viernes, 9 de mayo de 2014

DOMINGO IV DE PASCUA. Ciclo A.



 

“Yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante”



Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2,14a.36-41:

: «Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor, Dios nuestro, aunque estén lejos.»

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2,20-25:

Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muerto al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas os han curado. Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas.


Lectura del santo evangelio según san Juan 10,1-10:

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba.
Por eso añadió Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»




Este tiempo Pascual nos remite siempre al Bautismo, tenemos que retornar al inicio, a la fuente, a la Mesa de la Palabra, donde recibimos el alimento, al Señor que nos da la Vida, no esta, que es pasajera aunque importante, pues dependiendo como vivamos esta vida nuestra seremos merecedores de la VIDA ETERNA.

Nos fiamos del Señor, de sus promesas porque tenemos FE, por eso nos es de suma importancia mantener la fe, permanecer en la fe, avivar continuamente nuestra fe: “Señor, creo, pero aumenta mi fe”. Pero no perdamos el Norte en nuestra vida, la fe no es un “tesoro” que yo encuentro y para que no me lo roben hago un agujero en la tierra y lo escondo; la fe es un Don de Dios que nos da gratuitamente para que nosotros compartamos en familia, en comunidad, la alegría de la vida es la manifestación de nuestra fe.

Precio de este Don maravilloso de Dios es la Cruz del Señor, que abrazó por causa de nuestros pecados y miserias. Hemos sido comprados a precio de sangre, la sangre de Cristo, así acabó nuestra sumisión al pecado y fue deshecha la artimaña del enemigo que nos mantenía en la esclavitud, aunque esas secuelas del pecado permanezcan encendidas en tantos corazones tenemos que velar y orar para no sucumbir a las tentaciones, pues aunque las tentaciones nos fortalecen si triunfamos, si sucumbimos caemos de nuevo en las redes del maligno. Pero ojo, tenemos a Él que aboga por nosotros y pone a nuestra disposición los Sacramentos de la Iglesia para que corrijamos el rumbo y acertemos el camino.

Este camino, según el Evangelio, nos ha de llevar directo al aprisco de las ovejas que cuida y apacienta el Buen Pastor y ser conscientes que El es la entrada a este aprisco, no busquemos entradas más lujosas, más cómodas, más atrayentes… la única es Jesús el Señor, pero si optamos por Jesús tenemos que hacerlo a su estilo, no al nuestro.

El estilo del hombre y la mujer del siglo XXI es evadir el dolor, vivir una sociedad de aspirina, pero el cristiano ha de aprender a lidiar con el dolor, con el sufrimiento, con las cruces de la vida, no de manera masoquista, la CRUZ ES REDENTORA, nuestras cruces, unidas a la de Jesús redimen, fortalecen, dan vida.

El Aprisco que es la Iglesia, la Comunidad Cristiana ha de estar siempre vigilante de no contaminarse del mal del mundo y caminar con fe y amor para que el nombre de Jesús siga prendido en el corazón de los fieles. Hay mucho pecado en nuestro mundo, el Evangelio nos habla de los ladrones que quieren saltar la verja del aprisco, en nuestros días son muchos los que hacen destrozos en la propiedad ajena, los avariciosos que no se conforman con lo mucho que tienen y siguen acumulando más y más, desnudando al pobre y avasallando sus casas, son situaciones donde parece que hasta la justicia se ha puesto al lado del ladrón y el inocente queda a su suerte, pero algún día el Buen Pastor hará justicia y estos abusadores pagarán con creces todo el mal que hacen y los pobres recibirán su recompensa.


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