jueves, 4 de abril de 2013

El Espíritu Santo, en el tiempo de Pascua: Don de Dios:




"Dios es Amor" (Jn 4,8-16) y el Amor que es el primer don, contiene todos los demás. Este amor, que arranca de la Cruz y nos lo entrega el Crucificado para que nosotros lo entreguemos a los demás, es la fuerza misteriosa de un Dios que se encarna y padece, muere en cruz y resucita.
La cincuentena Pascual es ya toda ella una efusión del Espíritu Santo: "Dios ha derramado su AMOR en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado". (Rom 5,5).
Puesto que hemos muerto, o al menos, hemos sido heridos por el pecado, el primer efecto del don del Amor es la remisión de nuestros pecados. Cristo nos ha curado, ha sanado nuestras heridas, nos ha salvado.
 La Comunión con el Espíritu Santo, "La gracia del Señor Jesucristo, y la caridad de Dios, y la comunicación del Espíritu Santo sean con todos vosotros." 2 Co 13,13; es la que, en la Iglesia, vuelve a dar a los bautizados la semejanza divina perdida por el pecado.
No olvidemos nuestro Bautismo, es el día más importante de nuestras vidas, de él vienen a nuestra alma todas las demás posibilidades de reconciliación con Dios. En el Bautismo nos lo ha dado todo Dios nuestro Señor. Cristo nos ha salvado.
Fr. Francisco E. García, OP


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