesús implica caminar mucho, caminar todos los días, cargando nuestra cruz y a la vez ayudando a los demás –aquellos que no pueden- a cargar sus propias cruces, pues el cristiano que no comparte la vida, que busca sólo la salvación se hunde en el pantano de su miseria por que no ha comprendido que seguir a Jesús es formar familia, es unificar, es aunar esfuerzos, lo contrario de esto no es del Señor, es más, va contra Él. Contra la esencia de su Santo Espíritu.

Como vemos en el Salmo este camino del Señor está diseñado solamente para la gente humilde, el hombre soberbio no puede verlo, la ceguera es tal que le impide ver más allá de sí mismo. Que sepamos dar una respuesta agradable a Dios con nuestras vidas, que la Palabra de este Domingo tercero del tiempo ordinario nos de la fuerza para vivir nuestro compromiso cristiano con profunda alegría y acierto. Si somos fieles sabemos que Él permanece con nosotros y nosotros estaremos con Él.

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