lunes, 15 de abril de 2013

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL CUARTO DOMINGO DE PASCUA. Ciclo C.:






DOMINGO DEL BUEN PASTOR:

Lectura del santo Evangelio según San Juan 10, 27-30

En aquel tiempo, dijo Jesús:
–Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre.
Yo y el Padre somos uno.



En el evangelio de este IV Domingo de Pascua, Jesús es presentado por los primeros cristianos como el Bueno Pastor. Y en realidad sí que lo es,  pues Él nos conoce, nos quiere, nos llama por nuestro nombre, sabe de nuestras penas, de nuestros desvaríos, de nuestras traiciones cuando nos alejamos de la seguridad del aprisco del rebaño a causa de nuestros pecados, pero cuando estamos en paz con Él le seguimos y apreciamos su voz. Es más, sabemos que dio su vida por nosotros, cargó con nuestros pecados y asumió la Cruz de nuestras miserias y vergüenzas, derrochó su amor apostando por la humanidad, por los hombres y mujeres de todos los tiempos, también los de nuestro tiempo, por nosotros Es un Pastor Bueno, porque da la vida por sus ovejas.
Juan nos habla con frecuencia de este tema: "vida eterna". Esta es la vida que Jesús, el Pastor, da a cuantos creen en él y le siguen. Es por tanto, la vida que se recibe por la fe. Juan escribe su evangelio para que, creyendo en Jesús, tengamos vida eterna.
 Para Juan la "vida eterna" se inicia ya en este mundo. No es algo que llega el día de nuestra muerte. El polo opuesto de la vida eterna que comienza con la fe es la "muerte eterna", que comienza con la incredulidad. El que cree ya está salvado, el que no cree él mismo se ha condenado, todo se decide con la fe o con la incredulidad. Creer es vital para alcanzar la vida eterna que nos ofrece en buen Pastor.
Jesús está convencido de que nada ni nadie puede apartar de sus brazos a los que son "suyos" y a los que él ama. A aquellos que él ha llamado a la Salvación. Esto también lo afirma el Apóstol San Pablo cuando nos dice: “¿Quien me apartará del amor de Dios?, Pues estoy completamente convencido de que ni la vida ni la muerte, ni el presente ni el futuro, ni las fuerzas, ni lo alto ni lo bajo, en fin, ninguna criatura podrá separarnos del amor que Dios nos tiene en Jesucristo nuestro Señor" (Rom 8, 38)” Si crees en Jesús ya estás en sus manos, La muerte no tiene dominio sobre ti, la has vencido, has alcanzado la Victoria siguiendo al Pastor. No quiere esto  decir que el cristiano puede estar seguro con  tener fe, sino que la fe misma es seguridad en Dios. La fe te garantiza el camino hacia Dios. Pero ahora cada uno de nosotros hemos de manifestar a Dios nuestra fe en las acciones diarias de ese caminar nuestro hacia Él. Si nuestras acciones no van en la línea del Evangelio, si van en contra, si son egoístas, viles, raquíticas, por más fe que tengamos no podemos estar en “línea” con Dios, pues estamos, por nuestras acciones fuera del plan del Evangelio de Jesús.


Apropósito de este Buen Pastor os voy a contar una historia: “Un día un cordero estaba muy molesto, eso de estar siempre vigilado por el pastor y sus perros le molestaba mucho, preferiría estar libre, sentirse libe, ir a donde quiera y cuando quiera, pero no podía ser, eran las normas del pastor… ese día enfadado da con la cabeza en una tabla del cercado, y ve sorprendido que la tabla se levanta, coloca otra vez la cabeza en la tabla y aprieta poco a poco, hasta que la tabla se levanta dejando el espacio suficiente para poder escaparse.
Una vez libre salta y brinca lleno de júbilo, por fin experimenta la libertad, hasta que tiene una extraña sensación, cree que unos ojos oscuros y malos le están siguiendo, acelera el paso y los ojos les siente más cercanos, ya desesperado se ve perdido, hasta que en el preciso momento que el lobo se iba a lanzar sobre él, llega el pastor que con una mano le coloca sobre sus hombros, experimentando un gran alivio al verse seguro.
Cuentas las ovejas, las más veteranas, que nunca entendieron la actitud del pastor, pues éste intrigado lo mismo que ellas por donde se había escapado el corderito rebelde, después de recorrer y analizar todo el cercado, dio con la tabla que se levantaba, pero cosa curiosa, el pastor nunca puso un clavo en esa tabla, siempre la dejó así, sin embargo el corderito rebelde nunca más quiso experimentar una nueva escapada de la seguridad del rebaño.
Y la realidad es hermanos y hermanas que si Dios nos “ata” de alguna manera es motivado por la fuerza de su amor, por eso Él nos ata, si nos ata  con lazos de amor.
Granada, 15 de Abril de 2013.
Fr. Francisco E. García, O.P.


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