viernes, 1 de noviembre de 2013

2 de Noviembre: DÍA DE LOS FIELES DIFUNTOS



Dies irae, dies illa,
Solvet saeclum in favilla
Teste David cum Sibylla.

Quantus tremor est futurus,
Quando iudex est venturus,
Cuncta stricte discussurus!

Tuba mirum spargens sonum
Per sepulchra regionum
Coget omnes ante thronurn.

Mors stupebit et natura,
Cum resurget creatura
Iudicanti responsura.

Liber scriptus proferetur,
In quo totum continetur,
Unde mundus iudicetur.

Iudex ergo cum censebit,
Quidquid latet apparebit:
Nil inultum remanebit.

Quid sum miser tunc dicturus,
Quem patronum rogaturus,
Cum vix iustus sit securus?

Rex tremendae maiestatis,
Qui salvandos salvas gratis,
Salva me, fons pietatis.

Recordare, Jesu pie,
Quod sum causa tuae viae,
Ne me perdas illa die.

Quaerens me sedisti lassus,
Redemisti crucem passus,
Tantus labor non sit cassus.

Iuste iudex ultionis,
Donum fac remissionis
Ante diem rationis.

Ingemisco tamquam reus,
Culpa rubet vultus meus,
Supplicanti parce, Deus.

Qui Mariam absolvisti
Et latronem exaudisti,
Mihi quoque spem dedisti.

Preces meae non sunt dignae,
Sed tu, bonus, fac benigne,
Ne perenni cremer igne.

Inter oves locum praesta
Et ab haedis me sequestra
Statuens in parte dextra.

Confutatis maledictis,
Flammis acribus addictis,
Voca me cum benedictis.
Oro supplex et acclinis,
Cor contritum quasi cinis,
Gere curam mei finis.

Lacrimosa dies illa,
Qua resurget ex favilla,

Iudicandus homo reus;
huic ergo parce, Deus.

Pie Iesu Domine,
Dona eis requiem

   

Aquel día, día de ira, reducirá este mundo a cenizas, como profetizaron David y la Sibila.

¡Cuánto terror sobrevendrá cuando venga el Juez a pormenorizar todas las cosas con estricto rigor!

La trompeta, esparciendo un maravilloso sonido por todos los sepulcros del mundo,
reunirá a todos ante el trono.

La muerte y la naturaleza quedarán estupefactas cuando resuciten las criaturas para responder a su Juez.

Saldrá a la luz el libro escrito que todo lo contiene, por el que el mundo será juzgado.

Cuando al Juez le parezca oportuno, todo lo oculto saldrá a la luz; nada quedará impune.

¿Qué podré yo, desdichado, decir entoces? ¿A qué protector invocaré, cuando apenas los justos están seguros?

Rey de tremenda majestad, que salvas gratis a quienes van a ser salvados, sálvame, fuente de piedad.

Recuerda, piadoso Jesús, que soy la causa de tu camino, no me pierdas aquel día.

Buscándome, te sentaste cansado; me redimiste padeciendo muerte de cruz; no sea vano tanto esfuerzo.

Juez que castigas justamente, hazme el regalo del perdón antes del día del juicio.

Gimo como un reo, se enrojece mi rostro por el pecado, perdona, Dios, a quien te implora.

Tú, que absolviste a María y escuchaste al ladrón, también a mí me diste esperanza.



Mis ruegos de nada valen, pero tú que eres bueno haz misericordioso que no me queme en el fuego eterno.

Dame un lugar entre las ovejas y separándome de los cabritos colócame a tu diestra.

Rechazados ya los condenados, y entregados a las duras llamas, llámame con los bienaventurados.



Suplicante y humilde te ruego, con el corazón casi hecho ceniza: toma a tu cuidado mi destino.

Día de lágrimas será aquel en que resurja del polvo

el hombre culpable para ser juzgado. ¡Perdónale pues, oh Dios,

Piadoso Señor Jesús ¡Dales el descanso!

Por nuestros hermanos difuntos, desde Santo Domingo de Granada. que descansen en paz.

Fr. Pachi, OP


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