domingo, 6 de noviembre de 2016

Domingo XXXII del tiempo ordinario, ciclo C

AMOR Y PACIENCIA:



Hemos entrado hace unos días en el mes de Noviembre, para nosotros los cristianos mes dedicado a los fieles difuntos.

En este mes termina este ciclo litúrgico, y las lecturas como cada año nos hablan del fin, ese fin que a todos nos aguarda pero que por desgracia no será igual para todos aunque tengamos muy claro que todos morimos prácticamente de la misma manera. La cuestión no es como morimos o de que morimos, la cuestión está en lo que nos espera al despertar del sueño de la muerte, si despertamos para la condenación o para la GLORIA DE DIOS. Esta es la cuestión.

En la lectura de los Macabeos vemos como la fe es la que nos hace ser distintos, el hombre de fe obra de manera heroica si es necesario ya que la fe nos fortalece, nos anima, nos empuja, nos hace ser en cierta forma invencibles.

En el Evangelio Jesús nos aclara que la resurrección es un hecho, cosa que luego nos quedará completamente claro, como obvio, con su propia resurrección.

Pero quien nos sitúa en el aquí y ahora es San Pablo es su carta a los Tesalonicenses, con esa lectura que parte es bendición, parte consejo y parte mandato.

La Palabra de Dios tiene que seguir avanzando en nosotros, la obra, no nuestra, que el Espíritu Santo ha obrado en nuestras Comunidades y en nuestro corazón tiene que seguir avanzando, esto no es una tarea "facilona" de la cual podemos darnos el lujo de escuchar y no prestar más atención; para que esta obra avance tenemos que orar mucho, en comunidad y en particular y ser misioneros entre nosotros, sobre todo desde las buenas obras y una vida vivida ejemplarmente.

Nos pide el apóstol que Dios "NOS LIBRE DE LOS HOMBRES MALVADOS” porque “LA FE NO ES DE TODOS”, es una realidad: hay muchos hombres y mujeres que no tienen fe, muchos que tienen mala fe, muchos que son malos o muy malos, empeñados en hacernos perder la fe, que luchan con uñas y dientes para erradicar el cristianismo del mundo, especialmente de Europa, y muchos cristianos caen como conejillos en la trampa por no estar ni atentos ni vigilantes.

Por último el Apóstol nos conforta para que no nos desalentemos, para que seamos conscientes de que el Señor está con nosotros y su brazo manda, para que aguardemos la resurrección futura con AMOR y una esperanza cargada de PACIENCIA sabiendo que lo que nos aguarda bien merece la pena un esfuerzo por nuestra parte.


Que sepáis aplicar estos criterios de San Pablo para vuestra vida cotidiana y que disfrutéis y paséis un feliz domingo, día del Señor.

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