jueves, 4 de junio de 2015

SOLEMNIDAD DEL CORPUS CRISTI:





“Haced esto en conmemoración mía”

Es la fiesta del AMOR, el amor dado, ese amor triturado y sacrificado para que redunde en beneficio de todos, un amor por y para los demás, amor por todos, no excluye a nadie. Es la fiesta de Cristo, de Él, su PERSONA, no celebramos un signo, un recuerdo o una fecha, celebramos a Jesús y este Eucaristía, hecho comida por nosotros.

Se queda en el pan y en el vino, alimento común para nosotros, pero este alimento tiene una característica singular que nos tiene que hacer pensar. El pan, multitud de granos que son triturados, molidos para conseguir la harina y así hacer la masa. El vino, multitud de uvas trituradas, exprimidas, pisadas, para conseguir el vino. Cristo se entrega totalmente, se entrega dejándose triturar, se da a todos con dolor y con amor, con padecimiento, se da en la Cruz por amor. Así lo entendieron los primeros cristianos cuando en sus plegarias al Todopoderoso le pedían que les dejase ser triturados por los dientes de las fieras del Coliseo romano, como es triturado el trigo, para poder ser hostia pura a los ojos de los hermanos, así en Cristo encontraban la fuerza para el martirio, como sucede hoy en Siria o en Irak donde encontramos testimonios de cristianos, muchos de ellos niños que piden fuerza al Señor para no defraudarle cuando los fundamentalistas musulmanes lleguen a atraparles para el tormento.

En el comentario a las lecturas que hacen en el portal de la Orden de Predicadores, hace alusión a lo que indica el Señor en el Evangelio, lo de seguir al hombre que lleva un cántaro, y compara este cántaro con el de la Magdalena, es un cántaro que se llena pero que hay que soltar inmediatamente porque hay que ir a “anunciar” a la Comunidad.

Ciertamente no podemos ir a la Misa y menos a recibir el Santísimo Sacramento sin cántaro, o con el cántaro lleno de “lo nuestro”, tenemos que ir sedientos del Señor, sedientos de su Palabra y sedientos de Él, sabiendo que la Misa es el lugar y el momento donde nosotros tenemos que saciar nuestra sed, tenemos que llenarnos de fortaleza, de sabiduría, de amor para luego poder dar aquello que a nosotros nos ha saciado, aquello de lo que nos hemos nutrido, nadie puede dar lo que no tiene, y no podemos dar al Señor si estamos vacíos del Señor. Aquí no importa si eres sacerdote, religioso o religiosa o seglar, si no te llenas de Él no das nada, tu cosecha no sirve, no estamos en la Iglesia para dar “nuestra cosecha” estamos en la Iglesia para dar a Cristo a los demás y para darnos nosotros, sabiendo que en la medida que nos estemos dando a aquellos que nos necesitan nos estaremos dando al Señor.

Que paséis un feliz día del Corpus Cristo, lleno de amor fraterno y de bendiciones del Señor.

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