sábado, 2 de mayo de 2015

V DOMINGO DE PASCUA. CICLO B.





“No amemos solamente de palabras sino con obras y de verdad”




La Palabra de Dios de este domingo nos anima a amar de verdad y con el corazón, no solamente con palabras, que eso es cosa demasiado fácil, Él quiere que amemos de verdad, con sinceridad, un amor que no sea raquítico, un amor que no sea interesado, un amor que sea veraz. Esta forma de amor tiene que estar marcado con hechos, pues solamente con las acciones cotidianas mostraremos a los demás que nuestro amor es sincero.
Una vez que Pablo ha conocido a Cristo en su camino a Damasco cuando perseguía tenazmente a la Iglesia demostró con sus obras que su amor a Cristo y su amor al Evangelio era un amor fiel, entregado, total. Gracias a estas obras de su cotidiano vivir y a su palabra la Comunidad cristiana supo que era de fiar y que cuanto decía estaba inspirado por la fuerza del Espíritu Santo.

Quien así obra en nuestras asambleas, en nuestra Comunidad cristiana, en nuestra sociedad está anunciando que cree en Cristo, en su Palabra y que de esta Palabra que vive se deja alimentar. Dios actúa en aquellos que se fían de Él y de su Evangelio, en aquellos que lo hacen vida y hacerlo vida no es otra cosa que darlo a conocer con hechos concretos, con una vida sobria, con gestos de misericordia para con el prójimo. El tiempo que vivimos necesita menos palabras y más acciones para que el Evangelio de Jesús sea creíble, pues si predicamos una cosa y vivimos de manera contraria a lo que decimos estamos sembrando confusión y hacemos que el Evangelio no sea creíble en este mundo que nos ha todado vivir.

¿Cuánto dura la paciencia de Dios Padre?, Él nos poda, como al sarmiento para que demos fruto, pero muchas veces en vez de dar uvas damos agrazones. Pero Él nunca se cansa de esperar, su paciencia no tiene límite, su misericordia en infinita. Somos afortunados pues tenemos un Dios de amor, de misericordia infinita, un Dios que todo lo perdona, un Dios que espera por nosotros. Sabe esperar, es paciente.

Seamos conscientes de que somos si estamos unidos a Él, sin Él no somos nada. Lo mismo que no es nada el sarmiento que se separa de la vid, por eso luchemos para que el camino que elegimos en nuestra viada sea el camino que nos conduce a Dios.

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