viernes, 15 de noviembre de 2013

LOS ALACRANES SE MATAN CON SU PROPIO VENENO




Es una triste realidad, las obras que en verdad son males caen sobre quien las causan, cierto es que además de este caer sobre sí mismo, a su vez, hacen un daño inmenso a quienes van dirigidas.
Por esta razón, está muy bien el no usar la venganza, y el no desear mal a aquellos que te han herido, pero nunca te sientes a esperar ver como con sus propias acciones se destruyen. Es una actitud ruin, raquítica, cobarde para un CRISTIANO.
Si de verdad eres un buen cristiano has de luchar para salvar a quien te hace el mal, por lo pronto tienes que intentarlo, si después de tu intento ves que no consigues nada, si no te queda más que sentarte a esperar, en esa espera ora por él o por ella, la oración tiene mucho poder, seguro que más que el que tu puedas tener, y puede hacer milagros, cosa que muchos de nosotros no podemos hacer, pero poner las dificultades, los problemas, las falsedades, las envidias, los odios, la maldad humana, los difamadores, la maledicencia, la perversidad, todo lo dañino de nuestro mundo en manos de Dios está al alcance de todos y hemos de ser sabedores de que solamente Dios puede arrancar de esos corazones enzarzados la bondad primera que de Dios recibieron y que quizás aún guardan dentro, si es que el diablo no ha arrebatado y se ha adueñado de todo lo que esa persona es y ha aniquilado lo que antes fue matando la posibilidad de desde dentro de sí misma volver al buen camino, al camino del amor, el perdón, la compasión, la misericordia, pues así es Dios para ti y para mí, y así tenemos que ser nosotros para los demás.
Desdichado aquel que guarda odio en sí y no perdona, pues ¿Qué argumentos puede presentar a Dios para alcanzar de Él su perdón?. Dicho está con toda claridad en la Sagrada Escritura: “La medida que uséis con los demás, la usará Dios con vosotros”.

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