sábado, 9 de febrero de 2013

IMPRONTA DE LA ORDEN DE PREDICADORES:



Sala de estudios de los Dominicos

En el Monacato la vida transcurría sin prisas, los monjes pasaban su tiempo dividido entre el rezo coral y el trabajo manual. Cuando Santo Domingo, nuestro Padre, funda la Orden de Frailes Predicadores toma para su Orden costumbres monacales, pero con cambios profundos, algunos que posteriormente, gracias a los papas dominicos, pasaron a la Iglesia universal.
En nuestra orden, por ser mendicante no se contemplaba tener grades terrenos para el cultivo, por tanto no era costumbre el trabajo manual, sin embargo entra una costumbre totalmente desconocida en los monasterios y que ha de ser la impronta de nuestra Orden, el Estudio. Este es no solamente el trabajo del Dominico, sino también el sentido de sacrificio diario en pro de la preparación para una buena predicación.
Para este fin la Orden se ve obligada a tener una liturgia propia, mucho más ágil que la monacal sin dejar de ser por ello solemne, que con un canto más rápido abrevia al día más de tres horas que se añaden al estudio.
La Misa Conventual es un invento de la Orden, que con un rito propio celebraba un padre y toda la Comunidad estaba presente cada día en ella, era obligatoria su asistencia. Luego cada sacerdote celebraba la santa Misa individualmente siendo asistido por otro fraile; y de todo el Oficio Divino gracias a la gran devoción que la Orden tiene a nuestra Santísima Madre del Rosario, con la procesión de la Salve, las Completas, la última oración de los frailes antes de acostarse, pasa a ser la más solemne de todas, con asistencia, pese a la hora, de muchos fieles devotos laicos.

Nuestro Padre Santo Domingo
 
Posteriormente tanto el Concilio de Trento como el Vaticano II irían abreviando el tiempo del coro suprimiendo la enorme cantidad de salmos que se cantaban pero sin dejar por eso de quitar la solemnidad del Oficio divino.
Otra procesión que se ha mantenido hasta nuestros días es la que hacíamos saliendo del Coro hasta llegar al comedor cantando el salmo "Desde lo hondo a ti grito”, siempre en latín, y llegados al claustro que daba entrada al comedor allí nos quitábamos la capa y el Prior entraba al comedor, y cuando tacaba la campanilla ya entraba toda la comunidad, y colocados en frente de nuestro sitio, siempre colocados por orden de profesión, se cantaban las oraciones y cada fraile cuando lo indicaba el Prior ocupaba su sitio. La mesa siempre se servia empezando a menores. Durante las comidas desde el púlpito del comedor un fraile leía y todos comíamos en riguroso silencio.

Procesión del coro alto a la iglesia

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