jueves, 26 de noviembre de 2015

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO C.





¡Levantad la cabeza porque ha llegado vuestra liberación!

Comenzamos un nuevo ciclo litúrgico, el hecho de comenzar algo siempre es motivo de alegría, de afianzarnos en la esperanza, y tenemos motivo para ello, ya que el Adviento nos inicia en todo un año lleno de etapas y momentos que marcarán nuestro caminar como cristianos en este recorrido litúrgico que va a la par del recorrido de nuestra vida, del peregrinaje de nuestra vida, y en este peregrinaje hemos de necesitar “marcar” con profundo acento algunos momentos que nos impactan, nos alegran, nos emocionan.

Este caminar del Adviento nos prepara concretamente para vivir y celebrar –con profundo acento cristiano- la Navidad, por tanto es tiempo de vivir con profundidad ese caminar nuestro por el adviento hacia el Misterio de la Encarnación y el caminar del Señor que también viene hacia nosotros, viene a nuestro encuentro, es el tema de los cantos de esta época: “Ven, ven, Señor, no tardes, ven, ven que te esperamos…” o ese otro que dice: “llegará con la luz la esperada libertad”.

Es el anuncio de Jeremías que nos confirma la buena Palabra dada a la casa de Israel y a la casa de Judá, brotará un vástago que traerá la justicia y la paz a la tierra, no para un pueblo, vendrá para todos, para toda la tierra, pues a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe llegará su lenguaje. Él se llamará “Yahveh: Justicia nuestra”.

En las tres líneas que escucharemos en la segunda lectura de San Pablo a los Tesalonicenses escucharemos lo esencial, el mensaje resumido pero a la vez lo suficientemente claro, que hemos de crecer y progresar en el amor, es la voluntad de aquel que nos amó hasta el extremo, que se dio totalmente por todos nosotros y que nos anima en la Eucaristía a renunciar a nuestros pecados y egoísmos para avivar el amor de nuestro corazón, un amor siempre creciendo hacia Dios y un amor creciendo también hacia el prójimo.

En cuanto al Evangelio, lo mismo que lo escuchado hace dos domingos, nos habla de esas señales del cielo y en la tierra que nos hablarán de la venida eminente del Hijo de Dios para juzgar al mundo. Quizás tengamos que estar más atentos a estas señales, no para ver si viene ya o aún tarda en llegar, estar más atentos para ver si estas señales nos indican que nosotros estamos aún muy lejos de ver a Jesús en el hermano, en el que nos necesita, en el que sufre…, si no somos capaces de ver aquí y ahora el rostro de Dios en el hermano dudo mucho que seamos capaces de ver esas señales de las que nos habla el Evangelio para saber cuando viene el Señor. Dichosos nosotros si cuando venga nos encuentra “distraídos” porque estamos demasiado atareados en atender los dolores y los sufrimientos de los que padecen, si nos sorprende ese día en la tarea de socorrer, amar y amparar a aquellos que nos rodean. Me imagino que Él aguardará a que terminemos la jornada, sin distraernos, pues se complacerá en esa bondadosa “distracción”.

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