viernes, 17 de abril de 2015

VOSOTROS SOIS TESTIGOS DE ESTO



DOMINGO 3º DE PASCUA. CICLO B.


La 1ª lectura:

“Y nosotros somos testigos”. Es la confirmación de la fe que con sus palabras hacen los Apóstoles ante los israelitas que se admiran al ver que Pedro, en nombre de Cristo, hace andar a un paralítico postrado que le pide limosna, es la confianza en el Maestro que les ha enseñado a poner su corazón en Dios y no en los hombres o en las cosas, es también la certeza en la Palabra encarnada, en Jesús, el que murió colgado en un madero y que ha resucitado para la salvación del mundo.
Nosotros, Cristianos del este sigo XXI tenemos que pedir siempre con humildad al Señor que aumente nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad, que seamos capaces de salir de nosotros mismos para entregarnos a ese “plan de salvación” que tiene Jesús para todos sus seguidores, salir de nuestro egoísmo, de nuestro entorno, de nuestras miserias, salir de nuestro “YO” para encarnarnos en el OTRO. Tenemos que aprender a ver el rostro des resucitado en ese otro que sufre, que está enfermo, que está postrado en el suelo y necesita escuchar como el postrado en Jerusalén: “…lo que tengo te doy, levántate y anda”.

La 2ª Lectura:

“Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero. En esto sabemos que le conocemos: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: «Yo le conozco» y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él”.

La MISERICORDIA del Señor la descubrimos en el confesionario, si no pasamos por él no estaremos acostumbrados a su acción constante, a su obrar en el corazón, a trasformarnos, a ser buenos, a mejorar en la vida, a poner todo de nuestra parte para cambiar
Si no buscamos la GRACIA de Dios, si nos conformamos a vivir en pecado, si no luchamos diariamente para mejorar interiormente estamos dando juego al mal y nuestra vida queda al descubierto ante la luz del que resucitó para salvarnos del pecado entonces nos alejamos de la VERDAD de DIOS. Solo con esta VERDAD de DIOS seremos libres, sólo en la verdad de Dios seremos creíbles.

El Evangelio:

Vosotros sois testigos de esto”: Somos testigos de su Palabra y esta palabra nos da vida en Él, nos identifica con Él, nos une a Él.
Cuando se presentaba resucitado en medio de los suyos Él siempre les decía: “Paz a vosotros”, cuando viene a nosotros en el sacramento de la Eucaristía nos llena de su paz, nos da la paz, una paz abundante que se desborda en nuestro interior, una paz que viene a nosotros para ser compartida, para ser dada con la misma generosidad que Cristo nos su paz, una paz que se tiene que sentir para poder vivirla y que se tiene que trasmitir a los demás porque no es nuestra, es para todos.
No tengamos miedo, Creamos en Dios, creamos en Jesús, otros, que nos precedieron también dudaron, y pudieron ver sus píes y manos taladrados, pudieron ver su costado abierto por la lanza, nosotros no lo vemos físicamente, pero creemos en los Apóstoles, testigos directos de esto y creemos en el resucitado, dador de vida y de la Gracia. Que nos dejemos impregnar de esta gracia divina para que nunca nos falte la ve, y para ser hoy testigos del Resucitado. Los que testificamos su triunfo ante la muerte y su victoriosa resurrección.

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