martes, 8 de enero de 2013

DOMINGO DEL BAUTISMO DEL SEÑOR





DOMINGO DEL BAUTISMO DEL SEÑOR


Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3, 15-16. 21-22

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
–Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo:
–Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.




Hoy damos un gran salto en la vida del Señor, un gran salto en el que pasamos de celebrar a Jesús niño acostado en un pesebre, o ya no tan pequeñito según algunos exegetas,  cuando es visitado por los Reyes Magos de Oriente en su casa. Ya hoy contemplamos  a Jesús adulto acudiendo donde Juan el Bautista al río Jordán.
Nos narra el Evangelio que cuando acude el Señor al Jordán se escucha una voz, la voz de Dios que habla al corazón de sus hijos, la voz que dice: ¡Este es mi Hijo querido, escuchadle!
Así que quienes estaban con Jesús en su Bautismo, le acogieron como el Hijo preferido de Dios.

La palabra bautismo, deriva del vocablo griego baptizo, que significa sumergir, zambullir, bautizar. Esta palabra indica la identidad propia del bautismo como inmersión o introducción en una nueva dimensión. Juan llamaba a la conversión, quería introducir a los israelitas a vivir una nueva era desde la experiencia del Jordán, río de la liberación ya que es el  río por el que el pueblo del Éxodo entró en la Tierra prometida.

En el marco solemne de un bautismo colectivo Jesús es presentado ante los pueblos: Una voz vino del cielo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy (Lc 3, 22). Lucas lo presenta entronizado en el bautismo para establecer el reino de Dios en el mundo. Lo que cuenta es que es "el Hijo predilecto", que puede conectar con todos.

Juan anuncia a Jesús como aquel que está entre nosotros, en medio de nosotros, como aquel que viene a arrancar el pecado de cuajo de nuestro mundo, de nuestras comunidades, de nuestra propia vida, el cordero inocente que se entrega, se inmola para darnos en plenitud la Gracia de Dios. La salvación.

Desde el comienzo del trabajo evangélico de Jesús, éste manda a los Apóstoles ir a todas partes y bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, así se hizo, así lo hizo la iglesia en todos los tiempos y así se sigue haciendo en todas partes. Por eso, el bautismo se convierte en el momento fundamental y normativo de la existencia cristiana. Es el primero de todos los Sacramentos y al mismo tiempo es la PUERTA que posibilita la recepción de los demás.

El bautismo del Señor siempre ha sido reconocido como el fundamento y el mejor elogio de la importancia de nuestro bautismo, porque es el que da valor a nuestros bautismos. El que no tenía pecado alguno acude al bautismo de Juan para que nosotros seamos bautizados. Para que a nosotros se nos borre el pecado y vivamos en la Gracia que Dios nos da a través de los Sacramentos de la Madre Iglesia.

Que a la luz de la Palabra de Dios que escuchamos y proclamamos en este Domingo, día del Señor, aprendamos a valorar el Sacramento de nuestro propio bautismo, para que vivamos este acontecimiento como lo que en realidad es, el más importante en nuestra vida cristiana, en nuestra vida de FE, y en este año de la FE sepamos regresar en la memoria a este lejano acontecimiento para profundizar en lo que en él se encierra y a valorizar lo que él significó y significa a lo largo de toda nuestra existencia. Que recordemos el día de nuestro bautismo como el más importante y la fecha como la más digna de celebración alguna, pasando incluso por encima de la tan recordada fecha de nuestro santo o de nuestro cumpleaños.






Dice la primera lectura:

“Yo, el Señor, te he llamado con justicia,
te he tomado de la mano,
te he formado y te he hecho
alianza de un pueblo, luz de las naciones.
Para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la prisión,
y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas”.

¿Recordáis cuando el Señor, en su pueblo, desenrolló el libro de Isaías e hizo una lectura donde se dice: “El Espíritu del Señor me ha ungido, me ha enviado a anunciar…” dijo: “Hoy se cumple esta lectura”?

Pues hoy se cumple esta lectura que proclamamos. Se cumple en cada uno de nosotros, que hemos sido destinados por Dios, desde nuestro bautismo  para ser voz de las naciones, luz de los pueblos, los que estamos destinados a arrancar las cadenas de la cautividad, destinados por el Señor a abrir las mazmorras y liberar a los oprimidos por el diablo, manifestado en la pobreza, la miseria, el egoísmo de los hombres, las mazmorras que atrapan en sus redes a los esclavizados por el consumismo, a nuestra sociedad atrapada en este cruel consumismo, al pobre pueblo de Dios oprimido en estos días por la cruel situación económica provocada por el no saber hacer y el egoísmo de tantos dirigentes políticos, sindicales, judiciales, y en ocasiones también religiosos, que no son Pastores y se apacientan a sí mismos, sí, llegada es la hora de la liberación, de actuar, de acabar con el pasotismo que no nos ha conducido a ninguna parte, Ha llegado la hora de leer el Evangelio de Jesús y darle cumplimiento.

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