sábado, 17 de mayo de 2014

En Acción de gracias por la ordenación sacerdotal.


El Espíritu Santo es el que tiene que mover el corazón del Presbítero para que su trabajo y su misión no sea otra cosa que SERVICIO sincero a la Comunidad, sin esperar aplausos, sin esperar paga alguna, trabajamos para el Señor, cuando nos llame a su Casa nos dará el digno salario merecido, somos obreros de su viña, pastores de su rebaño, por lo demás, peregrinos en tierra extraña, allí donde su fuerza nos envíe, donde la Iglesia nos sitúe, sin límites, sin fronteras, el mundo es nuestro hogar, allí estaremos felices dando todo lo que tenemos y somos para la Gloria de Dios y el bien de las almas. No es retórica, es respuesta a una llamada, es la vocación a la que hemos respondido con un sí, es el servicio, es la entrega, es la generosidad; de estas materias se “funde” el servidor de la Palabra y de la Eucaristía, el ministro de la Reconciliación y de la unción de los enfermos, el que prepara a los niños y vela por la Catequesis, el que trabaja con los jóvenes y les acompaña en su despertar vocacional, el que anima a las parejas a vivir los principios del matrimonio cristiano, el que no abandona a los ancianitos y los visita cuando ya no pueden salir de su casa y los “amigos” e incluso la familia les han ido dejado solos. Sí, sólo el Espíritu Santo con su gracia y su fuego puede forjar un buen sacerdote, y sólo el sacerdote será bueno en la medida que se deje forjar por la Gracia del Espíritu Santo. Cuando hay intereses por medio se rompe este místico encanto, o este milagro de amor y de entrega.
Os agradezco vuestras palabras animándome en este 27 aniversario de mi Ordenación que han sido muchas, me gustan todas, me siguen emocionando las que llegan de América, de Puerto rico, de esa islita del encanto. 22 años, los años de la juventud son muchos años y los recuerdos se mantienen. Una cosa curiosa. Aún es el día, después que han pasado 15 años desde que regresé a España, vine a finales del 1999, que en mis sueños sigo, en muchas ocasiones, en Puerto Rico, en los lugares que viví, con la gente que compartí, principalmente con los jóvenes. Aquellas eran comunidades de mucha juventud.
No se olviden de mí, oren por mí y por que el pobre ministerio que realizo sea de provecho espiritual, que el Espíritu me inspire para que el Evangelio llegue a cada corazón, como en Puerto Rico, nunca celebro una Santa Misa sin predicar aunque sea 5 o 10 minutos. Es creo que lo propio en un Dominico, ¿no?.
Recen por mí. Yo lo hago por ustedes.

Ven, Espíritu Santo, 
llena los corazones de tus fieles 
y enciende en ellos el fuego de tu amor.
V./ Envía tu Espíritu y todo será creado. 
R./ Y repuebla la faz de la tierra.
Oremos:
Oh Dios, que has iluminado 
los corazones de tus hijos 
con la luz del Espíritu Santo; 
haznos dóciles a sus inspiraciones, 
para gustar siempre el bien 
y gozar de su consuelo. 
Por Jesucristo nuestro Señor. 
Amén.
Secuencia:

Ven, Espíritu divino, 
manda tu luz desde el cielo. 
Padre amoroso del pobre; 
don, en tus dones espléndido; 
luz que penetra las almas; 
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma, 
descanso de nuestro esfuerzo, 
tregua en el duro trabajo, 
brisa en las horas de fuego, 
gozo que enjuga las lágrimas 
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma, 
divina luz, y enriquecernos. 
Mira el vacío del hombre 
si tú le faltas por dentro; 
mira el poder del pecado 
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía, 
sana el corazón enfermo, 
lava las manchas, 
infunde calor de vida en el hielo, 
doma el espíritu indómito, 
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones 
según la fe de tus siervos; 
por tu bondad y tu gracia 
dale al esfuerzo su mérito; 
salva al que busca salvarse 
y danos tu gozo eterno. 
Amén.


La celebración Eucarística de las 20 horas resultó muy bonita, media hora antes se rezó -como siempre- el Santo Rosario y la Sabatina a nuestra Madre del Cielo la Virgen del Rosario, y a continuación la Misa, que cantaron José Antonio, Alejandro y Nico. Aunque no dije nada de mis 27 años, no se trata de buscar ni la felicitación ni el aplauso, interiormente viví profundamente el acontecimiento con espíritu de acción de Gracias al Señor por su llamado y por poder un año más ser agradecido por el don del servicio que es el presbiterado.
Unos fotos de antes de la Misa frete al retablo de la Virgen del Rosario y concluida esta en la sacristía como muestra de presencia y recuerdo.

Ante el retablo de nuestra Madre la Virgen del Rosario.

En la sacristía, ante la puerta que da a la iglesia y los escudos de Isabel la Católica y Fernando.

Claustro del Colegio Mayor y Convento, adornado por la fiesta anual de los colegiales.


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