sábado, 10 de octubre de 2015

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B.






“VENDE LO QUE TIENES, DALE EL DINERO A LOS POBRES Y SÍGUEME”

La primera lectura del libro de la Sabiduría nos habla de la dádiva de Dios, la prudencia y la sabiduría nos vienen juntas, son un tesoro, poseerlas vale más que todo el oro y la plata, es luz que ilumina toda nuestra vida. El hombre sin ellas no es nada, se transforma en un pobre hombre que carece de lo más elemental. Quien no tiene prudencia y sabiduría ¿Qué podrá hacer por su vida?, pidamos al Señor que nos llene de sus Dones y Virtudes.

Es también el mensaje de la segunda lectura de la carta a los Hebreos, sin esta sabiduría de Dios la Palabra no actuaría en nosotros, y nosotros sin la Palabra de Dios no somos nada, en tal caso sin ella seríamos paja que se lleva en viento.
Esta Palabra es como espada de doble filo, no podemos jugar con ella, ni creernos que tenemos poder para interpretarla según nuestra conveniencia y capricho, pues la palabra que está escrita por voluntad Divina para dar vida nos aniquilaría, sería para nosotros motivo de castigo, de condenación. La Palabra es Palabra de Dios, no nuestra palabra, ni nuestro capricho, ni siquiera podemos escoger aquello que me gusta o me resulta fácil cumplir y desechar lo que me es difícil o más me cuesta, pensando que podemos engañar a Dios y hacernos una religión facilona y sin sentido para acallar nuestra voluntad y nuestra conciencia.

El Evangelio es la confirmación de todo lo dicho anteriormente y mucho más, pues va más allá del mero cumplimiento, como el joven bueno que cumple con todos los mandamientos pero su apego a la riqueza le impide “soltarse” las cadenas de la esclavitud del dinero para seguir al Señor.

“Que difícil le resulta a un rico ganarse el Reino de los cielos”. Que complicado lo vamos a tener si estamos encadenados, amarrados al dinero, a los placeres, a lo nuestro, a nuestro propio “YO”, a tantas cosas que el mundo nos ofrece tentadoramente como cosas maravillosas pero nos apartan de la voluntad salvadora de un Dios que ha puesto su confianza en el corazón del Hombre.

Sí, lo mismo que Jesús se entristece ante la actitud del joven “bueno” del Evangelio, Dios, tantas veces tendrá que entristecerse ante la actitud simple, sin sentido, sin compromiso de tantos católicos que siendo cumplidores en lo mucho no se dejan soltar de sus amarres a las cosas que nos dan como buenas y matan nuestra verdadera libertad.

Que este Domingo, día del Señor seamos capaces de dar respuestas de amor y libertad, amor a quien libremente lo dio todo por nosotros, libertad al que muriendo en la Cruz rompió todas las ataduras del pecado, si optamos por el dinero y todo lo que eso implica estaremos despreciando esa libertad que el Señor nos ofrece, y como el joven, con tristeza daremos media vuelta ante la mirada triste de nuestro Salvador por causa de nuestros apegos desordenados.

Apelemos a la Prudencia y a la Sabiduría para encaminar nuestra vida por la senda del Evangelio del Señor.

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