sábado, 19 de mayo de 2012

EL OTRODÍA......


FINCA DE ORMAS


El tiempo pasa, en ocasiones lentamente, otras veces veloz. Depende de cada persona, de cada momento, de la actividad humana que se realice.

En Málaga el tiempo pasaba veloz, aquí,en el descanso, sin nada que hacer omejor dicho, sin nada que poder hacer al menos en estos días que han pasado, este tiempo se eterniza, se hace desesperante, eterno. Sólo queda leer y escribir algo, pero ese es otro problema, acostumbrado siempre al ordenador de escritorio no hay manera de hacerlo con el portátil, como que no atino a darle a este teclado, colocado tan incómodo y con ese insoportable sistema que anula el querido y añorado “ratón”.

Parece que ayer estaba en la rutina de la Parroquia, que aunque habían achaques de salud uno estaba bien, había ganas y entusiasmo para hacer cosas, para seguir trabajando hasta que en junio se entregara la Parroquia al Sr. Obispo, pero no pudo ser así, y la enfermedad me hizo salir corriendo de Málaga yde Santo Domingo y dejar todo tan de repente, afortunadamente dio tiempopara dejar las cuentas terminadas.

Desde mi llegada a Santander las molestias no cesas, el corazón sigue dando bandazos, unos dicen que es normal, pero el susto lo tiene uno encima después de vivir lo que se vivió en Málaga, en aquella noche funesta.

Me dicen que la cuestión es desconectarse, pero una cosa es decir y otra muy distinta es obrar, y no se puede obrar como se dice, no se puede cortar, quitar de la mente y del corazón recuerdos, buenos y malos, están ahí, al alcance de la memoria, al alcance de las emociones, están presentes.

Este valle campurriano es algo extraordinario, es una especia de Paraiso Terrenal, como una obra de Dios pero sin contaminar por el hombre, es lo que era siempre, lo que conocimos de niños, es un recinto de paz. Aquí, ahora, solamente escucho el ruido que hacen las llamas de la chimenea y el canto de los pájaros, cuando sopla el viento el ruido de las hojas... la paz hasta el extremo.

Cuando mejore el tiepo si intentaré caminar, como me pidieron los médicos, para quitar peso y aligerar el corazón, pero cuando mejore, que ahora no hace para salir de casa, en este invierno repentino que nos ha llegado este fin de semana, como visita inesperada y poco deseada.

Con Málaga tengo una cita, que dependerá de mi salud y de la situación de la Parroquia en el mes de junio final o primeros de Julio, para celebrar los 25 años de la Ordenación que se cumplieron el día 17 y estaban planificados para estos días en la Parroquia, y para decir adiós a la querida feligresía de Santo Domingo, que no digan que me marché por la puerta de atrás, lo que sucedió todos

saben la razón, fue el infarto que cambió todos los planes, pero por ese motivo me es de gran importancia, después de los 5 años en esa Parroquia poder decir adiós como Dios manda.

FRUTALES

Así que Dios reparta paciencia y salud para que pronto nos podamos ver. En mi mente queda cada acontecimiento, las rutinas, las misas, la predicación de cada día, el pensar como Mena habrá dejado los bancos después de la misa de 12 los niños de la Catequesis, Aaron y sus charlas prebautismales, Paco y Pepe en el despacho, el gran Coro de Santo Domingos, los enfermitos que no les dije ni adiós pero que espero que Paquita, Adela, Mary Paz y Elvira habrán anunciado a sus respectivos enfermos el motivo de mi marcha tan precipitada.

De nuevo agradecer vuestras oraciones, que se son muchas por mi salud y recuperación. Estoy contento por haber sido destinado a Granada, podré trabajar en una parroquia y vivir en una Comunidad, ah, una Comunidad, que gran invento, una Comunidad es una familia, podrás encontrarte hermanos mejores y peores, pero tendrás hermanos, y entre nosotros, con nuestros fallos y defectos pues la vida comunitaria es vivir en familia, en paz y en armonía. ¡Cuanto he añorado en los tres últimos años vivir en Comunidad!, y cuanto me va a costar hacerlo ahora de nuevo. Pero es un reto que merece la pena

ESCUDO DE LA FACHADA DE LA CASA DE ORMAS




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