martes, 1 de marzo de 2016

ORACIÓN, AYUNO, MISERICORDIA.



En la maravillosa lectura del Oficio de esta mañana se nos habla de estos tres temas. Curiosamente nos advierte que los tres tienen que estar y practicarse como si fueran UNO, de lo contrario, cada uno de ellos, de por sí solo, carecería de fuerza e importancia.


La oración sola, sin más propósito que pedir y pedir a Dios por uno mismo es de poco sentido, no somos seres aislados, nuestra obligación es pedir los unos por los otros. Así mostramos que nos preocupamos por las situaciones adversas de nuestro entorno y nuestro mundo. Lo mismo pasa con el ayuno, ayuno ¿para qué?, para poder compartir, para dar de lo mío a aquel que tiene necesidad, para ser generoso con los demás. Esto es ser misericordioso, pero uno alcanza ese grado de misericordia cuando está acostumbrado a una vida de oración, esa oración te da el sentido de vivir en familia y ese sentido te ayuda a ser misericordioso con los demás como tú quieres y pides normalmente a Dios que sea misericordioso contigo.

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