sábado, 9 de marzo de 2013

LA ORDEN DE PREDICADORES Y EL CAMBIO DE UN PAPA








Estamos viviendo un hecho histórico, no estábamos acostumbrados a que un Papa se retirara nada más que por la muerte. Y este hecho afecta a toda la iglesia, primero porque nos da confianza en la misma Iglesia como institución que aunque compuesta de hombres y mujeres, muchas veces débiles y pecadores, está amparada y avalada por lo Divino. La Renuncia del Papa Benedicto no deja de ser un signo de humildad y de gran preocupación por el momento presente de nuestra Iglesia, por nuestro tiempo.

En el cambio radica la Esperanza, tan necesaria para los tiempos que corren, y en este ambiente esperanzador, nosotros los Dominicos también ponemos en manos de Dios nuestros anhelos, ilusiones y esperanzas para que la Orden sea SIGNO vivo en medio de nuestro mundo, y podados ser fermento de amor para las gentes del siglo XXI.

Más que nunca se hace necesaria en nuestra Iglesia fomentar, alentar, animar a la juventud a participar y vivir la experiencia de la Vida Consagrada. Toda la Vida Consagrada tiene su riqueza, pero cada Orden Religiosa tiene su peculiaridad para vivir y manifestar es riqueza. Nuestra vida religiosa, lo que vivimos y experimentamos en la Comunidad, en su día a día no es otra cosa que una escuela de discípulos que procediendo cada uno de sitios, experiencias, vivencias bien diferentes, nos capacita por la caridad a afianzar nuestra vida vocacional desde tres aspectos fundamentales para el Dominico de ayer, hoy y siempre. Estos aspectos son: La Vida Común, La Vida litúrgica y La Vida de Estudio.

Esta vida propiamente nuestra tiene que ser construida en el día a día de la Comunidad, que es la ya nueva y definitiva familia. La vida de Comunidad es esencial, si esta no marcha bien nada saldrá bien en la vida de los frailes que la comparte. La Comunidad es el núcleo que facilitará la misión propia de la Orden, la predicación, pero esta predicación será efectiva en la medida que sea efectiva la vida Comunitaria, nadie puede dar lo que no vive ni tiene.

La Iglesia y por ende la Orden se enfrentan a un profundo cambio generacional, nuestra sociedad ciertamente siempre está cambiando, pero en estos tiempos presentes se enfrenta a cambios bruscos motivados en muchas ocasiones por los sin sentido que experimenta la juventud de la vida misma, por las cuestiones políticas que defraudan al joven, por la procedencia de familias rotas o en guerra constante, por una formación muchas veces deficiente, y estas situaciones afectan al joven que entra en nuestros conventos buscando otro estilo de vida diferente, pero en ocasiones queriendo “imponer” en nuestro modo de vivir lo que ellos traen como anclaje de sus procedencias. Y con eso tiene que lidiar la Orden para ver que es lo que los jóvenes piden, lo que ellos en verdad necesitan y lo que nosotros tenemos que darles.

Esa gran “diversidad” que acumula el joven tiene que ir cambiando hacia una “unidad” que sabemos es en estos tiempos mucho más complicada, pero totalmente necesaria para adaptarse a la vida de Comunidad, a la Vida Religiosa, y esto hay que lograrlo por supuesto sin anular la gran riqueza que es también la persona y sus valores.

La esencia de nuestro modo de ser y de vivir se refleja en el ideal de nuestro fundador Santo Domingo de Guzmán: “Contemplad para dar el fruto de lo contemplado”
Granada, 9 de Marzo de 2013.
Fr. Francisco E. García, O.P.



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