jueves, 14 de noviembre de 2013

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario. Ciclo C.



PRIMERA LECTURA:
Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas.
Malaquías nos recuerda en esta lectura que Dios es Justo con todos. Nuestro castigo o recompensa dependerá de nuestros actos.

SEGUNDA LECTURA
Pues a esos les digo y les recomiendo, por el Señor Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan.
Pablo en esta carta hace énfasis en el trabajo, y nos da una sentencia muy clara: si no quieres trabajar, no esperes recompensa.

EVANGELIO: Jesús  nos advierte que la fidelidad al evangelio incluye costos dolorosos. Incluso los mismos familiares se convertirán en tus enemigos por el evangelio.


  LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 21, 5-19
En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:
--Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.
Ellos le preguntaron:
--Maestro, ¿Cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?
Él contestó:
--Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien: "el momento está cerca"; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.
Luego les dijo:
--Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.
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El Año Litúrgico está a punto de terminar. Y en estos tiempos Jesús de Nazaret nos avisa sobre los próximos tiempos difíciles que tendremos que vivir, pero nos habla de esperanza, de futuro lleno de posibilidades. Eso es el Adviento que estamos esperando y que dará paso a la Natividad del Señor, inicio de una nueva era. Tiempo de Esperanza par Según el relato de Lucas, los tiempos difíciles no han de ser tiempos de lamentos y desaliento. No es tampoco la hora de la resignación o la huida. La idea de Jesús es otra. Precisamente en tiempos de crisis “tendréis ocasión de dar testimonio”. Es entonces cuando se nos ofrece la mejor ocasión de dar testimonio de nuestra adhesión a Jesús y a su proyecto.

(A continuación una reflexión de José Antonio Pagola)


“Llevamos ya cinco años sufriendo una crisis que está golpeando duramente a muchos. Lo sucedido en este tiempo nos permite conocer ya con realismo el daño social y el sufrimiento que está generando. ¿No ha llegado el momento de plantearnos cómo estamos reaccionando?
Tal vez, lo primero es revisar nuestra actitud de fondo: ¿Nos hemos posicionado de manera responsable, despertando en nosotros un sentido básico de solidaridad, o estamos viviendo de espaldas a todo lo que puede turbar nuestra tranquilidad? ¿Qué hacemos desde nuestros grupos y comunidades cristianas? ¿Nos hemos marcado una línea de actuación generosa, o vivimos celebrando nuestra fe al margen de lo que está sucediendo?
La crisis está abriendo una fractura social injusta entre quienes podemos vivir sin miedo al futuro y aquellos que están quedando excluidos de la sociedad y privados de una salida digna. ¿No sentimos la llamada a introducir algunos “recortes” en nuestra vida para poder vivir los próximos años de manera más sobria y solidaria?” 



Hoy: Jornada de la Iglesia Diocesana:
La Iglesia española celebra en este domingo XXXIII del Tiempo Ordinario la Jornada de la Iglesia Diocesana. Hemos de tener muy presente a nuestras diócesis y a los obispos que las gobierna. La diócesis reúne en torno a sí las parroquias y otras instituciones de la Iglesia dentro de un territorio. Y del obispo salen las decisiones y la labor pastoral que busca el mejor seguimiento posible a Jesús de Nazaret de nuestro fraternal rebaño. Sería conveniente que todos estuviéramos más unidos a nuestros Pastores, pero que estos sean más humildes y vean la riqueza que tienen al contar en sus Diócesis con los Monasterios de Vida Contemplativa, Vida Consagrada, Religiosos trabajando en la Acción Pastoral, enriqueciendo a la Iglesia Diocesana.
El Pastor tiene que ser más del pueblo y para el pueblo, con los píes en la tierra, y en los tiempos de crisis que vivimos escatimar en gastos para favorecer Caritas y ser más ayuda para los necesitados, los pobres en la Iglesia son el Tesoro más preciado de Cristo el señor. Es el tema de este Domingo, en tiempos de Crisis tenemos que testificar, nuestro testimonio es vital para hacer creíble el Evangelio de Jesús. Esta “falsedad” en la vida de  muchos creyentes y dirigentes de la Iglesia es la causa de que tantos cristianos de a píe abandonen la fe y busquen seguridades en otras Iglesias, en otras religiones incluso muy distintas a la nuestra, lo veíamos recientemente en un programa de la Tv. muchos de los nuevos musulmanes en España no son los que vienen de Marruecos y otros países africanos, son los descontentos católicos que ante la apatía de sus pastores buscan seguridad en esa fe.



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