jueves, 17 de noviembre de 2016

DOMINGO XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO C. FIESTA DE CRISTO REY:

JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS, REY DEL UNIVERSO.



Con este Domingo un ciclo termina y otro comienza, el Adviento del ciclo A está ya a la puerta, comenzamos a caminar desde la esperanza en el Señor Jesús. Él, durante este ciclo que concluye con la fiesta de Cristo Rey nos ha acompañada, ha caminado a nuestro lado, nos ha cogido de la mano para darnos ánimo, ha cargado en sus hombros a aquellos que sus fuerzas flaquearon y no podían ya caminar, nos ha confortado a través de su Palabra y con los Sacramentos de la Iglesia, siempre está cercano, como el vecino, o el compañero de trabajo, o nuestro prójimo. Pero también nosotros nos hemos preocupado por caminar con Él, de estar con Él, de escuchar la Palabra Proclamada, de estar a su lado.

Como en el segundo libro de Samuel, el pueblo de Israel acude a David para ungirlo Rey, así nosotros acudimos en esta jornada a Jesús para proclamarle desde lo más profundo de nuestro corazón “Señor de nuestras Vidas”, nuestro Rey, pero no un REY al estilo de los reyes de su tiempo o de tiempos anteriores o posteriores, un REY que se da por entero, que sirve a su pueblo, que no usa cetro o corona a no ser que estos sean por burla de caña y de espinas. Sí hermano, el reinado de Jesús es un reinado de amor, de compasión: “Hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso”, de misericordia, no duda en su despedida en quitarse el manto, ceñirse la toalla y lavar los píes a sus discípulos, para que aprendamos que es sirviendo como llegaremos a reinar con Él.

No se sienta en un trono de oro o plata, su trono es la CRUZ, esa cruz que despreciaban por igual griegos y romanos y que en nuestros días a tantos les molesta y odian, la CRUZ de Jesús que desprecian,  que se burlan –como entonces de Él y de ella- y que nosotros que decimos ser y lo somos CRISTIANOS tendríamos que tener más valor y defender la CRUZ, es más, ahora que tantos en nuestro propio país quieren apartarla de su vista, pues  les ofende su presencia, tendríamos que buscar una bien bonita y grande, que se vea bien y ponerla en una cadena o cordón colgada de nuestro cuello para que sea bien visible en nuestro pecho, como dice la canción: “Al pecho llevo una Cruz y en mi corazón lo que dice Jesús”.

Y es que si caminamos con Él “vamos alegres a la Casa del Señor” y más, mucho más, hacemos de nuestro propio corazón la mejor casa, la mejor de las iglesias, la casa más limpia y acogedora del Señor, yo en Él, yo con Él y Él en mí, Él con nosotros y en nosotros.

Que Él que nos ha sacado del “dominio de las tinieblas”, es decir, nos ha arrancado del mal o ha arrancado de nosotros el mal, haga que nos sintamos de verdad hombres nuevos, hombres y mujeres liberados, animados y capaces de animar a otros para mostrar nuestra paz y alegría. Quien encuentra un tesoro no lo puede enterrar otra vez donde lo encontró, ha de salir a la vista de todos, no encierres tu alegría solamente en tu corazón, compártela con los demás, para que otros se alegren contigo y gocen contigo y vivan contigo la novedad del Evangelio de Jesús.


Hermano, hermana, que pases un feliz Domingo de Cristo Rey, domingo día del Señor.

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