jueves, 24 de mayo de 2012

Mis recuerdos del Rocío en mis tiempos en JEREZ DE LA FRONTERA






Recuerdos del Rocío:

Han pasado los años, que aunque viviendo en la bendita tierra andaluza he estado desvinculado del Rocío. Fue en Jerez, al año siguiente de venir de Puerto Rico, ese año el P. Cuenca había enfermado y no podía ir ala Aldea con los rocieros de Jerez.

Como era de costumbre el Sr. Obispo celebró en Santo Domingo una multitudinaria misa, se celebraba la salida, al concluir hicimos lasalida, impresionante, magnífica, solemne, llena de colorido y de algarabía. Los cantos se oían por doquier, y la emoción estaba en cada persona, parecía estar también hasta. en los caballos. Recuerdo de ese año que a un policía se le encabritó un caballo y hasta lograr tranquilizado nos dío a muchos un gran susto.

Casi a la salida de Jerez una parada obligatoria, en un hospital, donde los enfermos, médicos y enfermeras salieron a saludar el Simpecado jerezano, y después de esto ya simplemente carretera.

En el camino alegría y compartir, sobre todo compartir, allí nadie pasaba hambre, todo el mundo compartía comida con todos, comida y el buen vino blanco que no faltaba. Pero el camino era algo más que mera alegría festiba, era tampien paz, ilusión, esperanza, sobre todso eso, mucha esperanza, la esperanza de ellar hasta la Casa de la Madre en la Aldea, y en las noches serenas del camino el rezo del Rosario, el amor a la Madre, la fe. El Rocío no es sólamentw lo que aparace tantas veces en la Tv. El folclore, el chismorreo de los famosos, es mucho más que tosdo eso, es hasta derramar lágrimas de devoción, de fe y de amor a la Madre Santísima.

Que me pregunten a mí, que una vez que llegamos a la Aldea no me podía desprender del confesonario, alguien me vio con el hábito en el Templo Mariano y me pidió confesión, alguien, no recuerdo ya quien era fue a rescatarme, para que pudiera comer, horas confesando sin parar, filas de gente que el amor a la Madre del Rocío regaba su alma y motivaba su vida para arrancar de Dios el perdón por sus pecados y los buenos propósitos de la enmienda, sí, eso, aunque no se diga también es El Rocío.

Y luego, lo ya conocido, el salto de la reja, la Procesión interminable, el Paso de la Virgen por la Casa de Jerez, yo, allí, a hombros de cuatro gigantones jerezanos hablando a la Virgen, bueno, más bien gritando, pues aquello era apoteósico, y la Virgen que se posa en el suelo y la multitud que no dejaba de aclamar, de gritar, de llorar, de pasar sus niños por el manto, de pedirle cosas, de implorar.

Otro momento de ese gran día de Pentecostés fue la misa primera,multitudinaria también, que por ser el Dominico de Jerez me correspondía presidir y predicar a mí, recuerdo que terminada la celebración me encontré con Monseñor Juan del Río, entonces Obispo de Jerez que me felicitó por mi homilía, me quedé “asustado” cuando me dijeron que la misa se había transmitido en Tv para toda Andalucía.

Pero fuera de todo lo espiritual el momento de más alegría para mí quizás fue el hecho de sentir la sensación de la alegría de los Rocieros Jerezanos por mi trabajo realizado en esas jornadas y plasmado en una noche de “celebración” cuando me pidieron que aceptara el ser bautizado en el Rocío, experiencia única que entraña un gran valor de afecto y compañerismo.

Sí, en estos días, habiendo pasado ya 12 años de esa experiencia añoro el Rocío, y tanto en Granada como luego en Málaga, cada año, miraba con cierta envidia las caravanas inmensas que partían con rumbo hacia la Aldea.

En esta semana se vive esta experiencia, y en esta semana intento estar con mi pensamiento y mi corazón en ese santuario de fe y devoción y de experiencia de religiosidad popular que es centro para muchos andaluces y es de fama internacional.

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