sábado, 12 de enero de 2013

VIDAS EJEMPLARES: EL P. GONZALO PÉREZ LOBATO



EL P. GONZALO CON SU PADRE  Y OTRO FRAILE EN GRANÁTULA

Conociendo su vida.

De las memorias del P. Gonzalo:

PRIMEROS ESTUDIOS.

“Comencé a ir a la escuela del pueblo de Moratones a la edad de seis años hasta los once con la Sra. Maestra Carmen.. Mis padres eran bastante pobres. El Señor les concedió tener diez hijos. Yo fui el segundo mayor. Mi padre, para criarnos, se dedicaba a comprar huevos por los pueblos, pieles y otros objetos. Al mismo tiempo vendía azúcar, arroz, jabón, etc.  Mi madre además de atender las labores de la casa, se dedicaba a cultivar unas pequeñas fincas con una pareja de vacas. En aquellos tiempos, no teníamos en el pueblo ni buen agua para beber y menos para lavar la ropa, teniendo mi madre que desplazarse a unos diez kilómetros para lavar en el río Tera. Tampoco teníamos luz eléctrica, ni teléfono, ni carretera. Mis padres eran sobre todo buenos cristianos. Eran los segundos maestros, quienes se encargaban de ayudarnos a las labores que nos había mandado la Sra. Maestra. Todas las noches, a la luz de un candil de petróleo o de aceite, rezábamos el Santo Rosario, sobre todo en casa de mi abuela María. Solíamos dormirnos algunas veces, porque después del Rosario añadían muchas oraciones a todos los Santos. A pesar de ser una familia pobre, mi padre no quiso que, mientras él viviera, fuésemos a dar jornal a nadie. Con orgullo digo que vivíamos sin faltarnos lo preciso para aquellos tiempos”.
La infancia del Padre Gonzalo no dista mucho a como ha sido la infancia de muchos de nosotros, que procedemos de pueblos, o incluso de otros que procedían de ciudades, pero que el ambiente en aquellos años difíciles estaba empobrecido, pero que los cristianos de verdad vivían profundamente la fe; se amaba de modo peculiar a nuestra Madre del cielo, María Santísima; se vivía más conforme con las pocas cosas que se tenían sin estar por ello agobiados como sucede ahora en nuestro tiempo donde el tema estrella es la crisis económica, y el vernos privado de tal o cual lujo para nuestras vidas saciadas de todo hasta de comida donde se ha tirado y se sigue tirando en abundancia, mientras que otros carecen de lo más necesario, sobre todo en lugares del tercer mundo para poder vivir.
En cuanto a la enseñanza también es de admirar el cuidado y esmero de aquellos maestros y maestras que pese a tener pocos niños y de diversas edades en su aula se esmeraban en darles una preparación suficiente para que pudieran conseguir posteriormente estudios con una base sólida para ello.
La carencia de “cosas” quizás facilitara más el tiempo para que niños buenos como era Gonzalo buscaran más a Dios y confiaran más en él, ya que donde falta de todo la mente y el ingenio están más dispuestos para estar siempre en un estado continuo de búsqueda.
El otro punto esencial en la vida del P. Gonzalo lo marca la vida del Cura del pueblo, que ve a los niños casi diariamente, habla con ellos, les enseña el catecismo y va descubriendo en diálogo casi siempre con los maestros el “valor” de cada uno de ellos y fuerza las circunstancias para que ese valor no se quede perdido como enterrado en las profundas tierras leonesas, sino que aflore y sea conocido y así tenga otra oportunidad nueva para seguir profundizando.
Es lógico que este Pastor de las almas viera en este niño Gonzalo valores personales, intelectuales y espirituales que le hiciera pensar en darle una oportunidad para seguir estudios en la PRECEPTIRÍA DE ROSINOS.

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